Traducido por el equipo de SOTT.net

La reunión Putin y Trump desveló algunos aspectos importantes. Reveló que Washington considera a Rusia como una potencia similar y que Europa es poco más que una herramienta útil para Estados Unidos.
Alaska Summit
© The Cradle
Alaska no se trataba sólo de Ucrania. Alaska trataba principalmente sobre las dos principales potencias nucleares del mundo intentando reconstruir la confianza y frenar un descontrolado tren en una frenética carrera ferroviaria de alta velocidad hacia la confrontación nuclear.

No hubo garantías, dado el carácter volátil del presidente estadounidense Donald Trump, quien concibió la reunión de alta visibilidad con su homólogo ruso, Vladímir Putin. Pero un nuevo paradigma podría estar en desarrollo. Rusia ha sido esencialmente reconocida de facto por EE.UU. como una potencia similar. Esto implica, como mínimo, el regreso de la diplomacia de alto nivel donde más se necesita.

Mientras tanto, Europa envía una serie de líderes impotentes a Washington para doblegarse ante el Emperador. El destino de la UE está sellado: en el basurero de la irrelevancia geopolítica.

Lo decidido conjuntamente por Trump, personalmente, y Putin, incluso antes de que Moscú propusiera la polémica Alaska como sede de la cumbre, permanece en secreto. No se filtrará el contenido completo.

Sin embargo, es bastante significativo que el propio Trump haya calificado a Alaska con un 10 sobre 10.

Las conclusiones clave, transmitidas por fuentes en Moscú con acceso directo a la delegación rusa, hasta el formato 3-3 (inicialmente diseñado para ser 5-5, pero otros miembros clave, como el ministro de Finanzas, Anton Siluanov, sí aportaron sus opiniones), enfatizan que:
"Putin se comprometió firmemente a detener todos los envíos directos de armas estadounidenses a Ucrania como paso vital hacia la solución. Los estadounidenses aceptaron la necesidad de reducir drásticamente los envíos letales".
Después de eso, la pelota pasará a la cancha de Europa. Las fuentes especifican en detalle:
"De los 80 mil millones de dólares del presupuesto ucraniano, Ucrania aporta menos de unos 20 mil millones. El Banco Nacional de Ucrania afirma recaudar 62 mil millones sólo en impuestos, lo cual es un engaño; con una población de alrededor de 20 millones, mucho más de un millón de pérdidas irreversibles en el campo de batalla, una industria diezmada y menos del 70% del territorio pre-Maidán bajo control, eso es simplemente imposible".
Así pues, Europa, al igual que la alianza OTAN/UE, se enfrenta a un serio dilema: "O apoyar a Ucrania financieramente o militarmente. Pero no ambas cosas a la vez. De lo contrario, la propia UE colapsará aún más rápido".

Comparemos ahora todo lo anterior con el que podría ser el pasaje clave de una de las publicaciones de Trump en Truth Social: "Todos decidieron que la mejor manera de poner fin a la terrible guerra entre Rusia y Ucrania es llegar directamente a un acuerdo de paz, que pondría fin a la guerra, y no a un simple acuerdo de alto el fuego, que a menudo no se sostiene".

A esto se suma el ingrediente esencial aportado por el expresidente ruso Dmitri Medvedev:
"El presidente ruso presentó personalmente y en detalle al presidente estadounidense nuestras condiciones para poner fin al conflicto en Ucrania (...) Y lo más importante: ambas partes asumieron directamente la responsabilidad de lograr resultados futuros en las negociaciones sobre el fin de las hostilidades en Kiev y Europa".
Hablando de convergencia entre superpotencias. El problema, por supuesto, estará en los detalles.

Los BRICS en la mesa de negociaciones en Alaska

En Alaska, Vladímir Putin representaba no sólo a la Federación Rusa, sino a los BRICS en su conjunto. Incluso antes de que se anunciara al mundo la reunión con su homólogo estadounidense, Putin habló por teléfono con el presidente chino, Xi Jinping. Al fin y al cabo, es la alianza entre Rusia y China la que está escribiendo el guion geoestratégico de este capítulo del Nuevo Gran Juego.

Además, los principales líderes de los BRICS han mantenido una serie de llamadas telefónicas interconectadas, lo que ha llevado a forjar, según la evaluación del presidente brasileño Luiz Inácio "Lula" da Silva, un frente concertado de los BRICS para contrarrestar la guerra arancelaria de Trump. El Imperio del Caos, la versión 2.0 de Trump, está librando una guerra híbrida contra los BRICS, especialmente contra los cinco principales: Rusia, China, India, Brasil e Irán.

