Traducido por el equipo de SOTT.net

¿Quién diría que el número 2 sería el número 1 en el control de tu salud?
Toilet Bowls
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Primero vinieron a por tu sueño, luego tu frecuencia cardíaca, después tus pasos, la ovulación, los niveles de oxígeno y el azúcar en sangre. Era solo cuestión de tiempo que apuntaran al dato más personal de todos: el contenido depositado en tu trono de porcelana.

seashell-shaped device
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Empresas como Kohler y Withings están comercializando dispositivos que se instalan en el inodoro para realizar un seguimiento de diversos parámetros de salud. Withings anunció por primera vez su «ecosistema» U-Scan en la Feria de Electrónica de Consumo hace dos años y lo ha lanzado esta semana en Estados Unidos y Europa.

Dos cartuchos diferentes dentro del dispositivo con forma de concha marina permiten a los usuarios controlar su salud y nutrición midiendo biomarcadores urinarios como los niveles de hidratación, cetonas, vitamina C y calcio.

Por su parte, Dekoda, de Kohler, utiliza una cámara para analizar las heces. La cámara acoplable, que cuesta 599 dólares, se fija en la taza del inodoro y proporciona información sobre la salud intestinal y la hidratación, e incluso avisa a los usuarios cuando detecta sangre en el agua o en las heces.

Aunque Kohler te recuerda cuidadosamente que la cámara solo apunta hacia abajo, lo que hace imposible fotografiar tus partes íntimas, una vez que el inodoro te identifica, ya no puedes fingir que la privacidad sigue existiendo en tu hogar.
Sensor in Toilet
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El argumento es seductor: seguimiento sin esfuerzo, alerta temprana, información personalizada. Pero aquí es donde el bienestar y la vigilancia finalmente se fusionan. Una cámara dentro de tu inodoro, incluso una «que no mira hacia los usuarios», es una infraestructura para la supervisión continua y la predicción del comportamiento, y normaliza la vigilancia constante de cada faceta de nuestras vidas. Con esto, ya nada es sagrado.

Luego están las letras pequeñas legales y la gran cantidad de preguntas que plantea esta tecnología.

Kohler afirma que las imágenes que captura están encriptadas, pero ¿dónde se procesan? ¿Quién es el propietario del modelo que interpreta tus heces? ¿Se pueden piratear las cámaras y girarlas para que miren hacia los usuarios? ¿Acabarán las aseguradoras, los empleadores o los gobiernos teniendo acceso a las firmas intestinales «anonimizadas»? ¿Acabarán tus heces delatándote al indicar al algoritmo cuándo estás estresado, embarazada, deprimido o mintiendo?

El cuarto de baño era el último espacio sin mediar que quedaba en el hogar «inteligente» moderno. Cuando eso desaparezca, no quedará ningún lugar al que retirarse de la mirada ajena, ni siquiera en tu acto más privado.

Y aquí hay una verdad que la medicina entendió en su momento, una verdad que vale la pena recuperar antes de cederla al algoritmo:

Desde una perspectiva médica, no vale la pena prestar atención a 1) cosas que no tienen consecuencias, 2) cosas que tienen consecuencias pero que están fuera de nuestro control, o 3) cosas en las que sólo podemos intervenir causando más daño que el propio problema.

Así que quizá el acto más radical que nos queda por hacer en materia de salud sea saber cuándo dejar en paz a nuestro cuerpo - y cuándo dejar de recopilar datos.