Tras comprobar que sus hijos se habían fugado, la madre prendió fuego a la casa, situada en la provincia rusa de Cheliábinsk, en los Urales, y después se suicidó.
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Carecían de documentos, no podían salir más allá del territorio de su casa, cercada por una valla alta, no les dejaban ir al colegio ni tampoco someterse a revisiones médicas. Vivían bajo la constante vigilancia de cámaras de seguridad instaladas en el perímetro del hogar, no veían la tele y estaban totalmente aislados del mundo exterior. La única tableta con acceso a internet solo podían usarla en presencia de su madre y únicamente para ver dibujos animados en YouTube.

Para Darina, de 20 años, y sus dos hermanos pequeños, de 15 y de 11 años, esta fue la única realidad que han conocido en los últimos diez años, desde que su familia oriunda de Uzbekistán consiguiera la ciudadanía rusa y se mudara en 2008 a Ust-Katav, situada en la provincia de Cheliábinsk, en los Urales, donde en 2009 compraron una casa.

Cautiverio desapercibido

Cuando el padre de la familia se mudó al norte por trabajo, los tres menores quedaron al cuidado de su madre, Dina Azízova, que trabajaba de costurera particular y que, según los lugareños, era una mujer alegre que causaba una buena impresión. Su comportamiento no levantó ninguna sospecha en las autoridades locales, ni entre los vecinos, que ni siquiera sabían que Dina vivía con tres hijos.

Cuando hablaban por teléfono con su padre o con su hermana mayor, Diliara, de 33 años, que vive en la república rusa de Tartaristán con su marido y dos hijos, lo hacían solo en presencia de su madre, no contaban que no iban al colegio y no se quejaban de nada, reporta el periódico local Ust-Katávskaya Nedelia. Diliara comentó al canal 360, tenía la impresión de que todo era normal, ya que durante aquellas charlas escuchaba risas y bromas.

A los hijos pequeños les inculcaba la idea de que el mundo es cruel, la sociedad puede corromperlos y ella misma les enseñaría todo los necesario

Los niños no siempre vivieron al margen de la sociedad. Darina asistió a una escuela primaria durante dos años y un pediatra veía a su hermana menor hasta que cumplió 11 meses. Sin embargo, la madre retiró los documentos de su hija de la escuela y dijo a todo el mundo que volvían a la cercana república rusa de Baskortostán, donde habían vivido desde 2002 antes de instalarse en Ust-Katav.

Sin embargo, la familia se trasladó en realidad a pueblos de la zona, volviendo al cabo de un año, aunque en la ciudad todos pensaron que Dina había vuelto sola. Si algún vecino los veía, ella mentía afirmando que estaban allí de vacaciones.

Fuga y tragedia

Incapaces de soportar el celo protector de su progenitora, los tres hermanos escaparon la semana pasada de su casa, aprovechando que Dina salió a hacer compras. La huida fue organizada por Darina que tenía un móvil que le había comprado su madre para que pudiera estar en contacto con su padre.

Ella lo usaba a escondidas para acceder a Internet y contactar con el mundo exterior. De esa forma conoció a un joven que elaboró un plan de fuga y que acogió a Darina con sus hermanos menores en su vivienda hasta la llegada de la Policía.

El pasado 6 de noviembre, al no encontrar a sus hijos en casa, Dina llamó a la Policía y denunció su secuestro. Los agentes encontraron a los tres ese mismo día, pero no se apresuraron a devolverlos a su madre hasta esclarecer todas las circunstancias de su huida. Un día después Dina prendió fuego a la casa y se ahorcó.


Aparentes problemas psicológicos


Las autoridades ponen en entredicho la salud mental de la madre. "A los hijos pequeños les inculcaba la idea de que el mundo es cruel, la sociedad puede corromperlos y ella misma les enseñaría todo los necesario", comentó a RIA Novosti un representante de la administración local, Serguéi Puldiáyev. Según explicó, las sospechas de que la mujer podía formar parte de alguna secta no llegaron a confirmarse.

En su casa Dina lo controlaba todo y no soportaba la mera idea de que sus hijos salieran de paseo o hicieran amigos. De hecho, antes de la huida, Darina tuvo un altercado con su madre porque no la dejaba salir a la calle, desatando una reacción histérica y violenta de la progenitora, que incluso dejó huellas en el cuerpo de la joven, documentados luego por los médicos.

Según algunas versiones que recoge la prensa local, Dina no quería que a sus hijos les pasara lo mismo que a su hija mayor, Diliara, que cumplió una condena en prisión por robo y asesinato.

Mientras tanto, Diliara confesó al canal 360 que hasta el nacimiento de su hijo llevaba una vida normal con su madre, pese a su control extremo y las constantes preocupaciones si se demoraba 15 minutos en el trabajo. Diliara atribuía esto al hecho de que era hija de otro matrimonio y su madre no quería a su padre.

La hija mayor no es capaz de entender qué le pasó a su madre después de mudarse. No eran raras las veces que Dina le recordaba en conversaciones telefónicas que a los hijos hay que criarlos con cariño, sin levantar la voz y asegurándose de que la figura paterna no les ofenda. Cuando Diliara se enteró de la huida de sus hermanos, tomó un auto y se apresuró a llegar a Ust-Katav, convencida de que a su madre tenían que ingresarla en un hospital psiquiátrico. Según ella, padecía "desdoblamiento de la personalidad" o algún tipo de "alienación".

Aunque ahora es complicado decir en qué condiciones vivía Dina con sus tres hijos, ya que todo está quemado, si bien algunos medios señalan que eran pésimas, ya que el dinero nunca les sobraba. Según Diliara, su madre quemó la vivienda para borrar la evidencia de que, en realidad, vivían en un "basurero", algo que contrastaba con la impresión que dejaba ante los residentes locales.

Antes de morir, Dina envió a su hija mayor un SMS pidiéndole perdón. En el mensaje también le decía que la quería y le pedía que dijera a sus hermanos que siempre iba a quererlos mucho.

Diliara asegura que huyeron porque moralmente no soportaban más "estar en casa todo el tiempo con miedo de que la madre los pillara con un móvil". Sin embargo, en sus declaraciones a medios locales, no habló de maltratos a manos de su madre. Es más, asegura que ella los educaba en casa, que todos sabían leer y escribir. Pese a que no veían la tele, su madre les compraba discos con películas para que se entretuvieran.

Qué será de los niños ahora

Las autoridades locales deciden ahora dónde y con quién vivirán los tres hermanos, mientras les proporcionan nuevos documentos y restablecen sus datos personales, ya que no figuran en ningunos registros.

La hermana mayor quiere que sus hermanos estén bajo su tutela para darles un futuro mejor. Sin embargo, aunque tiene una nueva casa y dispone de un centro de rehabilitación, sus graves antecedentes penales podrían ser un obstáculo para que las autoridades se inclinen a su favor.

El padre, que volvió tras conocer la tragedia, no parece muy dispuesto a quedarse con sus hijos. De hecho, las autoridades tienen serias dudas sobre su capacidad para cuidar de los tres, ya que — aunque mandaba dinero a la familia cada mes — , hace mucho que se desentendió de la crianza de sus hijos.

Como Darina ya es mayor de edad, es probable que las autoridades dejen a sus hermanos menores bajo su tutela y le ayuden a encontrar trabajo y recibir educación, señala el periódico local Ust-Katávskaya Nedelia.