Traducido por el equipo de SOTT.net

© Strategic Culture Foundation
El presidente de Estados Unidos, Trump, volvió a amenazar esta semana con abandonar la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Calificó a la alianza militar de «tigre de papel» y afirmó que la retirada de Estados Unidos del bloque estaba «fuera de discusión».
Es extraordinario el espectáculo de desprecio de un presidente estadounidense hacia un supuesto pilar del orden occidental. Y resulta divertido ver cómo los vasallos europeos se llevan las manos a la cabeza, temerosos de que «papá» los abandone.De hecho, existe una ruptura histórica en la alianza transatlántica que ha definido ocho décadas de relaciones entre EE.UU. y Europa. La ruptura es una señal positiva del debilitamiento de las potencias imperialistas occidentales, lo que conduce a disputas internas y recriminaciones.
Pero es demasiado pronto para declarar el fin de la OTAN. Esto se debe a que, en última instancia, el belicismo estadounidense depende del bloque como herramienta, tanto militar como políticamente.
El desprecio de Trump por la OTAN se remonta a su primer mandato (2017-2021), cuando advirtió por primera vez que sacaría a EE.UU. de la alianza transatlántica. Ahora, parece decidido a llevar a cabo esa amenaza. En entrevistas con el
Daily Telegraph británico y
Reuters, Trump
indicó que tenía la decisión tomada de retirarse.
Sin duda, muchos responsables europeos
creen que Trump habla en serio y que la OTAN corre el riesgo de desintegrarse. Diplomáticos y comentaristas a ambos lados del Atlántico coinciden en que la alianza se enfrenta a la peor crisis de sus 77 años de historia.
El
recrudecimiento de las tensiones se debe a la imprudente guerra de Trump contra Irán. Tras cinco semanas de un conflicto devastador, el presidente estadounidense parece verse desbordado por unas repercusiones con las que no contaba. En un
discurso televisado a la nación esta semana, Trump se jactó de la «victoria» sobre Irán. Pero, a pesar de su bravuconería, la victoria está lejos de estar asegurada. Irán ha cerrado el estrecho de Ormuz durante cinco semanas y seguirá haciéndolo bajo su control, cortando el suministro mundial de petróleo, lo que está causando estragos en la economía internacional, incluida la de EE.UU. La popularidad de Trump en las encuestas se ha desplomado.
Trump está molesto porque los aliados europeos de la OTAN no se han sumado a los ataques militares de EE.UU. e Israel contra Irán. Ha tachado a los líderes europeos de «cobardes» y acusa a la alianza de la OTAN de traicionar a Estados Unidos. «Nosotros estuvimos ahí para ellos en Ucrania, pero ellos no están con nosotros contra Irán», se quejó esta semana.
Los asesores de Trump, como Marco Rubio, el secretario de Estado, y el autoproclamado secretario de Guerra, Pete Hegseth, se hicieron eco de las quejas sobre las naciones europeas que utilizan a EE.UU. y a la OTAN como «una calle de sentido único».
Resulta ridículo que los berrinches y la egolatría de este presidente se encuentren en una espiral de contradicciones tal que acaban poniendo de manifiesto su disonancia cognitiva con la realidad. ¿Por qué amenaza con bombardear a Irán hasta devolverlo a la Edad de Piedra en las próximas semanas (una amenaza genocida) si Irán ya está derrotado? Si EE.UU. ha «destrozado» tanto a Irán militarmente, ¿por qué el presidente está suplicando a la OTAN y a otros que intervengan para forzar la apertura del estrecho de Ormuz, algo que, según él, sería «fácil» de hacer?
Trump y su gente, al igual que muchos estadounidenses que creen en los mitos de la propaganda nacional, opinan que EE.UU. es un benefactor y protector de los «aliados». Señalan que EE.UU. aporta entre el 60 y el 70 % del presupuesto total de gasto militar de la OTAN, y dicen, mirad, nuestra generosidad está defendiendo a estos ingratos.
