Artículo escrito por Jihyun Lee y traducido por Alejandra Alonso.

Mucha gente piensa que para ser exitosos hay que ser apasionado. La pasión hace que los desafíos se disfruten. Da la resistencia necesaria para sobresalir. Sin embargo, hay algunos contraejemplos donde la pasión no parece ser un ingrediente necesario para el éxito. Uno de esos es el caso del éxito académico. Uno pensaría que los estudiantes exitosos deben ser apasionados en relación a su escolaridad, y que esta pasión por la escuela daría cuenta, al menos en parte, de por qué algunos alumnos son exitosos y otros no. Pero esto no es correcto. Mi investigación ha encontrado que no hay relación entre cuán bien les va a los estudiantes académicamente y cuál es su actitud real hacia la escolaridad. Un estudiante no necesita pasión por la escuela para ser exitoso académicamente.
Los resultados de mi investigación derivan del análisis de una base de datos internacional a gran escala llamada Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA por sus siglas en inglés). La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OECD, por sus siglas en inglés) hace que se pueda acceder a dicha base de datos cada 3 años. Es un tesoro que da a científicos como yo una visión inigualable sobre lo que los estudiantes piensan de su educación.

En la evaluación PISA más reciente, del 2015, 72 países y economías contribuyeron. Pruebas de lectura, matemáticas y ciencias, junto con un cuestionario sobre actitudes, creencias, hábitos de aprendizaje y similares, se administran a muestras representativas nacionales de chicos de 15 años alrededor del mundo. En encuestas previas, se utilizaron cuatro opciones simples para evaluar la actitud de los estudiantes hacia la escuela:

- la escuela ha hecho poco para prepararme para la vida adulta cuando la deje

- la escuela ha sido una pérdida de tiempo

- la escuela me ayudó a ganar confianza para tomar decisiones

- la escuela me ha enseñado cosas que pueden ser útiles en un trabajo

Resultó ser que correlaciones directas y simples entre los logros académicos del alumno y su actitud hacia la escuela estaban cerca del cero. Lo que esta lejos de ser una anomalía. El resultado cercano a cero se replicó en el PISA de 2003, 2009 y 2012. No hubieran diferencias con respecto al contexto socioeconómico de los alumnos. El género no afectó los hallazgos, y se mantiene tanto para países desarrollados como en desarrollo. Solo cerca del 2 por ciento del desempeño de PISA en matemáticas fue explicado por las actitudes de los estudiantes hacia la escuela en 62 países. Esto significa que, en la mayoría de los países, los estudiantes con conocimientos académicos no mantienen a su escuela en alta estima. De manera similar, los estudiantes con menos conocimientos académicos no necesariamente tienen opiniones pobres de su escolarización. Simplemente no hay conexión. Esto levanta la intrigante pregunta sobre la motivación. Si no hay una relación real entre los logros académicos y la actitud, ¿entonces qué motiva a los estudiantes brillantes a lograr el éxito académico? Ciertamente no es debido a una abundante pasión por la escuela.

La respuesta es que viene de adentro. Otro estudio basado en PISA ha sugerido que lo que separa a los estudiantes con más y menos conocimientos académicos son las creencias personales sobre sus propias fortalezas y debilidades. Variables psicológicas individuales tales como autoeficacia, ansiedad y disfrute por el aprendizaje en sí mismo, explican entre el 15 y el 25 por ciento de la variación en los logros de los estudiantes. Colectivamente, investigaciones muestran que las creencias de los estudiantes en sus propias habilidades de resolución de problemas es mucho más importante que su percepción de la escuela.

Esto es un problema. La actitud de los alumnos hacia la escuela debería importar por varias razones. Si los estudiantes encuentran difícil ver los beneficios directos de su escolarización, si piensan que su escuela ha fallado en llenar sus expectativas, y si perciben que sus habilidades académicas son aprendidas fuera de la escuela, es posible que esto afecte su visión de las instituciones formales más tarde en la vida. Y por supuesto, muchas personas tienen visiones pesimistas sobre el rol que juegan las instituciones formales — una mirada que muy bien pudo haber derivado de las experiencias en la escuela durante los años de formación. Las instituciones formales moldean la vida de los ciudadanos. Deben ser apoyadas, mejoradas y fortalecidas — no descartadas. Así que se debería enseñar a los estudiantes a invertirse en instituciones formales, en vez de despedazarlas o no formar parte de ellas.

¿Qué puede hacerse? Los adultos responsables de tomar las decisiones sobre la escolarización necesitan ser más competentes sobre las influencias a largo plazo que puede tener la escuela en las actitudes y creencias de los estudiantes. Se debe dar un fuerte énfasis a la inclusión de trabajos prácticas en grupo que emulen lo que ellos vayan a hacer en la vida cuando se gradúen. Si los estudiantes alcanzan o no a ver el vínculo entre su presente y futuro, esto puede tener consecuencias críticas para nuestra sociedad.