Las malas decisiones de la Administración Trump pueden llevarse por delante los logros alcanzados en otra áreas, singularmente los del área de Salud Pública, comandada por R. F. Kennedy Jr.
Queridos amigos: en primer lugar, me quiero disculpar por el tono de esta pieza. Generalmente, procuro que los artículos que escribo broten desde la necesaria frialdad del análisis. Son artículos que requieren de un cierto sosiego, una cierta distancia emocional con el objeto del artículo, que permita al lector obtener, en la medida de lo posible, una cierta visión panorámica de las cuestiones presentadas. Sin embargo, hoy me va a ser imposible. Mientras preparaba mi próximo artículo, de título
"El Estado Judío", en referencia al libro de Theodor Herzl, el fundador del sionismo tal y como lo conocemos hoy, los acontecimientos se han precipitado, inhabilitándome para abordarlo con la profundidad que el tema requiere. Desde el jueves contengo el aliento, porque el lugar al que nos encaminamos por obra y gracia del pueblo elegido y sus portavoces, es absolutamente desconocido, terreno abonado a toda clase de profecías bíblicas y demás cosmogonías del Holocausto permanente. La huída hacia adelante de un Benjamín Netanyahu acosado por la corrupción y ungido por su propia miseria moral en eventual jinete del Apocalipsis, amenaza con arrastrarnos a todos a un lugar oscuro. Ni una semana ha pasado desde que publiqué
un artículo preguntándome sobre quién ostentaba el mando en los EEUU. Pues bien, hoy ya tenemos varias claves que despejan alguna duda. Suponemos que en EEUU manda el complejo militar, pero de lo que ya no nos cabe ninguna duda es de que Donald J. Trump no manda.
El fracaso del ataque de EEUU a las tres plantas nucleares subterráneas de Natanz, Fordow e Isfahan de Irán ha sido total. La
Operación Martillo de Medianoche, anunciada a bombo y platillo por el secretario de Defensa de EEUU, Pete Hegseth, y el jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Dan Caine como un éxito sin precedentes, no sólo no ha cumplido con sus objetivos declarados de acabar con la capacidad nuclear de Irán, sino que ha destruido la legitimidad del propio gobierno de EEUU, forzando además a otras potencias a posicionarse en favor de Irán. Mientras escribo estas líneas, hemos conocido la noticia de que
Rusia está planteando una cesión de cabezas nucleares a Irán. Análogamente, Pakistán ha mostrado su disposición a apoyar a la República Islámica.
La legitimidad de Khamenei crece con cada ataque, proporcionalmente a la violencia balística con la que responde a la entente yankee-sionista. ¿Acaso cabía esperar otra cosa? En este sentido, resulta de enorme interés
el hilo que ha publicado esta mañana en la red social X (anteriormente conocida como Twitter), el Vicepresidente del Consejo de Seguridad de la Federación Rusa, Dmitry Medvedev, en el que analiza todos los aspectos de esta ruinosa operación, haciendo gala de un notable sentido de la ironía.
En primer lugar, quiero referirme al fracaso personal del propio Trump, quien se presentó a las elecciones prometiendo acabar con todas las guerras en liza. No sólo ha faltado a sus promesas de campaña definitivamente dando luz verde a este ataque, sino que además ha visto como sus bases de apoyo MAGA (Make America Great Again) se dividen en una guerra fratricida.
MAGA ha muerto, ya que sus premisas iniciales han quedado en papel mojado. Y todo ello para agradar a sus halcones y en defensa de los intereses, no ya de Israel, cuyos ciudadanos van a ser sometidos a la misma tortura que su gobierno viene procurando de manera consistente a todos sus vecinos durante décadas, sino del corrupto Netanyahu, que suma el genocidio en Gaza y el martirio de su propia gente a su nutrida lista de pecados. A mayor abundamiento, durante las últimas semanas, hemos podido observar los bandazos de Trump con respecto de la cuestión iraní, desoyendo la información de inteligencia que señalaba la improbabilidad de que Irán estuviera desarrollando un programa nuclear militar. A preguntas de los periodistas sobre la inconsistencia entre sus declaraciones sobre la bomba nuclear iraní y la opinión de la Directora Nacional de Inteligencia, Tulsi Gabbard, Trump contestaba airado:
"she's wrong" (ella se equivoca). Un nuevo clavo en el féretro de MAGA. Tulsi Gabbard, tras más de una semana guardando silencio, se descolgaba ayer viernes diciendo que habíamos malinterpretado sus declaraciones, y que el Presidente tenía razón.
Gabbard eligió bañarse en el pantano en lugar de drenarlo.Esta decisión de Trump es la guinda del pastel al fracaso de su política exterior, que ha querido usar también en clave interna. Recapitulemos: Donald Trump recibió un gran sopapo en su intento de gestionar la deuda pública estadounidense, exacerbado por su agresiva política comercial y fiscal. Es evidente que se pasó de listo, y el aura de gran negociador y hombre de negocios implacable derivó demasiado pronto en una caricatura. En abril, tras declarar la guerra comercial global en el llamado "Día de la Liberación", los mercados reaccionaron con una venta masiva de bonos del Tesoro, elevando su rentabilidad por encima del 5%, lo que encareció significativamente su financiación. La presión se intensificó por rumores de que China, segundo mayor tenedor de deuda estadounidense, estaba liquidando bonos en represalia por aranceles del 145% impuestos por Trump.
