La siguiente frase se le atribuye a Mark Twain: "La historia no se repite, pero rima". Hace un par de días escribí una breve reseña sobre el caso de Cadance Owens en Twitter y la censura ideológica y politizada de la que fue víctima. Al parecer los gigantes de la tecnología no habían terminado de tomar partido en la guerra política de Estados Unidos. Hoy intentaré mostrar brevemente la irónica rima de la historia respecto a lo que le ocurrió a Alex Jones.
Alex Jones
© Desconcido
Para empezar, déjenme decir que este tipo es completamente fastidioso; es muy ruidoso y su forma de transmitir sus mensajes me parece excesiva. Aunque pudiera tener algo de razón en ciertos puntos, su "estilo" suele ser tan molesto que es imposible identificarse lo más mínimo con él. Ésta es mi opinión personal y sirve para aclarar que este artículo no tiene ninguna intención de defenderlo a él ni a sus puntos de vista.

Este lunes me adentré una vez más en el universo de Twitter y me encontré con una discusión en curso. Alex Jones había sufrido la censura de Apple, quienes habrían retirado sus podcasts de iTunes. Luego de esto Youtube y Spotify hicieron lo propio, mientras en Twitter surgía una gigantesca cantidad de voces que hacían notar algo realmente preocupante.

Muchos celebraban su censura de manera abierta, citando que esto era justicia por la posición que él había tomado frente a la tragedia en la escuela primaria de Sandy Hook. Otros, al ser cuestionados, respondieron que era una decisión simple de una compañía privada que había optado por no asociarse más con alguien que violó los términos de uso y el código de conducta de sus servicios.

Libertad de expresión

La libertad de expresión es un concepto muy básico en realidad: Todos tienen derecho a expresar libremente lo que quieran, pero deben ser conscientes de que, por este mismo principio, pueden existir consecuencias, algo que irónicamente había sido demostrado recientemente en plataformas como Twitter y Youtube, y es que todos corremos el riesgo de encontrarnos con alguien tan molesto como Alex Jones. Pero también significa que todos tenemos la capacidad de expresarnos al respecto y establecer un debate.

Jordan Peterson diría que éste es un derecho inalienable porque sus implicaciones van más allá de la ley: sentir que uno posee la libertad de expresarse libremente conduce al diálogo y este diálogo, aunque poco placentero en algunas ocasiones, es en realidad la forma en la que pensamos y razonamos. Sin pensar y razonar no podemos resolver problemas de índole personal, social y demás. Es ésta una de las razones por las cuales, cuando se establece un Estado tiránico y patológico, la libre asociación y expresión de opiniones es criminalizada.

Como diría V en la película V de Venganza en su famoso discurso revolucionario: "Hay, claro está, personas que no quieren que hablemos. ... ¿Por qué? Porque aunque se pueda utilizar el garrote en vez de la conversación, las palabras siempre retendrán su poder. Las palabras permiten dar sentido a la realidad y, para quienes escuchan, anuncian la verdad".


Libertad de acceso a la información


Existe otra peculiaridad en censurar la libre expresión de ideas, por más molestas o escandalosas que parezcan. No solo se impide la expresión de un individuo con un punto de vista único acerca de una u otra situación. También se impide el libre acceso de todas las audiencias potenciales a dicha información. Se impide que alguien haga sonar las alarmas por algo con lo que está en desacuerdo, o algo que considera peligroso para sí mismo, sus vecinos, su familia o el país entero.

Por esto me pareció tan alarmante la tendencia que vi en Twitter en torno al caso de Alex Jones. No es porque yo desee acceder a sus fastidiosas charlas, sino porque infringe mi libertad de acceder a dicha información. Establece un precedente que es alarmante en una sociedad libre: que está bien acallar las voces que nos disgustan. No olvidemos que es precisamente este discurso el que se utiliza para justificar invasiones en otras partes del mundo. A todos en EE.UU. los asustan con dictadores de nombre árabe en Medio Oriente.

Más peligroso aún fue la forma en la que las personas llegaron a defender el hecho, utilizando un paramoralismo que juzga correcto hacer algo así por el beneficio de todos, o simplemente como una decisión individual de una compañía privada. Lo explicaban como: "Una persona o compañía libre tiene el derecho de no permitir el acceso de una persona molesta como Alex Jones a sus locales o servicios".
No jews allowed
© Desconocido
"Aquí no se sirve a los judíos".
Eso es técnicamente cierto, sin embargo, es aquí donde la historia rima. Hace más de 70 años, los que ejercían su libertad de no permitir el acceso eran los dueños de tiendas en Alemania, y los judíos eran el enemigo de turno. Cualquier Alemán, tal y como cualquier compañía tecnológica hoy en día, está en todo su derecho de establecer reglas sobre a quién permiten ingresar y a quién no. Pero en el contexto especifico de los tiempos en los que vivimos hoy, el esfuerzo concertado de tres compañías haciéndolo simultáneamente, hace eco del esfuerzo concertado de todas las tiendas de la Alemania nazi.

Es irónico que a Alex Jones se le acuse de ser un nazi y se le censure precisamente de forma fascista. Si Hitler estuviera vivo hoy, se sentiría orgulloso de la corriente ideológica de pensamiento que reina en las redes sociales.