
Es bastante fácil obtener biocombustible a partir de vegetales ricos en almidón, pero esto coloca la producción de combustible en competencia directa con la producción de alimentos. Fabricar biocombustible a partir de lignocelulosa es por lo tanto una opción mejor.
La lignocelulosa de residuos de madera o paja es la materia prima renovable más común del mundo, pero, debido a su estructura compleja, es significativamente más difícil de usar para elaborar biocombustibles que el almidón.
Los desechos de lignocelulosa pueden ser usados para producir biocombustible solamente si las cadenas largas de celulosa y xilanos pueden ser escindidas con éxito, de manera que el resultado sea un conjunto de moléculas de azúcares más pequeñas. A tal fin, se utilizan hongos que, por medio de una señal química específica, pueden ser inducidos a producir las enzimas necesarias. Sin embargo, este procedimiento es muy caro.
La situación va ahora a cambiar drásticamente. Especialistas de la Universidad Tecnológica de Viena en Austria han estado investigando el "interruptor" molecular que regula la producción de enzimas en el hongo. Y han descubierto cómo aprovecharlo.
Como resultado del trabajo realizado por el equipo de Robert Mach y Christian Derntl, ahora es posible fabricar hongos genéticamente modificados que produzcan las enzimas necesarias de modo totalmente independiente, haciendo así mucho más barata la producción de biocombustible.
Los resultados de esta investigación han sido detallados en la revista académica "Biotechnology for Biofuels".



Comentario: Aunque el aparato de promoción y propaganda lo vende como un gran hallazgo, este tipo tipo de descubrimientos no constituyen verdaderos avances científicos; en todo caso es sólo un "avance" tecnológico (avance puesto entre comillas pues aún así es cuestionable). Las bases científicas son las mismas que la de los combustibles fósiles, una forma absolutamente ineficiente de producir energía, y extremadamente agresiva y depredadora con la naturaleza.
Por otro lado hay una constante presión de la "ciencia" (si se la puede llamar de este modo) para "torcerle el brazo a la naturaleza" y querer forzar sus mecanismos armónicos, con el único fin de obtener beneficios (en buena medida económicos) sólo para una "pequeñísima" parte de esa naturaleza. Esta mala ciencia no manifiesta interés por entender los refinados "engranajes naturales" ni considerar los efectos de sus actos sobre el resto del cosmos. Definitivamente "nuestra ciencia" no busca entender a la naturaleza y crear en colaboración con ella, sino reformarla a su antojo para satisfacer sus oscuros deseos.
La naturaleza ha sido paciente con nosotros. No nos extrañemos que algún día no muy lejano pierda la paciencia...