"Me llamó 'negra fea', le tapé la boca y no recuerdo más; sólo quería que se callara" explicó la asesina.
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La dominicana Ana Julia Quezada llegó a España en 1992, fue prostituta en un nigth club, luego se casó con un cliente al cual dejó por un hombre con mejor situación.

Ahora se la acusa de homicidio, y la investigación en su contra ha demostrado que la mujer de 45 años tiene características de una sicópata. El asesinato del hijo de su última pareja no habría sido el primero que comete, porque todo hace pensar que el supuesto accidente que en 1996 le costó la vida a una hija de la mujer, de seis años, que cayó de una ventana de un sexto piso, habría sido un parricidio cometido por ella.

El caso por el que es juzgada estremeció a España el año pasado, cuando el 27 de febrero el hijo de su pareja, Gabriel Cruz, de ocho años, desapareció desde la casa de su abuela en Las Hortichuelas, Almería. La cínica mujer colaboró en la búsqueda luego de haber matado al pequeño, incluso se daba el tiempo de conversar con la prensa ante la cual fingía angustia.

Su mentira terminó trece días después de la desaparición cuando la policía la detuvo mientras trasladaba el cuerpo del niño en el maletero de su auto, luego de haberlo desenterrado del hoyo donde lo ocultó.

Las pruebas de la fiscalía indican que Ana Julia golpeó al pequeño en la cabeza, lo dejó agonizar más de una hora y luego lo asfixió. Además los abogados quieren demostrar que antes intentó envenenarlo, porque Gabriel fue llevado dos veces al hospital por su mamá por problemas estomacales.

Los acusadores piden la pena máxima de prisión permanente revisable por asesinato con alevosía, mientras que la defensa argumenta que el crimen fue accidental y espera que la caribeña sólo esté tres años presa.

(FALSO) TESTIMONIO

En el juicio a la dominicana se le preguntó si había asesinado al niño y ella respondió que sí, pero también se declaró "inocente", porque según su defensa lo mató sin querer.

Cuando fue interrogada sobre cómo ocurrieron los hechos, Ana Julia contó que "Ángel (el papá del niño) se fue a trabajar, yo me hice un café, Gabriel se levantó y le pregunté si quería que le hiciera el desayuno, me dijo que sí y le hice un colacao y un bollo. Se vistió él solo, no es cierto que le vistiera yo. Al levantarse le dijo a la abuela:'Qué ropa me pongo'. 'La que te pusiste ayer'. Él salió a la calle y yo le dije: 'Ponte una chaqueta que hace fresquito'. Se fue y regresó luego, y se volvió a marchar", contó, según reprodujo El Mundo.

"Luego comimos los tres. Macarrones con tomate y bonito (pescado), creo. La abuela hizo algo rápido. Acabamos de comer y la abuela le dejó ir después de diez minutos. Serían las tres y media. Lo vi antes de irse en la verja. Yo estaba en la puerta de la casa", recordó.

"Llegamos a la finca. Él se baja y da vueltas por el jardín, yo quito la alarma y ventilo la casa. Luego entró Gabriel por la habitación del medio. Entra Gabriel con un hacha en la mano. Le digo: 'Deja el hacha que te puedes hacer daño'. 'Calla, que tú no me mandas, que eres fea, que yo no quiero que estés con mi padre, que yo quiero que mi padre se case con mi madre"". "Dijo: 'Negra, fea, que te calles, que tú no me mandas...'. Y yo sólo quería que se callara, sólo quería que se callara", dijo.

"Yo le tapo la nariz y la boca, y de lo demás no me acuerdo", contó y comenzó a llorar. "Cuando le solté le puse la mano en el pecho y ya no respiraba. Me quedé ahí un rato y después me puse a fumar como loca. Salía, entraba, no sabía lo que hacía. Veo una pala y decido hacer un agujero".

"Luego vuelvo a la habitación y decido quitarle la ropa, no sé muy bien por qué. Lo cojo de los dos bracitos, y lo llevo fuera al agujero... Yo no lo saqué con cuidado ni nada, simplemente le arrastré", dijo.

"Fui a coger el hacha porque se le quedó una manita fuera a Gabriel... Le golpé con la zona cortante. Creo que le di uno, con la cabeza girada, mirando a otro lado... No pude y ya le tapé con la tierra. Se veía un bulto y yo lo allané, lo emparejé... Mi intención era que se callara. No llamé a nadie porque no pude decírselo a nadie" explicó.

"A las seis me llama Ángel y me dice que su madre no encuentra al niño. Yo fui a casa de Juancar, un amigo nuestro". Ana Julia entonces comenzó a participar de la búsqueda. "Me tomaba cuatro y cinco pastillas de diazepam diarias para poder calmar mi conciencia", explicó.

Después explicó cómo desenterró al niñoy lo metió en el maletero en donde lo encontró la policía, que le seguía la pista.

"Ay por favor, a la familia le pido todos los perdones, que me perdone Dios", manifestó al ver una foto del cadáver en el auto que tomó la Guardia Civil.

"Perdonad. Pero todo ha sido un accidente", gritó la asesina, y luego dijo que no recordaba haberle pegado en la cabeza al niño. "Sólo sé que le puse la mano en la boca y la nariz".