El cambio de hábitos y la industria alimentaria han cambiado radicalmente los cuerpos de los habitantes de la región.

La obesidad en México y en América Latina es un problema de salud pública y una pandemia tanto por los costos que da a los gobiernos nacionales (13.000 millones de dólares en México, 3.000 millones en Ecuador y 1.000 millones en Chile) como por los males que ocasiona.
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Según diversas informaciones y estudios publicados en los medios de comunicación México lidera casi siempre los indíces de obesidad. En la última década se ha convetido en el país de la región con más obesidad (70% en hombres y 74% en mujeres) y ahora es la nación con más niños obesos del mundo.

En el 2017 las cifras siguen alarmando, pues de acuerdo con el último informe de la Organización de las Naciones Unidas, una tercera parte de las poblaciones de México, Ecuador y Chile tiene obesidad.

¿Cómo lidiar con el problema? Si bien existe una serie de factores que comienzan con lo genético, los hábitos sedentarios y la expansión de la industria alimenticia son determinantes en el problema, pero entenderlos podría llevar también a una solución.

El origen

En México, la dieta ancestral estaba constituida por alimentos como el frijol, maíz, amaranto, chiles, calabaza ychayotes. Además, la actividad física era totalmente distinta: "No hacían ejercicio, no existían los pilates, el 'crossfit'. La actividad física de cazar y sembrar era una actividad brutal", explica a RT Yaiza Bejos, licenciada en Nutrición.

Esta dieta, combinada con la actividad física, mantenía nutrida a la población mexicana hasta que comenzó un cambio en las últimas décadas del siglo XX. El doctor Jorge López Arriola, médico especialista en Nutrición Clínica, detalla que a partir de la década de 1970 comenzó un proceso exponencial de obesidad.

"Era rarísimo ver en un grupo escolar un gordito. Ahora el raro es el delgado y los gorditos predominan", detalla Arriola. Incluso hace autocrítica: "En eventos científicos y médicos sobre obesidad tenemos un índice de obesidad de nueve a uno, ¿cómo es posible?".

La industria alimenticia

La nutrióloga Bejos señala que la influencia de la industria alimenticia de Estados Unidos y la introducción de las cadenas de comida rápida en 1985 fueron un punto de quiebre.

Olivo Iglesias, médico general, explica que la calidad de los productos ha disminuido desde entonces. Un aumento en la demanda con mayor cantidad de población ha hecho que se abaraten los costos de producción. Para que los productores tengan más ganancias, han introducido azúcares complejos y harinas modificadas.

"Mientras más complejo el carbohidrato, más trabajo para el hígado procesarlo", detalla Iglesias.

"La industria alimenticia ha hecho cosas crueles con los alimentos y se lo han permitido", opina el médico López Arriola: "La suma de estos nuevos elementos en la comida industrial también tiene un efecto a nivel cerebral, efectos que rayan en la adicción".

Los gobiernos en México, detalla el médico, han permitido que esta materia prima artificial llegue a los alimentos. Arriola explica que de acuerdo con la Norma Oficial Mexicana la carne para hamburguesas debe contener un 15% de carne: "Uno se pregunta, ¿y lo demás qué es?"

También cuenta que las harinas que usan cadenas de comida rápida como Subway y el pan para hamburguesas tienen componentes plásticos. O, por ejemplo, el glutamato monosódico que se encuentra en productos como Knorr o las salsas inglesas incrementan el sabor y dan placer cerebral, pero a altos costos en la salud. La revista 'El Poder del Consumidor' publicó una lista con diversas sustancias de uso industrial que en ocasiones son usadas en la producción de alimentos.

Beijos explica que, por el otro lado existe la comida orgánica y vegana, a la que no todo mundo tiene acceso por sus precios. Sin embargo, señala que en América Latina la disponibilidad de productos es amplia, ya que la tierra latinoamericana es fértil y los productos son relativamente bajos en costo.

La paradoja: vida sedentaria pero con prisas

El uso extensivo del automóvil para moverse en las ciudades donde las personas no caminan más de un kilómetro a diario, las presiones y el estrés, el consumismo y la inmediatez, además de la vida sedentaria, favorecen la obesidad, coinciden los expertos entrevistados por RT.

La comida rápida, incide Bejos, ha sustituido el supuesto trabajo que cuesta cocinar. A cambio, explica López Arriola, se consumen alimentos de baja calidad nutricional: "Tacos, tortas, Mc Donald's, esa es la comida de las oficinas".

"La obesidad es el reflejo exacto de nuestro comportamiento social, flojos, hedonistas, conformistas, sabemos que estamos gordos y vemos la panza. O tenemos la hipocresía de comer diez tacos y un refresco de dieta. Es una enfermedad que nos refleja a la sociedad actual", dice López Arriola.

El factor genético

Además, existe un factor genético para explicar de dónde viene esta epidemia, dado que hay sobrepeso y enfermedades asociadas como la hipertensión arterial y diabetes. Es una predisposición importante, pero no es la única necesaria para que se expresen enfermedades.

"Siempre hemos tenido esa carga", recuerda el médico Olivo Iglesias.

Sin embargo, Beijos explica que 30 años de altas tendencias de obesidad hacen que sea tan constante la enfermedad que los niños tienen problemas de salud a temprana edad: algunos son diagnosticados con diabetes a los 9 años y otros mueren de infartos con 11 años.
"Pero así como hay personas en Estados Unidos con cáncer, todos tenemos riesgos. No es que el mexicano esté condenado, pero si te embarazas con obesidad hay problemas, porque estás en un estado de desnutrición y desequilibrio", detalla la nutrióloga.

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López Arriola da un peso importante a esto también: un lugar con padres y maestros obesos hace una "fábrica de obesos".

"La genética habla de genes, cromosomas, y la genética solo te predispone. Si vienes de familia de gorditos tienes probabilidad que con malos hábitos seas gordito, pero si cambias los hábitos y ciudas de tu alimentación seguramente vas a poder evitar ser gordito. La genética predispone, pero los hábitos determinan", detalla López Arriola.

Usar el cuerpo

Todos los entrevistados por RT coincidieron con que la salida a este círculo es el cambio de hábitos.

Para el doctor Iglesias, la salida a este problema, al menos a nivel individual, tiene que ver con informarse, porque "también hay una fobia a la obesidad, y ese es otro extremo".

Iglesias explica que la política pública, en lugar de "agarrar el toro por los cuernos", debe "prevenir las cornadas".

En México existe un impuesto a los refrescos y las bebidas azucaradas desde el 2014, pero esto no ha resuelto el problema. Iglesias opina que, más bien, la Secretaría de Salud debería funcionar como una entidad preventiva, y más allá de campañas, poner un freno a la industria y que las normas oficiales incluyan, como en países europeos, porcentajes de azúcares por porción.

"La comida ha dejado de ser nutritiva y agradable y satisfactoria desde el punto de vista social, comemos ahora para llenarnos y ya no para convivir, estar satisfechos", resume López Arriola. Además, el médico detalla que comer de prisa no da tiempo a que el reflejo de saciedad de 20 minutos parezca una señal que nos limite. Por ello, opina que tanto a nivel individual como social se puede volver a la comida natural, no procesada y usar el cuerpo para movilizarse.

"Las sociedades que tienen menos uso de automóvil, más socialización y consumen hortalizas y granos y frutas son las que no tienen incidencia de mortalidad por obesidad", concluye.