La genética puede ser una gran aliada en el emprendimiento. En el caso de Juan Pedro Navarro, los genes han sido prósperos por doble partida: el gen emprendedor familiar y el gen que atribuye a las plantas resistencia a los metales pesados. Este segundo gen, aplicado a una planta -la Nicotiana glauca- ayuda a descontaminar suelos de forma más barata y natural y así recuperarlos. En esta idea se apoya Abba Gaia.

Juan Pedro Navarro
© Desconocido
Juan Pedro Navarro, director
La pyme valenciana lidera el proyecto europeo Ecoglauca Ergon que desarrolla parcelas experimentales en las localidades de Enguera y Fontanars dels Alforins, recuperando la salud y fertilidad de terrenos de cultivo yermos y abandonados de secano, que son foco de inicio de incendios forestales. Gracias a él, se compatibiliza la mejora ambiental con la mejora en las rentas de los agricultores con la explotación de la biomasa como recurso. El proyecto cuenta con un presupuesto de más de 1.300.000 euros, la mitad, financiado por la Comisión Europea.

Aunque la constitución de Abba Gaia data de 2008, su primera línea de negocio nació en 1998. Navarro, doctor en Ciencias Químicas Químicas acumula más de 20 años de experiencia en distintos centros de investigación nacionales además de en la Universidad de Davis en California. Con el desastre ecológico de Aznalcóllar (producido por un vertido de residuos tóxicos en el Parque nacional y natural de Doñana), Navarro participó en el grupo interdisciplinar del CSIC desplazado al terreno para estudiar la recuperación del suelo contaminado. De allí surgió el proyecto de primera mejora por ingeniería genética de la Nicotiana glauca (conocida como tabaco moro).

La planta acumula metales pesados, por ello sólo crece en lugares áridos o contaminados. El equipo del doctor Navarro, potenció sus capacidades mediante biotecnología. "Con el 90% de métodos utilizados actualmente, simplemente se traslada el suelo a un vertedero autorizado, a dos millones de euros por hectárea", explica Joaquín Fayos, gerente de Abba Gaia a Valenciaplaza.com. Descontaminar por esos métodos un terreno del tamaño de un campo de fútbol cuesta 5 millones de euros entre el desplazamiento de maquinaria, personal y logística. Utilizando una planta modificada genéticamente, la capacidad de secuestrar metales pesados se multiplica entre 40 y 100 veces. "Con este proyecto cosechamos un gran éxito en la Exposición Universal de Hannover en el año 2000 y sobre él hemos ido trabajando y mejorando". Hoy, la compañía tiene su plantación experimental en Valencia, cerca de Benimamet.

La otra línea de negocio que explota la pyme es el de las plantaciones energéticas. "Observamos que este mismo gen también consigue ampliar la capacidad calorífica de una planta", apunta Fayos. Como la planta que encontró Navarro sobrevive tanto en Villena a 18 grados bajo cero como en el desierto de Israel, se cubre todo el mundo sin necesidad de invertir 7-8 años en cultivar nuevas plantas para conseguir modificar una especie para adaptarla a un lugar para producir biomasa. Además, según recuerda Fayos, "se está potenciando las energías renovables en el PANER (Plan de Acción Nacional de Energías Renovables) 2010-2020 y especialmente la biomasa, que es la que más alta prima tiene ahora".

Con una plantilla de 13 personas y radicada en el Parque Tecnológico de Paterna, la firma valenciana provee sus servicios a compañías que colaboran con grandes energéticas como Acciona, Iberdrola y Gestamp, que están promoviendo plantas de biomasa y evaluando los cultivos energéticos. De hecho, el trabajo de Abba Gaia "no es vender plantas" como explica Fayos. La pyme gestiona todo el proceso de descontaminación de un terreno o producción energética en terrenos confinados, de acceso restringido.

Como en tantos otros casos de empresas de base tecnológica (esta pertenece al Club de Empresas del CEEI Valencia), el CDTI y el IMPIVA han sido sus principales fuentes de financiación, y para quienes desarrollan proyectos actualmente.

En la línea de su negocio sostenible a partir del respeto a la naturaleza, la compañía se muestra orgullosa también de hacer pública su cláusula de conciencia. Esta "desliga ipso facto a Abba Gaia de sus representantes en el caso de que se detecte el pago de comisiones no honestas por los mismos para conseguir la realización de un proyecto". Así, Fayos explica que por principio no quieren "trabajar con gente que utilice el tráfico de influencias para facilitarnos un contrato ni admitimos la compra deshonesta de nuestros servicios". Por todo ello, la compañía pionera en fitorremediación es también una de las primeras biotecnológicas con un código ético tan transparente.