Imagen
© Desconocido
La producción mundial de petróleo va a caer, de forma exponencial, a un ritmo del 4% anual provocando guerras y problemas energéticos en los próximos veinte años. Ése es el negro panorama que ayer esbozó el ingeniero gijonés Víctor Luis Álvarez, miembro de la Asociación para el Estudio de los Recursos Energéticos (Aeren), en la charla que dio en el Club LA NUEVA ESPAÑA de Gijón sobre el agotamiento de los hidrocarburos y el panorama energético español.

Álvarez explicó la teoría del pico de Hubbert, que gira en torno a que el consumo de hidrocarburos crece a un ritmo mayor que el de descubrimiento de nuevas reservas en yacimientos y a que la capacidad de producción mermará sustancialmente a partir de un determinado momento, en el que la explotación de los yacimientos requeriría un mayor consumo de más energía que la que producirían.

El petróleo, indicó Victor Luis Álvarez, es lo que ha permitido que la población humana llegue a los 7.000 millones de personas, pero ahora su precio irá aumentando hasta alcanzar, en el plazo de un lustro, los 250 a 300 dólares el barril. «Estamos ante un cambio de civilización y la única solución es la austeridad», indicó.

En caso contrario, el futuro se presenta sombrío. «Las últimas guerras, como las de Irak o Libia han sido por el petróleo; otra cosa es que no se haya dicho», indicó. Añadió que hoy por hoy no existe ninguna fuente energética capaz de asumir el consumo que representa el petróleo.

El ingeniero también criticó el déficit de tarifa eléctrica, del que se benefician las compañías eléctricas basándose en una supuestas pérdidas en la comercialización. «No existe el déficit tarifario; es una estafa de las compañías eléctricas» que han dividido en dos su negocio para endosar supuestas pérdidas a la distribución, mientras ganan millones de euros en la generación, que les han permitido invertir en el extranjero.

También criticó el retraso que lleva España en la implantación de la microgeneración, aprovechando los gases de las calderas domésticas o de edificios públicos para generar electricidad. Un retraso porque «las eléctricas no lo quieren», dijo.