Traducido por el equipo de sott.net

Un conjunto de datos de 1871 sobre las temperaturas del mar en la Gran Barrera de Coral de Australia se ha comparado con las mediciones recientes registradas en las mismas zonas del arrecife. El Dr. Bill Johnson no encontró diferencias de temperatura, lo que le llevó a concluir:
"Las alarmantes afirmaciones de que la corriente de Australia Oriental se ha calentado debido al calentamiento global carecen, por tanto, de fundamento".
The Great Barrier Reef in Australia
Las temperaturas de 1871 fueron tomadas por el buque de vapor SS Governor Blackall en un viaje alrededor de la costa oriental australiana para observar un eclipse total de sol en el norte del continente. Las mediciones horarias se realizaron entre las 6 de la mañana y las 6 de la tarde de cada día en el viaje desde Port Stanley, al norte de Sydney, hasta el Cabo York, y se repitieron en el viaje de vuelta. El Dr. Johnson, antiguo investigador científico del Departamento de Recursos Naturales de Nueva Gales del Sur, tuvo en cuenta las considerables variaciones estacionales de la temperatura en el arrecife, pero concluyó que no había cambiado mucho. Afirmó que no había pruebas de que el sistema de regulación de la temperatura se hubiera roto "o fuera a romperse en el futuro".

Ni que decir tiene que este tipo de historias no suelen aparecer en los medios de comunicación, la mayoría de los cuales están firmemente aferrados a la idea de que el calentamiento global provocado por el hombre está destruyendo los arrecifes de coral de todo el mundo. En octubre de 2020, la BBC informó de que la Gran Barrera de Coral había perdido la mitad de sus corales desde 1995, citando un informe que decía que se debía a "mares más cálidos impulsados por el cambio climático". Pero el profesor Peter Ridd, que lleva 40 años observando el arrecife, señaló recientemente que gozaba de una sólida salud. Las tasas de crecimiento de los corales "han aumentado en los últimos 100 años". El siguiente gráfico, elaborado por Ridd a partir de los registros del Instituto Australiano de Ciencias Marinas, ilustra el crecimiento reciente.
The GBR coral growth chart
El galardonado reportero de la Agence France-Presse Marlow Hood citó recientemente un documento de la Universidad de Leeds que afirmaba que los arrecifes de coral que albergan una cuarta parte de la fauna marina desaparecerán "con toda probabilidad", incluso si el aumento del calentamiento global respecto a la época preindustrial se limita a 1,5 °C, lo que equivale a un calentamiento futuro de sólo 0,4 °C, ya que desde 1820 se han producido 1,1 °C. El Sr. Hood se describe a sí mismo en su Twitter como el "Heraldo del Antropoceno" y recientemente recibió 100.000 euros del banco español BBVA, muy implicado en la financiación del Net Zero. En su reconocimiento, Hood fue elogiado por su capacidad para "sintetizar complejos modelos y estudios científicos y explicarlos en términos sencillos". Ciertamente, el Sr. Hood fue al corazón del documento de Leeds al informar además que con un aumento de 2°C, la mortalidad de los arrecifes "sería del 100%". Se dice que esta conclusión procede de una "nueva generación de modelos climáticos".

Los corales ocupan desde hace mucho tiempo un lugar privilegiado en las tablas del clima. Su desaparición se proyecta comúnmente a partir del blanqueamiento natural que se produce cuando expulsan algas simbióticas, lo que se sugiere que ocurre como reacción a los cambios repentinos de la temperatura del agua. Sin embargo, la mayor parte del blanqueo -que también parece tener una importante función evolutiva- se produce en torno a las oscilaciones meteorológicas, como el fenómeno de El Niño. Éstas se producen con regularidad y, una vez estabilizadas las condiciones locales, el coral suele recuperarse. Los corales tropicales prosperan con temperaturas de entre 24°C y 32°C y a veces crecen más rápido en aguas más cálidas. Es poco probable que cualquier cambio en las temperaturas globales a largo plazo suponga una amenaza y, desde luego, no uno tan pequeño como 0,4°C. En cualquier caso, según los descubrimientos del Dr. Johnson, no ha habido ningún cambio en esas condiciones en la Gran Barrera de Coral desde hace al menos 150 años.

Una amenaza más práctica para los arrecifes de coral es la práctica, menos discutida, de volarlos y utilizarlos como materiales de construcción, joyas, suplementos de calcio para la salud y decoraciones para acuarios marinos. Según Big Blue Ocean Cleanup, una organización medioambiental sin ánimo de lucro, este comercio supone 375.000 millones de dólares al año. Es una suma asombrosa. En el Pacífico, Blue Ocean identifica dos técnicas de destrucción. La primera es la minería a pequeña escala, que utiliza palancas y mazos para romper las ramas de coral. La segunda consiste en el uso de dinamita.

No hace falta decir que esto tiene un enorme impacto en el ecosistema circundante, matando la vida marina y dejando un océano estéril. La destrucción indiscriminada también provoca la erosión de la arena y elimina la protección de la costa. Irónicamente, gran parte del coral se ha utilizado para construir aeropuertos y centros turísticos en lugares como las Maldivas para albergar a los turistas que vienen a maravillarse con los arrecifes.

Hay que proteger los arrecifes de coral. No es buena idea empaparles con aguas residuales sin tratar, rociarles con productos químicos tóxicos, destrozar su hábitat con la pesca imprudente o reorganizar el fondo del océano con explosivos. Pero esto es un trabajo de limpieza ambiental relativamente mundano. Está muy lejos de las declaraciones científicas y los modelos climáticos no probados para escupir la retórica de "salvar el planeta" e impulsar un proyecto irreal de control y distribución de la Net Zero.

En el período previo a la COP26, uno de los regalos "Earthshot" de 1 millón de libras esterlinas del príncipe William fue entregado a una pequeña empresa de Bahamas llamada Coral Vita que dice cultivar coral para replantar en el océano. La bióloga Jennifer Marohasy escribió en Spectator Australia que el gobierno australiano permitía extraer cada año 200 toneladas de coral de la Gran Barrera de Coral. Al mismo tiempo, se aportaron 1.000 millones de dólares australianos para salvar el "moribundo" arrecife. Parte de este dinero, señaló, se utilizará para replantar corales.

Y añadió:

"Habrá puestos de trabajo para buceadores, y será filmado por videógrafos submarinos, los científicos marinos recogerán datos en torno al programa y se fletarán barcos. Habrá dinero para casi todos los que quieran participar, si se vacunan, creen en el cambio climático provocado por el hombre y creen que la Gran Barrera de Coral está muriendo".
Sobre el autor

Este es el último artículo del periodista independiente Chris Morrison, al que acabamos de nombrar editor de Medio Ambiente. Chris se inició en el periodismo financiero a finales de la década de 1970 y durante casi 20 años dirigió una empresa -Evandale Publishing- que creó él mismo y acabó vendiendo.