
Durante mucho tiempo, Abdo acudió todos los días para darle de comer y de beber al animal. Incluso cuando su tienda cerró por la revolución de la primavera de 2011, el hombre no dejó solo animal.
La historia de Miso, que así se llama el gato, llegó a los oídos de una organización de defensa animal de El Cairo liderada por Mounira Shehata. Esta mujer, a través de su página de Facebook, hizo un llamamiento para rescatar al animal. El problema es que no se podía abrir el muro sin permiso de las autoridades. Varios días después, tras haber contactado con la Policía, recibieron el permiso para liberarlo.
Miso salió huyendo a toda velocidad antes de que pudieran recogerlo. Lo que encontraron fue un hueco de 4 metros de largo por 15 centímetros de ancho, que despedía un hedor insoportable. "Era como una tumba", dice Mounira Shehata, "llena de gusanos".
No han vuelto a saber nada de Miso, que ahora disfruta de la libertad gracias a Abdo y a los activistas animales de El Cairo.



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