La sanción se impone por la acusación de "incumplimiento de los deberes de funcionario público", que en este caso supuestamente habrían consistido en matar a un bebé de 23 semanas, habiendo alegado la madre la causal de violación. La defensa ha anunciado que recurrirá este fallo, que ha indignado a buena parte de la sociedad argentina y sumido en la indefensión a miles de profesionales de la salud a quienes repugna verse forzados a participar en la muerte de un niño en el vientre de su madre.

El aborto, sin embargo, no se había producido ni estaba produciéndose. Ante el peligro de una sepsis mortal, el doctor Rodríguez Lastra, jefe del servicio de Ginecología, estabilizó a la paciente para controlar y curar la infección. Cuando la madre estuvo fuera de riesgo, se le propuso continuar el embarazo hasta la 35ª semana. Ella aceptó, y llegado el momento el niño nació sano y hoy tiene dos años.
El médico había puesto en práctica el lema Salvemos las dos vidas con el que el movimiento provida argentino intenta evitar la legalización del aborto libre en el país. En su alegato final ante el juez, ya en el juicio, el doctor Rodríguez Lasta dejó clara su postura personal y profesional: "Señor juez, yo soy un médico. Y mi trabajo consiste en curar, a veces; aliviar, a menudo; acompañar, siempre. Pero matar, nunca".
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