A poco más de dos semanas de la elección presidencial y legislativa del 1 de julio, crece la tensión en México, marcada por altos niveles de violencia -113 asesinatos de candidatos-, la guerra sucia mediática, los ataques de la oligarquía local y trasnacional al candidato de centroizquierda, las repetidas violaciones a la ley electoral y las jugadas del aparato estatal para impedir que Andrés Manuel López Obrador llegue al poder.

© DesconocidoAndrés Manuel López Obrador
Nada nuevo aportó el tercer debate entre los cuatro candidatos a la presidencia, en el Gran Museo del Mundo Maya en Mérida,Yucatán, el martes 12, que tuvo la misma dinámica de los dos anteriores: los opositores del centroizquierdista López Obrador, quien va cómodo liderando las encuestas de opinión, fueron en patota a tratar de matarlo políticamente.
Con el crecimiento económico, desigualdad, pobreza, educación, ciencia y tecnología, y salud y desarrollo sustentable como pretexto, a sabiendas de que era la última oportunidad, el cruce de imputaciones sobre corrupción de los contendientes se ubicó como temática. Un tema donde el mismo gobierno participa activamente, ya que optó el 7 de junio por la vieja tradición del "video-escándalo político".
No fue para incriminar a López Obrador, sino que, por sus ya conocidas maniobras de lavado de dinero, atacó al candidato de la derecha más conservadora, Ricardo Anaya, segundo en las encuestas con 24% en la intención de voto, abanderado de la coalición "Por México al Frente" por los partidos PAN-PRD-MC.
Comentario: El discurso actual en torno a la raza ha alcanzado un nivel de absurdo que rara vez o nunca se ha visto antes. Los guerreros de la justicia social están viendo el mundo a través de una lente completamente distorsionada donde los "hechos" pierden todo significado y simplemente sirven a una agenda.
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