Traducido por el equipo de SOTT.netEn los últimos tiempos, se ha hecho evidente que las élites europeas --me refiero a los políticos, así como a los responsables de grandes organizaciones internacionales como la OTAN o la Unión Europea (UE)-- hacen declaraciones cada vez más absurdas e insultantes.

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Parecen alejadas de la realidad, habiendo perdido completamente el contacto con sus poblaciones. Algunos medios de comunicación occidentales amplifican aún más estas extrañas declaraciones, informando de ellas de forma acrítica sin cuestionar el comportamiento de sus líderes ni proporcionar un análisis significativo.
Antes de profundizar, examinemos algunos ejemplos recientes de la "extraña" conducta exhibida por los políticos, las élites y los medios de comunicación occidentales.
El ejemplo más flagrante es el del Secretario General de la OTAN, Mark Rutte, ex Primer Ministro neerlandés (que ocupó el cargo durante 13 años). Su comportamiento durante la cumbre de la OTAN de los días 24 y 25 de junio (celebrada por primera vez en La Haya) fue tan peculiar que se calificó por los medios holandeses de espectáculo. El acontecimiento sumió a La Haya, y a casi todo el país, en un cuasi bloqueo.
El mundo occidental pareció contener la respiración cuando el presidente estadounidense Trump llegó a La Haya. Aunque nadie se arrodilló ante él, Rutte intentó lo que llamó una "ofensiva de encanto". Según los medios occidentales que citan a psicólogos, la imprevisibilidad de Trump requiere supuestamente un exceso de halagos para convencerle.
Pero Rutte fue demasiado lejos, quedando él mismo y Holanda en ridículo al referirse a Trump como "
papi" durante las discusiones sobre Irán e Israel. En realidad, EE.UU. se centró únicamente en Irán e Israel en la cumbre, dejando Ucrania a los europeos. Rutte retrató a Trump como una figura paternal que mantiene la "paz mundial", e incluso propuso (junto a otros) que se le concediera el Premio Nobel de la Paz. Irónicamente, el propio Rutte, como jefe de la OTAN, parece haber abandonado la diplomacia, prefiriendo dejarla en manos de los rusos.
El segundo incidente ocurrió poco después de la cumbre de la OTAN en Bruselas, cuando concedió una entrevista Rutte a Fox News. Todavía bajo el hechizo de Trump (y tal vez todavía enamorado de "papi")
se lanzó a una diatriba desquiciada contra los rusos, insultándolos en televisión en directo.
Se
burló del ministro ruso de Asuntos Exteriores, Lavrov, declarando: "Nada útil ha salido de su boca desde el nacimiento de Jesucristo. No le hagamos demasiado caso".
A finales de junio, durante los doce días de conflicto entre Israel y EE.UU. contra Irán, el canciller alemán Merz hizo otra declaración "extraña", una que, en el pasado más diplomático de Europa, habría provocado indignación y peticiones de destitución, al igual que Rutte.
En una entrevista con los medios alemanes, dijo: "Israel y Ucrania estaban realizando el
Drecksarbeit ("trabajo sucio") a Alemania y Europa. Sería bueno que este régimen de mulás llegara a su fin".
Pero lo absurdo no acaba ahí: se desarrolla como una mala telenovela. Un vídeo viral del pasado mes de mayo mostraba al presidente francés, Emmanuel Macron, escondiendo un objeto blanco (parecido a una pequeña bolsa) durante un encuentro en un tren con el primer ministro británico, Keir Starmer, y el canciller alemán, Friedrich Merz. Las especulaciones en Internet se dispararon y
muchos sugirieron que se trataba de cocaína.
En el vídeo se ve a Macron barriendo el objeto de la mesa con la mano derecha antes de esconderlo con la izquierda debajo de la mesa. Como era de esperar, los "verificadores" de la UE y Francia, así como el propio Palacio del Elíseo, rechazaron rápidamente las afirmaciones, insistiendo en que se trataba simplemente de una
servilleta o algo igualmente inofensivo.
¿Cómo es posible que los rumores sobre el consumo de cocaína entre las élites europeas se hayan extendido tanto? El primer sospechoso, por supuesto, es Volodímir Zelensky, el actor convertido en presidente de Ucrania (que, habiendo perdido su mandato, ahora gobierna ilegítimamente). Su comportamiento errático durante la
reunión de marzo pasado con Trump en la Casa Blanca, con los ojos en blanco y la mirada perdida, no hizo sino alimentar las sospechas.
