Los acontecimientos recientes en Torre Pacheco, lejos de ser un estallido puntual o un «auge del racismo», deben ser analizados como una consecuencia de las dialécticas estructurales dadas en torno a la inmigración. Los fenómenos que estamos presenciando no pueden entenderse desligados de las contradicciones internas del Estado español, de sus políticas inmigratorias erráticas, ni del conflicto geopolítico, sostenido pero solapado, con Marruecos.

© RTVEIncidentes en Torre Pacheco (Murcia) el pasado 12 de julio.
Lo que está en juego no es sólo el orden público local o la «convivencia» -palabra de rango apotropaico en el contexto político español-, sino el tipo mismo de sociedad que España está construyendo -o descomponiendo- bajo la presión de intereses exteriores, entre ellos los de una potencia que ha convertido la inmigración en instrumento de guerra híbrida.
El punto de partida es ya conocido: un anciano agredido en Torre Pacheco por un joven de origen marroquí, en un vídeo que rápidamente se hizo viral. Lo que ha desatado una oleada de rabia vecinal que ha ido más allá de la mera protesta: barricadas, manifestaciones espontáneas y enfrentamientos con la policía.
¿Racismo? ¿Radicalización? ¿«Extrema derecha»? No. Hartazgo. Es una reacción frente a una situación que se viene incubando desde hace años: la percepción creciente de inseguridad, la degradación del espacio público, y el sentimiento -justificado- de abandono institucional por parte del Estado.