Putin logró una pequeña victoria en Alaska. Trump: "Los aranceles a los compradores rusos de petróleo no son necesarios por ahora (...) Quizás tenga que pensarlo en dos o tres semanas".

Incluso considerando la previsible volatilidad, la búsqueda de un diálogo de alto nivel con EE.UU. abre a los rusos una ventana para promover directamente los intereses de sus pares BRICS, incluyendo, por ejemplo, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos, a quienes la avalancha de sanciones y aranceles y la rusofobia desenfrenada que los acompaña les impide una mayor integración económica en Eurasia.

Desafortunadamente, nada de lo anterior se aplica a Irán: el eje sionista tiene un férreo control sobre cada rincón de las políticas de Washington con respecto a la República Islámica.

Está claro que tanto Trump como Putin tienen una estrategia a largo plazo. Trump quiere deshacerse del incordio de Kiev, pero sin aplicar las tácticas tradicionales estadounidenses de golpe de Estado o cambio de régimen. En su mente, lo único que realmente importa son los futuros y posibles megaacuerdos comerciales sobre la riqueza mineral rusa y el desarrollo del Ártico.

Putin también necesita lidiar con las críticas internas que no perdonan ninguna concesión. La desesperada manipulación de los medios occidentales, que afirma que ofrecería congelar el frente en Zaporiyia y Jersón a cambio de obtener toda la República de Donetsk, es absurda. Eso iría en contra de la Constitución de la Federación Rusa.

Además, Putin necesita gestionar cómo se permitiría la entrada de empresas estadounidenses en dos áreas que son fundamentales para las prioridades federales y un asunto de seguridad nacional: el desarrollo del Ártico y el Lejano Oriente ruso. Todo esto se debatirá en detalle dentro de dos semanas, en el Foro Económico Oriental en Vladivostok.

Una vez más, sigan el rastro del dinero: Ambas oligarquías, la estadounidense y la rusa, quieren volver a los negocios rentables cuanto antes.

Pintalabios en un cerdo derrotado

Putin, respaldado por el ministro de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov — el indiscutible Jugador del Partido, con su declaración de estilo CCCP [URSS] — , finalmente tuvo tiempo de sobra, 150 minutos, para explicar en detalle las causas subyacentes de la Operación Militar Especial rusa y exponer las razones para una paz a largo plazo: neutralidad de Ucrania; milicias y partidos neonazis prohibidos y desmantelados; fin de la expansión de la OTAN.

Geopolíticamente, lo que pueda suceder a partir de Alaska no invalida el hecho de que Moscú y Washington al menos lograron ganarse un respiro estratégico. Eso podría incluso dar un nuevo impulso hacia el respeto por las esferas de influencia de ambas potencias.

Así que no es de extrañar que el frente atlantista, desde los ricos de Europa hasta los novatos en ostentación, esté en pánico porque Ucrania es un gigantesco mecanismo de lavado de dinero para los políticos eurobasura. La kafkiana maquinaria de la UE ya ha llevado a la bancarrota a sus Estados miembros y a sus contribuyentes, pero, en cualquier caso, ese no es problema de Trump.

En las latitudes de la Mayoría Global, Alaska mostró el desgaste del atlantismo sin ambages, revelando que EE.UU. busca una Europa dócil, sometida a la estrategia de la tensión; de lo contrario, no habría un aumento militar de la UE, comprando miles de millones de dólares en armas de EE.UU. sobrevaloradas con dinero que no tiene.

Al mismo tiempo, a pesar de los ambiciosos designios privados de la oligarquía estadounidense sobre los negocios rusos, lo que los titiriteros de Washington realmente quieren es romper la integración euroasiática y, por ende, todas las organizaciones multilaterales (BRICS, OCS), impulsadas a diseñar un nuevo orden mundial multinodal.

Por supuesto, una rendición de la OTAN (incluso mientras está siendo derrotada estratégicamente en todo el espectro) sigue siendo anatema. Trump, en el mejor de los casos, está pintando los labios a un cerdo, intentando elaborar, con su característica fanfarria, lo que podría venderse como una estrategia de salida del Estado Profundo, hacia la próxima Guerra Eterna.

Putin, el Consejo de Seguridad Ruso, los BRICS y, en realidad, la Mayoría Global no se hacen ilusiones.