Este país latinoamericano se encuentra en un estado de debacle total y lucha para superar los desafíos a los que se mide desde hace años. Hoy, la nación no solo se enfrenta a numerosos desastres naturales, sino también a una gobernanza casi insostenible y a una crisis política que ya ha provocado numerosos muertos entre los protestantes.
Haiti
© REUTERS / Andres Martinez Casares
Huella venezolana

Las raíces de la actual crisis en Haití se remontan a la Presidencia de René García Préval. El dirigente unió Haití al proyecto Petrocaribe en 2008, una iniciativa del difunto mandatario venezolano Hugo Chávez que permitió a varios países de la región adquirir petróleo y sus derivados a precios ventajosos.

Como resultado del deterioro de las relaciones entre Caracas y Washington, el programa fue suspendido en 2018. La participación haitiana en el proyecto petrolero venezolano resultó estar envuelta en un gran escándalo de corrupción. De hecho, Haití es uno de los países más corruptos. Actualmente se acusan a cinco gobiernos haitianos — entre ellas, el de Préval y el del presidente actual, Jovenel Moise — de haber estado involucrados en dicho escándalo de corrupción.

En particular, a finales de mayo el Tribunal Superior de Cuentas (TSC) haitiano llevó a cabo una auditoría y posteriormente presentó un informe en el que acusó a Moise de crear un esquema de desvío de fondos enviados por Venezuela.

El monto malversado por las diferentes administraciones supera los 2.000 millones de dólares a lo largo de los últimos años.

Asimismo, el TSC haitiano determinó que la compañía de Moise, Agritrans, antes de que él asumiera el mandato recibió más de 700.000 dólares del fondo de Petrocaribe para realizar varios proyectos que en realidad jamás se materializaron.

Al enterarse de los resultados de la auditoría, Moise solicitó que la Organización de los Estados Americanos (OEA) le ayudara a llevar a cabo una nueva auditoría del caso de Petrocaribe, paso que algunos vieron como un intento de esquivar las consecuencias del fallo de la Justicia haitiana.

La corrupción entre los altos cargos fue y sigue siendo una de las razones principales por las que los haitianos indignados salen a las calles a protestar.

Misterio electoral

La forma como Jovenel Moise llegó al poder también plantea ciertos interrogantes. Por primera vez Moise se presentó como candidato en las elecciones de octubre de 2015. Los resultados oficiales mostraron que el entonces candidato recibió casi el 33% de los votos en la primera vuelta de los comicios y, por tanto, suficientes para pasar a la segunda vuelta con su oponente principal, Jude Célestin, que obtuvo el 25% de los votos.

Casi simultáneamente empezaron a surgir acusaciones de fraude. Un sondeo a pie de urna realizado por el medio Haiti Sentinel mostró que Moise había recibido el 6% de los votos, lo que indujo a la oposición haitiana a considerar que los resultados constituían un "golpe de Estado electoral". La disconformidad de los opositores con los resultados oficiales de la votación causó una ola de manifestaciones y de disturbios en el país caribeño.

Estaba previsto que la segunda vuelta se celebrara en enero de 2016. No obstante, el descontento nacional por el presunto fraude electoral no permitió que se celebrase. Haití se sumió en un verdadero vacío político con el presidente del Senado haciendo las veces de presidente interino de la nación.

En este contexto de disturbios y de protestas violentas acompañadas de desastres naturales, las elecciones terminaron por posponerse tres veces. El país no acudió a las urnas hasta noviembre de 2016, más de un año después de la primera vuelta. Los resultados de la primera ronda fueron anulados debido a irregularidades.

En estos nuevos comicios, Jovenel Moise obtuvo una victoria abrumadora con el 55% de los votos, mientras que su oponente principal, Jude Célestin, recibió casi el 20%. Sin embargo, estos comicios contaron con la participación de tan solo el 18%. El nuevo dirigente asumió el cargo el 7 de febrero de 2017.

En su programa electoral Moise promovía la agricultura como un motor para la economía del país. Tiene cierta lógica, teniendo en cuenta que más de la mitad de la población haitiana se concentra en zonas rurales. Además, prometía crear empleos sostenibles y que la educación iba a ser universal.

Pero con su llegada al poder pocas cosas cambiaron para mejor.

Abismo económico

En 2018 el Gobierno subió los precios del combustible. Como consecuencia, la población, insatisfecha con la situación económica, volvió a tomar las calles de las ciudades haitianas. Las protestas aumentaron a medida que la situación empeoraba: el presidente carecía de un plan para resolver los problemas del país.

La crisis de desabastecimiento de combustible en Haití no ha hecho otra cosa que echar más leña al fuego de las protestas que tuvieron lugar en la capital, Puerto Príncipe, y en otras ciudades del país. Las manifestaciones tienen como meta que Moise renuncie.

Entre otras causas se encuentran la devaluación rápida de la gourde haitiana, la divisa nacional, y el aumento reciente de la inflación, que sobrepasó el 12%. La crisis en la economía de Haití se debe a la disminución de los subsidios generados por Petrocaribe y la política miope del Banco Central del país.

Uno de los problemas pendientes es la pérdida de empleo provocada por el cierre de variadas empresas, consecuencia de las incesantes protestas el país vive desde hace varios meses.

La gravedad de la inflación se refleja en la pobreza extrema de la mayor parte de la población: aproximadamente el 60% de los haitianos vive con menos de dos dólares al día, mientras que un cuarto de los habitantes del país gana menos de un dólar al día. Es significativo que la mayoría de los manifestantes provenga de las zonas más pobres del país.

De hecho, Haití puede ser considerado el país más pobre de América Latina teniendo en consideración el PIB per cápita — 868 dólares, de acuerdo con los datos del Banco Mundial — . Asimismo, el país tiene el índice de desarrollo humano (IDH) más bajo de toda la región.

Frente a la debacle total que el país ha estado experimentando, el presidente Moise prometió a principios de 2019 tomar medidas para mejorar la situación económica. Sin embargo, llegó demasiado tarde. Miles de habitantes huyeron de la pobreza extrema emigrando a otros países.

La crisis persiste

La incapacidad de la clase dirigente haitiana de lidiar con los problemas vigentes se multiplica por las graves secuelas de las catástrofes naturales que azotaron la nación en la última década. Todo comenzó con el devastador terremoto que sacudió el país en enero de 2010 y que se cobró las vidas de entre 100.000 y 316.000 personas.

Tras el sismo muchos países prestaron apoyo a Puerto Príncipe, incluida ayuda económica. Sin embargo, la asistencia internacional llegó a su fin y el país se quedó prácticamente solo intentando salir del agujero económico. En los años 2016 y 2017 Haití fue golpeado por dos huracanes, Mathew e Irma, respectivamente, y dejaron centenares de muertos.

El país caribeño vio complicado recuperarse de los daños causados por estos eventos catastróficos. Haití es una nación pobre que ha pasado por muchos calvarios y donde prospera la corrupción. Por eso parece evidente el por qué los habitantes no se quedan de brazos cruzados y toman las calles para exigir la dimisión del presidente.

Sin embargo, Moise, a quien los opositores acusan de ser corrupto e incompetente, no tiene prisa por abandonar su cargo, si bien aseveró en una entrevista que no se aferra al poder, sino a las reformas. En cualquier caso, las manifestaciones contra él cobran cada vez más impulso. La pregunta es si el presidente logrará mantenerse en el poder.