Un adolescente homosexual de 14 años se suicidó en Estados Unidos y, nuevamente, puso sobre el tapete el tema del abuso y odio que puede llegar a límites insospechados. El nombre del adolescente es Jamie Rodemeyer y su caso sirve para testificar un flagelo que también rebota en Argentina.

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Jamie es la última víctima del bullying
Jamie Rodemeyer hoy es el nombre que simboliza el regreso del bullying. Una práctica tan usual como detestable. Jamie es un chico de 14 años que decidió suicidarse, agobiado por los abusos, cargadas y castigos que recibía tan sólo por ser gay.

El chico era fanático de Lady Gaga. La ícoco del Pop, a quien el chico agradece en su mensaje final en Facebook, aseguró que se reunirá con el presidente de Estados Unidos Barack Obama para exigir una ley contra el acoso en las escuelas.

James venía avisando su final. Hace meses en su cuenta de Twitter y Facebook venía anticipando que su vida era un infierno, cuando contaba los padecimientos que sufría en la escuela y en las redes sociales por ser homosexual, y hasta llegó a filmar un video de la serie "It gets Better" ("Se pone mejor") en la que manifestaba su esperanza de poder sobreponerse a las burlas.

Sin embargo, pese a su optimismo, el adolescente oriundo de Buffalo, en Nueva York, no pudo soportar el acoso. Sus padres lo encontraron sin vida este pasado lunes luego de dejar en las redes sociales un mensaje de despedida.

"Jamie era acosado, pero también tenía buenos amigos que lo apoyaban y fue un adolescente feliz", aseguró su madre, que reveló que su hijo asistía a un terapeuta para luchar con su depresión.

Lady Gaga, apenas conocida la noticia, twitteó: "En los últimos días estuve llorando, reflexionado y gritando. Estoy muy enojada". También habló Ricky Martin, que manifestó su indignación por la muerte del joven: "Cuantas vidas tenemos para perder para finalmente detener el acoso, el odio, la intolerancia, el abuso" escribió.

Lo concreto es que, nuevamente, una práctica tan aberrante e innecesaria como el bullying se cobró una vida más. Siempre termina mal o al menos la mayoría de las veces. A veces no hace falta ni que sea adolescente ni la reacción llega en ese periodo.

En Brasil, por ejemplo, es célebre el episodio de principios de este año, cuando un hombre entró a punta de pistola a su ex escuela y mató a alumnos y profesores.

En Argentina también hay antecedentes y/o ecos del tema. Es recordado el caso de Junior. El adolescente que en Carmen de Patagones ultimó a tres personas, harto de que lo llamaran "Pantriste", como el reconocido dibujito por esos días. Puede no llamarse Bullying en estas latitudes, pero la tortura y el dolor que sufre quienes lo padecen no reconocen de idiomas.

Se trata de la cargada excesiva, la tortura psicológica y, a veces, hasta el castigo físico. El ámbito predilecto de esta práctica son los colegios secundarios o High School en Estados Unidos. A veces, también, los hay en la Universidad, sobre todo en algunos campus.

Incluso, PlayStation sacó un juego que se llama "Bullying" en que el objetivo era ser un chico malo e ir molestando a otro chicos. Se incluía como objetivo, golpear a alguien, pegarle con la gomera, hacerlo quedar mal enfrente de otros, robarle dinero. En fin, la legitimación de la práctica.

La sociedad entera debe reflexionar. No puede ser que una condición como ser nerd, muy gordo, feo, muy flaco o ser homosexual, entre otras causales, lleven a un grupo de gente o a alguien a sentirse con el derecho de torturar psicológica y físicamente a alguien hasta llevarlo a extremos terribles, como el suicidio o el asesinar a alguien.