Todo ello, junto con el desplome bursátil y críticas internas, obligó al Presidente Trump a decretar una tregua parcial de 90 días en los aranceles, debilitando definitivamente su posición negociadora. El déficit federal, proyectado en 6.4% del PIB en 2024, y una deuda pública cercana al 98% del PIB, complicaron la refinanciación de casi 10 billones de dólares en 2025. La rebaja de la calificación crediticia por Moody's y el aumento de los intereses de la deuda frustraron los planes de Trump de abaratar el crédito y bajar los tipos de interés. Su estrategia, que incluía recortes fiscales y aranceles para estimular la economía, generó incertidumbre y volatilidad, alejando a los inversores y amenazando la preeminencia del dólar como moneda refugio.
Este fracaso evidenció la vulnerabilidad de su política económica ante la magnitud de la deuda estadounidense y la falta de confianza de los mercados. Una vez enterradas las esperanzas despositadas en la estrategia del matón de patio de colegio, a Trump sólo le quedaba encomendarse a la otra vía en que las ambiciones de Wall Street, la City de Londres y Tel Aviv solían saciar su codicia: la guerra, esa misma guerra con la Trump había prometido acabar.
Así las cosas, llevamos más de una semana asistiendo con pavor creciente al violento intercambio de golpes entre Teherán y Netanyahu.
El balance de víctimas civiles es, como siempre, favorable a Israel en proporción de diez a uno, no así el balance en daños, ya sean materiales o estratégicos, que en lugares como Tel Aviv, Haifa o Be'er Sheva están alcanzando proporciones absolutamente inéditas en la historia del ente sionista. Ello está provocando un nuevo éxodo de israelíes en busca de lugares más seguros, tal era su convicción. En este momento de la narración me van a permitir que comparta una anécdota de mi infancia. Como muchos de ustedes ya saben, pasé mis primeros diez años de vida académica en un entorno sionista, como alumno del Colegio Judío de Madrid, Ibn Gabirol. Nunca olvidaré cómo durante los bombardeos de Sadam Hussein a Tel Aviv en la primera Guerra del Golfo, el reducido número de alumnos por clase que solíamos tener, se vio duplicado en cuestión de dos semanas. Y es que nunca conviene perder de vista que los ciudadanos del Estado de Israel son, en su inmensa mayoría, producto de la diáspora, y del mismo modo que colonizaron la tierra de Palestina durante la segunda mitad del s. XX, siempre albergan la posibilidad de abandonar el país cuando el estado de cosas así lo propicie. Esto permite pensar que, en una eventual guerra que se prolongue durante los meses, la moral entre los ciudadanos de Israel puede resultar más quebradiza dando lugar a un cambio de régimen. Como he dicho, nos adentramos en terreno desconocido y cualquier vaticinio que se haga corre el riesgo de envejecer mal.
En definitiva, las malas decisiones de la Administración Trump pueden llevarse por delante los logros alcanzados en otra áreas, singularmente en el área de la Salud Pública. En los últimos meses, he celebrado pública y notoriamente las medidas tomadas por Robert F. Kennedy Jr. en su cruzada por paliar décadas de corrupción farmacéutica.
Sin embargo, el movimiento MAHA (Make America Healthy Again) adolece de la misma debilidad que anida en las bases partidarias de Trump. Y es que, entre los miembros más prominentes de MAHA, se encuentra una cantidad importante de sionistas, hasta el punto de que hablar sobre la política genocida de Netanyahu se ha convertido en un tabú. En este sentido, hemos llegado a leer a RFK declarar el "antisemitismo" como un problema de Salud Pública, en clara referencia a las manifestaciones a favor de la causa palestina en las universidades de EEUU. Es relevante al análisis recordar que Bobby Kennedy es, por tradición familiar, no excesivamente partidario de la causa sionista, por lo que este tipo de declaraciones sirven para ilustrar de manera muy gráfica la presión que el lobby sionista es capaz de ejercer sobre los políticos en Estados Unidos. Sea como fuere, la Administración Trump pasa por un momento de enorme debilidad, tanto doméstica como geoestratégica, y sólo han pasado seis meses. Una vulnerabilidad que permite certificar la defunción de MAGA. ¿Será capaz Robert Kennedy de mantener el proyecto de MAHA con el vigor necesario para revertir todo el daño producido por la codicia farmacéutica? Las circunstancias sin duda no alientan al optimismo.
Sobre el autorCarlos Sánchez es músico, docente y analista político. Cursó su formación musical superior en la disciplina del jazz en Holanda, en los conservatorios de Groningen y Den Haag, completando su formación como productor e ingeniero de audio en la Middlesex University/SAE Institute de Londres. Formado también en el ámbito jurídico, obtuvo el Grado en Derecho en UNED (España). Durante casi una década ha combinado su actividad docente y musical con su faceta de comunicador, escribiendo artículos sobre su pasión, la geopolítica, de manera frecuente en Diario 16
, y presentando Grupo de Contro
l, un espacio semanal de entrevistas dedicado al periodismo de investigación.
Comentarios del Lector
a nuestro Boletín