La realidad es que la Organización del Tratado del Atlántico Norte fue creada en 1949 por Washington, Londres y otros diez Estados europeos con el objetivo de militarizar Europa y proporcionar a Estados Unidos un pretexto plausible para mantener una amplia presencia militar en el continente. Esa presencia impulsó el complejo militar-industrial estadounidense, que siempre ha sido el motor del capitalismo estadounidense en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial. La propaganda de fachada era que la alianza defendía a Europa de la Unión Soviética.
La realidad es que la OTAN se creó a modo de una mafia de protección dirigida por Washington que otorgaba a EE.UU. un veto sobre el desarrollo político y económico europeo y, en particular, frustraba las relaciones normales entre Europa y Rusia.La frustración de Trump radica en que quiere intensificar la extorsión, y eso explica sus amenazas groseras, al estilo de la mafia. Pagad, u os romperemos las ventanas. En cierto modo, lo ha conseguido. Las naciones europeas gastan ahora un 20 % más en defensa (en su mayor parte en equipamiento militar estadounidense, como el caza F-35) a expensas del desarrollo social.
Pocas personas en los principales medios de comunicación occidentales se atreven a preguntar: ¿por qué hay 70 000 soldados estadounidenses en suelo
europeo, en Gran Bretaña, Bélgica, Alemania, Italia, Escandinavia, España, los Balcanes, etc.? No solo tropas estadounidenses, sino también bases aéreas, aviones de combate y armas nucleares. ¿Para defender Europa? ¿De qué? ¿De la agresión rusa? Qué tontería de cuento de hadas. Igual que el cuento de hadas de los 70 000 soldados estadounidenses en Japón y Corea del Sur para defenderlos de China.
Tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, el bloque de la OTAN liderado por EE.UU. se expandió duplicando su número de miembros hasta los 32 países actuales. La alianza debería haberse disuelto de acuerdo con su propia definición oficial fundacional. El hecho de que el bloque siguiera creciendo e invadiendo las fronteras de Rusia pone de relieve el verdadero propósito de la alianza como proyector de la fuerza militar estadounidense y como amenaza para Rusia (en continuación de su función original de agresión contra la Unión Soviética).
En la visión narcisista y simplista de Trump, el conflicto de Ucrania es un asunto europeo en el que Estados Unidos intervino como un benefactor caballeroso para defender a Europa. Esto es una tontería. Estados Unidos instigó la guerra por poder en Ucrania contra Rusia utilizando a la OTAN como su vehículo militar al menos desde el golpe de Estado de la CIA en Kiev en 2014.La OTAN siempre ha servido como herramienta política, propagandística y logística para la violencia imperialista y el belicismo de EE.UU. durante las últimas ocho décadas. Los miembros de la OTAN se unieron para llevar a cabo las guerras ilegales de EE.UU. en la antigua Yugoslavia, Irak, Afganistán y Libia, entre otras agresiones, dando así a estas guerras criminales una apariencia de «consenso internacional». Incluso hoy, en la agresión criminal de Trump contra Irán, los vasallos europeos de la OTAN están proporcionando bases logísticas para los aviones de combate estadounidenses y dando cobertura política a Trump al condenar a Irán por agresión, desviando así la culpa de la barbarie de Washington (y Tel Aviv) contra la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional.
Las amenazas de Trump sobre la salida de Estados Unidos de la OTAN son ridículas distorsiones sobre la naturaleza del belicismo estadounidense y su negocio de protección conocido como la OTAN. No tiene ni idea del propósito sistemático de la OTAN como tapadera del imperialismo estadounidense, una tapadera a la que EE.UU. no puede renunciar ni renunciará, independientemente de los lloriqueos y quejas de Trump.
Este presidente megalómano puede tirar los juguetes fuera del arenero temporalmente en un berrinche. Puede declarar que EE.UU. abandona la OTAN, menospreciar a los llamados aliados y fingir que va a actuar en solitario, pero
el Estado profundo imperial no permitirá la disolución de su maquinaria bélica transatlántica.
La OTAN solo se desintegrará cuando el imperialismo estadounidense deje de ser una amenaza para el mundo. Pero hasta entonces, el bloque seguirá siendo un instrumento del belicismo estadounidense y una máquina de hacer dinero para el capitalismo militarista.
Comentarios del Lector
a nuestro Boletín