Traducido por el equipo de SOTT.net

El sábado se le presentó al presidente Trump una gran oportunidad para abandonar su guerra contra Irán. Tras amenazar a Irán con que «esta noche morirá toda una civilización», Trump logró conseguir una tregua de dos semanas en la guerra gracias a la intervención del Gobierno pakistaní.
Strait of Hormuz
© Adobe StockEstrecho de Ormuz
Se abrió una ventana para poner fin a esta guerra ilegal. El vicepresidente Vance viajó a Pakistán para negociar con una delegación iraní de alto nivel y, según la prensa, se lograron avances en muchos temas.

Lamentablemente, tras un mes y medio de guerra, en el que se han gastado decenas de miles de millones de dólares, todas las bases estadounidenses de la región han quedado dañadas o destruidas y se han perdido docenas de aviones militares, el presidente Trump no tomó la salida. Pisó el acelerador.

Tras 21 horas de negociaciones, las conversaciones fracasaron, al parecer porque la parte estadounidense volvió a insistir en que Irán entregara su uranio enriquecido, destruyera sus instalaciones nucleares y no volviera a enriquecer uranio jamás. Este puede ser el enfoque «maximalista» preferido por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pero no hay ninguna razón para que Estados Unidos plantee tales exigencias.

Así pues, la reunión de Pakistán fue una pérdida de tiempo, y es probable que todo el alto el fuego fuera una estratagema para ganar tiempo y que las partes estadounidense e israelí pudieran reorganizarse y reabastecerse.

Inmediatamente después de que las conversaciones terminaran en fracaso, un Trump cada vez más volátil intensificó sus amenazas contra Irán. En las últimas semanas ha alternado entre insistir en que el estrecho de Ormuz no es importante para Estados Unidos y exigir que se abra de inmediato.

Ayer anunció — a través de su cuenta en las redes sociales — que el ejército de Estados Unidos comenzaría a bloquear el bloqueo iraní del estrecho de Ormuz. Cualquier barco que zarpara de un puerto iraní correría el riesgo de ser abordado, inspeccionado y, posiblemente, confiscado.

Las restricciones impuestas por Irán al tráfico en el estrecho de Ormuz han disparado los precios del petróleo, así como los de los fertilizantes y otros productos relacionados. La inflación está aumentando en Estados Unidos. Los mercados mundiales se están tambaleando. El hecho de que Trump restrinja aún más el tráfico de entrada y salida del Golfo Pérsico con su propio bloqueo no hará más que acelerar este proceso. Es como apagar un incendio con gasolina.

Y si los hutíes de Yemen cierran el mar Rojo en respuesta al bloqueo de Trump contra el bloqueo de Irán, podríamos incluso asistir a una depresión económica mundial.

Da la sensación de que el presidente Trump está dando palos de ciego mientras se vuelve cada vez más volátil. Esperaba que los europeos, los japoneses y los surcoreanos se unieran a sus esfuerzos para forzar la apertura del estrecho, pero en su lugar decidieron llegar a sus propios acuerdos con Teherán y pagar la tasa de tránsito. El resto del mundo no quiere una guerra con Irán. Solo la Administración Trump y Netanyahu quieren la guerra.

El petrodólar está sufriendo un revés, ya que los pagos por el paso por el estrecho de Ormuz se realizan en yuanes chinos. El dólar se ve amenazado como moneda de reserva mundial, al igual que el propio imperio global de EE. UU. se ve amenazado en tiempo real.

Es hora de buscar y tomar esa salida. Sin embargo, el presidente de EE. UU. parece estar yendo en la dirección opuesta. Se está transportando rápidamente por vía aérea equipo militar a Oriente Medio y otro grupo de portaaviones estadounidense también se está acercando a la región. China ha advertido a EE. UU. que no interfiera en su comercio con Irán.

Se está gestando una escalada importante y el Congreso sigue sin encontrar su voz.