
Aunque se han publicado numerosos artículos sobre diversos aspectos paleobiológicos y ecológicos de estas especies (tipo de locomoción que presentaban, cómo era el ecosistema donde vivieron, etc.), hasta ahora no se había estudiado su dieta a partir de las marcas que los alimentos dejaron en sus dientes. Cada tipo de alimento produce una abrasión microscópica característica en el esmalte dentario que los paleontólogos pueden identificar y asociar a un tipo de dieta mediante la comparación con especies actuales de dietas conocidas, haciendo cierta la frase: "somos lo que comemos".
El análisis de estas marcas de desgaste ha revelado que las diferentes especies de hominoideos del Mioceno presentaban una alimentación diversa y no basada en hojas y brotes, como se pensaba hasta ahora. Mientras que Pierolapithecus catalaunicus comía alimentos duros (como podían ser frutos con cáscara o semillas), otros como Hispanopithecus preferían frutos más blandos. Asimismo, otras especies habrían alternado una combinación de ambos tipos de alimento en función del ambiente donde vivían, algo poco común en las especies actuales de primates.
En esta investigación, publicada en la prestigiosa revista PLOS ONE por un equipo de investigadores del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont encabezado por Daniel DeMiguel, especialista en desgaste dental y reconstrucción dietética, también se ha analizado la dieta de otras especies de hominoideos del este de Europa y que también presentan este patrón de especializaciones, aunque con algunas diferencias. Mientras que las especies catalanas se alimentaban principalmente en los árboles (como lo haría el orangután actual), éstas pasaban más tiempo en el suelo. En algunos casos, no parece haber claros análogos actuales en cuanto a dietas se refiere.
El estudio relaciona esta diversidad en la dieta con el inicio de un cambio climático, que se habría vuelto más frío y con una estacionalidad más marcada. "Cuanto más plástica es una especie, más capacidad de adaptación tiene ante una crisis ambiental. Así que, probablemente, los hominoideos desarrollaron diferentes dietas como respuesta a una gran variedad de ecosistemas que aparecieron tras el cambio climático, hecho que les fue también útil para minimizar la competencia entre ellos", explica Daniel DeMiguel. En algunos casos, la especialización alimentaria también estaría vinculada con el desarrollo de nuevas capacidades locomotoras. Así por ejemplo, las adaptaciones a la suspensión de Hispanopithecus le habrían permitido llegar más fácilmente a las ramas terminales para alimentarse.
Curiosamente, esta especialización en la dieta que les permitió adaptarse a diversos ambientes y les permitió sobrevivir, también podría haber sido la causa de su extinción.
Cuando los cambios en el clima se hicieron más acusados, los hábitats de estas especies se fragmentaron y sus alimentos favoritos comenzaron a escasear durante largas épocas del año. En Europa central y occidental, estas especies no habrían sido capaces de adaptarse a otros tipos de alimentación y se extinguieron hace entre 12 y 9 millones de años, mientras que las especies del este de Europa sobrevivieron hasta hace 7 millones de años.
En el estudio se han analizado 15 molares de 5 especies diferentes de hominoideos de la Península Ibérica: Pierolapithecus catalaunicus, Anoiapithecus brevirostris, Dryopitecus fontani, Hispanopithecus Crusafont e H. laietanus, y de 4 especies del oeste del continente euroasiático, encontradas en las actuales Grecia, Italia, Hungría y Turquía: Griphopithecus alpani, Hispanopithecus hungaricus, Ouranopithecus macedoniensis y Oreopithecus bambolii.



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