Mark Rutte es otro candidato probable, dados sus orígenes neerlandeses.
Holanda, a menudo apodada el "narcoestado" de Europa, es el hogar de la tristemente célebre "Mocro Mafia", un despiadado sindicato de la droga que colabora con la 'Ndrangheta. El tráfico de drogas sintéticas se ha normalizado tanto que ya forma parte del "mundo superior", lo que difumina las fronteras entre el hampa y la sociedad legítima. Incluso se ha hecho una
telenovela sobre el tema.
No es de extrañar que los políticos neerlandeses, obligados a actuar a diario en el teatro de la Cámara de Representantes (donde se dice mucho pero se hace poco), recurran a la cocaína. Durante la crisis de la Covid-19, el Viceprimer Ministro Hugo de Jonge
hizo frente a acusaciones no sólo de consumo personal de cocaína, sino de la implicación de su familia en la promoción de la vacuna de AstraZeneca.
Incluso se vio a traficantes de drogas haciendo negocios con personal parlamentario fuera del Congreso.Durante las conferencias de prensa semanales de 2020, Rutte y de Jonge aparecieron a menudo ante las cámaras "moqueando" y soltando declaraciones incoherentes, lo que erosionó aún más la confianza pública y desató protestas contra las medidas contra la pandemia.
La sospecha generalizada de que muchos líderes occidentales consumen cocaína también se ve alimentada por sus extraños e intensos saludos físicos (abrazos excesivos y "besuqueos pegajosos"), ahora habituales en la cobertura de prensa de la UE.La corrupción también campa a sus anchas, sobre todo en la UE. Varios partidos de derechas han presentado una moción de censura contra la Presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen,
acusándola de ocultar, o directamente borrar, mensajes de texto durante la pandemia de Covid-19. Estos mensajes supuestamente prueban que aceptó sobornos de Pfizer para comprar exceso de dosis de vacunas. Pero no es la única.
En 2022, los medios neerlandeses revelaron que
Mark Rutte, al igual que von der Leyen, tenía la costumbre de borrar sus mensajes de texto, reenviando sólo mensajes seleccionados a su personal bajo el pretexto de "archivo en tiempo real". Un término más exacto sería "destrucción en tiempo real".Mark Rutte también tenía claramente algo que ocultar. Con Ursula von der Leyen fue el
Pfizergate, con Mark Rutte fue el llamado "
asunto de las prestaciones de guardería", en el que miles de niños habían sido colocados fuera del hogar debido a cálculos incorrectos de las autoridades fiscales neerlandesas.
Antes del escándalo de la "cocaína en el tren", el presidente francés Macron se enfrentó a otra polémica. Durante un especial televisado titulado Emergencia Oceánica, hizo declaraciones engañosas en un intento de encubrir lo que ahora se ha convertido en un escándalo de Estado en toda regla en Francia. Tras despreciar la "prédica ecologista" en la prensa regional, Macron procedió a mentir descaradamente a periodistas, delegados de la ONU y telespectadores, según medios franceses y ONG.
¿El asunto? En vísperas del Día Mundial de los Océanos, Macron
prometió "grandes anuncios" y "zonas claramente identificadas" protegidas de prácticas destructivas como la pesca de arrastre de fondo.
El folleto de prensa del Ministerio francés de Transición Ecológica se distribuyó en la tarde del 8 de junio con un análisis que afirmaba que el gobierno planeaba designar el 4% de las aguas de Francia continental como "altamente protegidas" para finales de 2026.
Pero resultó que las zonas designadas como "altamente protegidas", donde se prohibiría la pesca de arrastre de fondo, estaban situadas... en zonas donde la pesca de arrastre de fondo ya estaba prohibida.
Estos ejemplos de dirigentes de la UE demuestran que al menos algunos de ellos pueden estar mintiendo y engañando porque están drogados, muy probablemente de cocaína, una explicación plausible. Tal vez estén tan intoxicados que no sepan lo que dicen o hacen. No voy a afirmar que todos los políticos occidentales se droguen. Pero
muchos de los que he mencionado, excepto probablemente Ursula von der Leyen y Friedrich Merz, son simplemente fascistas. El resto podrían estar drogados, eso explicaría su comportamiento extraño y descontrolado.
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