El nuevo plan europeo pasa por lavar cerebros mediante eventos como Eurovisión con el fin de hacernos creer el mantra protestante-sionista: Rusia y Palestina son bárbaros y agresores al mismo nivel.
No es inocente que la gala de Eurovisión se celebrase este año en un estadio de futbol porque, tal como están las cosas, ser europeísta se está convirtiendo hoy en día en algo propio de hooligans que como Javier Cercas, el ateo oficial del Vaticano, proclaman envalentonados que
"aquí se hace Europa o se muere". Europa está sufriendo algo así como un segundo rapto, pero ahora no es Zeus quien la engaña y secuestra para satisfacer sus caprichos de jerarca pagano, sino el morlaco viejo y hormonado Netanyahu con la ayuda de los banderilleros y picadores de la Mossad. Lo que este sábado las cámaras quisieron mostrar de manera selectiva fue grotesco. Muchachos y muchachas engordados en
la granja europea de derechos gritando Europa y haciendo corazoncitos con las dos manos mientras la representante de Israel cantaba lacrimógena desde el escenario que (después del genocidio en Gaza, se entiende) "Un nuevo día surgirá". Aunque, sin lugar a dudas, lo peor llegó al final, cuando la presunta democracia del televoto aseguró contra toda lógica y con olor a tongo y chamusquina, que los europeítos de a pie — españolafricanos incluidos — habíamos declarado nuestra preferencia ciega y absoluta por Israel, haciéndolos, además, casi ganar.
Comentario: Parece que esta iniciativa no esta dirigida a proteger los valores europeos en absoluto, parece más una iniciativa diseñada para endurecer el control sobre las libertades de la ciudadanía.