Traducido por el equipo de SOTT.net

Un nuevo estudio publicado en Scientific Reports titulado Las longitudes de onda más largas de la luz solar atraviesan el cuerpo humano y tienen un impacto sistémico que mejora la visión, confirma lo que los estudios con animales llevan tiempo sugiriendo: las longitudes de onda más largas de la luz solar — especialmente en el rango infrarrojo (830-860 nm) — pueden penetrar en el cuerpo humano y mejorar la función mitocondrial de forma sistémica. Sorprendentemente, incluso 15 minutos de exposición de la espalda (totalmente vestido) mejoraron la visión 24 horas después, sin que entrara luz en los ojos.
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En el estudio participaron 40 adultos (de entre 25 y 63 años). Los investigadores midieron primero la transmisión de la luz solar colocando un radiómetro contra el pecho de los participantes, que estaban sin camiseta y de pie bajo la luz solar directa del mediodía. A continuación, en un entorno de laboratorio controlado, los sujetos fueron expuestos durante 15 minutos a luz LED de infrarrojo cercano (NIR) de 850 nm dirigida hacia sus espaldas. Se evaluó el rendimiento visual antes y 24 horas después de la exposición mediante pruebas de sensibilidad al contraste de color. Para aislar los efectos sistémicos de la exposición ocular directa, un subgrupo llevó gorros envueltos en papel de aluminio para bloquear completamente la luz y evitar que llegara a los ojos.

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© Focal Point
  • La luz solar penetra en el torso humano. Las longitudes de onda infrarrojas (especialmente las de 850 nm) atravesaron el pecho y la espalda, llegando a los tejidos internos. Se observó un pico de transmisión entre 800 y 875 nm.
  • Mejora mitocondrial de la función visual. Una única exposición de 15 minutos a luz de 850 nm condujo a una mejora del 16 % en la sensibilidad al contraste tritan (azul-amarillo) y a una mejora del 9 % en la sensibilidad protan (rojo-verde) 24 horas después, incluso en condiciones de poca luz.
  • Efecto sistémico confirmado. En los participantes cuya cabeza estaba completamente cubierta con papel de aluminio (bloqueando toda exposición ocular), la sensibilidad tritan aún mejoró en un 7 %, lo que demuestra que la luz de longitud de onda larga actúa de forma sistémica — probablemente a través de las vías de señalización mitocondrial y de citocinas — .
  • La ropa no es una barrera. Incluso seis capas de prendas comunes (camiseta, camisa, jersey de lana) eran casi 100 veces más transparentes a la luz de 850 nm que a la luz visible, lo que permitía que los infrarrojos llegaran a la piel y a los tejidos subyacentes.
  • Advertencia sobre el entorno construido. La mayoría de la iluminación LED interior carece de infrarrojos y, en su lugar, emite picos pronunciados en el espectro azul (400-450 nm), que se sabe que deterioran la función mitocondrial y elevan el estrés oxidativo, especialmente en ausencia de longitudes de onda largas que lo equilibren.
Estos hallazgos ponen de relieve el papel fundamental que desempeña la luz solar de espectro completo — en particular sus componentes infrarrojos — en el mantenimiento de la salud celular y la función sensorial. Dado que los entornos modernos dependen cada vez más de la iluminación artificial, que omite estas longitudes de onda beneficiosas, estamos privando a nuestro organismo de señales biológicas esenciales. La exposición diaria a la luz solar natural, incluso a través de la ropa, parece ser una herramienta sencilla pero eficaz para favorecer la salud mitocondrial y optimizar la visión.