Traducido por el equipo de SOTT.net

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Esta semana se han cumplido 85 años desde que la Alemania nazi invadió la Unión Soviética en lo que supuso el mayor crimen de agresión de la historia de la humanidad. También esta semana, los panzers alemanes, con su distintiva insignia de la Cruz de Hierro, avanzaban hacia la frontera con Rusia, junto con otros socios de la OTAN, en un ejercicio militar cínicamente bautizado como Operación Escudo de la Libertad.
Resulta verdaderamente impactante cómo se está repitiendo una historia de tal magnitud criminal, de forma descarada y, al parecer, ante la indiferencia pública.El 22 de junio de 1941, la Alemania nazi lanzó la mayor invasión militar jamás registrada en la historia. La Operación Barbarroja movilizó a tres millones de soldados alemanes junto con unidades de países aliados. La «Blitzkrieg» abrió el mayor teatro de operaciones de la Segunda Guerra Mundial, conocida en Rusia como la Gran Guerra Patriótica. Al menos 27 millones de ciudadanos de la Unión Soviética perdieron la vida, la mayoría de ellos civiles. Imágenes granuladas de la época muestran filas y filas de personas a las que se fusilaba y se arrojaba a fosas comunes. En una atrocidad especialmente notoria, en septiembre de 1941, más de 33 000 civiles fueron ejecutados en solo dos días en un barranco de Babi Yar, cerca de Kiev.
Cuatro años más tarde, el Ejército Rojo soviético luchó contra la Wehrmacht nazi hasta su derrota definitiva en Berlín.
Todas las familias rusas quedaron traumatizadas por el horror y el sufrimiento inhumano. El recuerdo de aquella calamidad permanece grabado a fuego en la conciencia de la nación. La invasión nazi se llevó a cabo como una guerra de aniquilación en la que no hubo piedad para hombres, mujeres ni niños. La Solución Final supuso el exterminio sistemático de eslavos, judíos, comunistas y romaníes, así como de otras personas consideradas «Untermenschen» (subhumanos) por la ideología racial nazi. La Wehrmacht alemana y los escuadrones de la muerte Einsatzgruppen contaron con la ayuda de auxiliares fascistas en Lituania, los demás Estados bálticos y Ucrania.
Exactamente ochenta y cinco años después, el 22 de junio de 2026, comenzaron en Lituania las maniobras de la OTAN dirigidas por el ejército alemán. El mismo lugar donde se desarrollaron esta semana las maniobras militares de la OTAN, Prabradė, a unos 15 kilómetros de la frontera con Bielorrusia, fue escenario de masacres perpetradas por los nazis y sus secuaces.
El eco de la Operación Barbarroja es odiosamente fuerte y claro. El ministro de Defensa alemán [sic], Boris Pistorius, presidió esta semana las maniobras militares de la OTAN. No hubo ningún comentario de vergüenza o incomodidad en los medios occidentales.
Es imposible que la fecha fuera un descuido tonto. Se trató de una provocación deliberada. El militarismo alemán vuelve a estar en marcha y apunta verbalmente contra Rusia. El canciller alemán, Friedrich Merz, ha declarado su ambición de convertir a Alemania en la mayor potencia militar de Europa. Los mandos de la OTAN hablan con ligereza de atacar territorio ruso con misiles de largo alcance y drones.
Al igual que en la Segunda Guerra Mundial, Lituania, los países bálticos y Ucrania están actuando como instrumentos de la agresión contra Rusia.
En los últimos años, estos países han reavivado las tendencias fascistas al venerar a los colaboradores militares de la Alemania nazi. Se han inaugurado monumentos dedicados a las brigadas de las Waffen-SS en Lituania, Letonia, Estonia y Ucrania. El mes pasado, un notorio líder nazi ucraniano de la época de la guerra, Andrij Melnyk, recibió un nuevo entierro oficial en Kiev con todos los honores de Estado, al que asistió el presidente títere, Volodímir Zelenski. Esto ha provocado una amarga disputa con Polonia, ya que Melnyk y sus paramilitares ucranianos fueron responsables del asesinato de más de 100 000 polacos. Cabe destacar que las capitales europeas y la OTAN están intentando silenciar la polémica porque pone al descubierto la verdadera y repugnante naturaleza del régimen de Kiev. Si se desenmascara al régimen, ¿qué dice eso de la OTAN y la UE? Demolería sus afirmaciones sobre la «defensa de la democracia ucraniana» frente a Rusia y sobre cómo Ucrania es supuestamente un baluarte para el resto de Europa.
La glorificación de los colaboracionistas ucranianos no es un fenómeno marginal ni fortuito. Existe una tendencia más amplia, presente en toda Europa entre la clase política, a reescribir la historia de la Segunda Guerra Mundial y a encubrir la monstruosa agresión contra la Unión Soviética. Este esfuerzo se debe al resurgimiento actual de la rusofobia que sustenta la política de la UE y la OTAN. Los líderes estadounidenses y europeos, conocidos como el Occidente colectivo, se mueven por el objetivo estratégico de derrotar a Rusia para explotar sus vastos recursos naturales. Es el mismo objetivo que impulsó a la Alemania nazi y a sus cómplices europeos.
Al igual que en 1941, hoy la propaganda de la OTAN invierte la realidad al acusar a Rusia de representar una amenaza inminente contra la que hay que defenderse. Toda Europa se está movilizando y militarizando, con advertencias de preparación para la guerra contra Rusia. Los tambores de guerra resuenan con frenesí. Las sociedades europeas están siendo destruidas por el militarismo implacable, el despilfarro de las economías y la hostilidad obsesiva hacia Rusia.
La OTAN, creada en 1949, continúa donde la Alemania nazi fracasó. Se recurre a los mismos tópicos propagandísticos para presentar a los rusos como bárbaros a los que hay que vencer en aras de la paz y la seguridad.
Misiles y drones estadounidenses, británicos, alemanes, franceses y de otros países de la OTAN están atacando en lo más profundo de Rusia, matando a civiles y destruyendo infraestructuras vitales. Al igual que en la Operación Barbarroja, el enemigo tiene como objetivo Moscú.
Es increíble que, en tiempos que aún recordamos, se estén repitiendo los horrendos crímenes de la Alemania nazi contra el pueblo ruso.También es increíble la descarada forma en que se está llevando a cabo esta repetición de la historia.
¿Cómo se ha podido perpetrar semejante atrocidad? Esto se debe al poder propagandístico de los medios de comunicación occidentales, controlados por las grandes corporaciones.
La guerra contra Rusia se vende como paz. La agresión se vende como defensa. Estos mismos medios ocultan la rehabilitación de los nazis en Ucrania y en los países bálticos.
Cuando los tanques y la artillería alemanes, adornados con la Cruz de Hierro, avanzan hacia las fronteras de Rusia, la opinión pública occidental debería estar profundamente alarmada por lo que está ocurriendo. Pero, trágicamente, no hay suficiente gente consciente del peligro porque el sistema de propaganda conocido como medios de comunicación ha mentido de forma sistemática. La verdad es que los líderes europeos y estadounidenses están provocando una guerra mundial que dará lugar a millones de muertes.
Las ambiciones de la Alemania nazi de conquistar Rusia nacieron de objetivos imperialistas, una ideología supremacista y mentiras propagandísticas. El imperialismo occidental y sus armas de la OTAN, sus aliados y sus medios de comunicación vuelven a las andadas.
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