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Un joven encapuchado lanza una bomba incendiaria contra la policía en el centro de Atenas.
La furia de los griegos ante las nuevas medidas de austeridad se tornó violenta ayer, cuando cientos de jóvenes saquearon comercios durante una huelga general de 48 horas. Frente al Parlamento, los manifestantes arrojaron trozos de mármol y bombas incendiarias a la policía antimotines, que respondió con gases lacrimógenos y granadas de estruendo. Fuentes policiales indicaron que 14 agentes fueron hospitalizados con lesiones, y al menos tres periodistas que cubrían los sucesos sufrieron heridas menores.

Mientras tanto, los legisladores griegos aprobaron ayer de manera preliminar un nuevo plan de ajuste que sube impuestos y baja salarios, considerado crucial para que el país pueda recibir el próximo tramo de su rescate financiero y evitar así la bancarrota. El proyecto deberá ser votado hoy artículo por artículo para convertirse en ley.

La mayor protesta. La violencia se extendió ayer por el centro de Atenas cuando al menos 100.000 personas marcharon por esa zona en la primera jornada de una huelga general de dos días que los sindicatos consideraron la mayor protesta en años. El canal de noticias Skai la calificó como "madre de todas las huelgas".

La policía y los manifestantes sostuvieron enfrentamientos en las angostas calles del centro de Atenas, mientras un espeso humo negro se elevaba de la basura y paradas de colectivos en llamas.

La mayor parte de los 100.000 manifestantes que acudieron al centro de la ciudad lo hicieron en forma pacífica, pero la multitud concentrada frente al Parlamento se enfrentó con la policía, que los dispersó por medio de gases lacrimógenos.

Una bomba de gasolina prendió fuego a un puesto de guardias presidenciales en la Tumba del Soldado Desconocido frente al Parlamento, al tiempo que se produjeron choques en varias calles aledañas cerca de la legislatura y en la Plaza Syntagma, la principal de Atenas.

Incendios y destrozos. Cerca del lugar, grupos de manifestantes encapuchados arrancaron con martillos trozos de mármol de los edificios aledaños y destrozaron vidrieras y carteles de bancos. También se produjeron enfrentamientos entre agitadores y manifestantes que intentaban impedir que algunos jóvenes destruyeran los vidrios de los comercios.

Los vendedores ambulantes ofrecían máscaras de natación a los revoltosos, que las usaban como remedio contra los gases lacrimógenos. La basura congestionaba las calles y algunos manifestantes se dedicaron a incendiarla.

Mientras tanto, miles de personas observaban los enfrentamientos, algunos de ellos en los tejados de los quioscos.

En Salónica, la segunda ciudad más grande de Grecia, los manifestantes desbarataron las fachadas de unas 10 tiendas que permanecían abiertas, así como cinco bancos y cajeros automáticos. La policía les arrojó gases lacrimógenos y granadas de estruendo.

La huelga afectó al transporte público, paralizó vuelos y obligó a cerrar comercios y escuelas. Todos los sectores productivos - desde dentistas, médicos de hospitales y abogados hasta propietarios de negocios, trabajadores fiscales, farmacéuticos, maestros y trabajadores portuarios - no se presentaron a trabajar.

"Esfuerzo necesario". Las nuevas medidas de austeridad aprobadas inicialmente por el Parlamento incluyen más impuestos y la suspensión de decenas de miles de empleados públicos.

En el Parlamento, antes de la votación, el ministro de Economía Evangelos Venizelos dijo a los legisladores que los griegos no tienen otra opción que aceptar las dificultades.

"Tenemos que explicarle a todas estas personas indignadas que ven cambiar sus vidas que lo que el país está experimentando no es la peor etapa de la crisis", señaló. "Es un esfuerzo angustioso y necesario para evitar el nivel más profundo, duro y final de la crisis. La diferencia entre una situación difícil y una catástrofe es inmensa", afirmó.

Los acreedores internacionales han exigido a Grecia duras medidas de ajuste antes de darle su próxima partida de fondos, unos 8.000 millones de euros. Atenas sostiene que se quedará sin dinero dentro de un mes sin esa ayuda, aportada por sus socios de la eurozona y el Fondo Monetario Internacional. Aunque las presiones de los acreedores ha ido creciendo, el gobierno griego cree que la ayuda finalmente llegará.

Preparativos y rumores antes de la cumbre sobre el euro

A pocos días de la cumbre europea que debe aportar soluciones a la crisis de deuda pública, algunos de los líderes comunitarios mantuvieron ayer reuniones para pulir sus últimas diferencias. Desde Bruselas y Berlín surgieron además iniciativas sobre el fondo de rescate del euro.

   La primera noticia llegó desde Berlín en forma de filtración a la prensa, aunque posteriormente fue desmentida desde el gobierno. Según el diario Financial Times Deutschland, el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schauble, quiere apalancar con 1.000 millones de euros el fondo de rescate al euro para hacerlo más efectivo ante la crisis.

   La expansión de las garantías del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF) consistiría en avales para los compradores de bonos públicos de países con problemas de deuda, una medida que permitiría que inversores en títulos de países como Italia o España recuperaran mediante el FEEF parte de su dinero en caso de una insolvencia.

   "Estoy seguro de que no se propuso una cifra o modelo concreto", aseguró sin embargo un portavoz de Schauble.

   No obstante, casi en la misma dirección, aunque sin aportar detalles, habló desde Bruselas el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. El portugués sugirió que una posible ampliación del FEEF podría beneficiar a países de la eurozona en situación de debilidad, como España o Italia. La fórmula sería que el FEEF actuase como garante de nuevas emisiones de deuda de socios vulnerables.

"Fracasa Europa". Tanto Barroso como la canciller alemana, Angela Merkel, advirtieron ayer de la importancia que revisten para la Unión Europea las reuniones de este fin de semana.

   "Estamos en un momento crucial que puede ser decisivo para el euro y para el futuro de Europa", subrayó el presidente de la Comisión Europea, mientras que Merkel advirtió que "si fracasa el euro, fracasa Europa".

   Poco después de pronunciar esas palabras, Merkel recibió al presidente francés, Nicolas Sarkozy. El mandatario galo llegó por sorpresa a Fráncfort para preparar la cumbre del fin de semana.