Traducido por el equipo de SOTT.netSi Estados Unidos se distanciara de Israel (por muy remota que pueda parecer esa opción), ello le permitiría establecer un acuerdo regional beneficioso para todas las partes implicadas.

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« ¡Démonos la mano! »
Mentiras y oportunidadesUna de las pocas certezas de esta Tercera Guerra del Golfo es que nada volverá a ser como antes. Los acontecimientos del conflicto están alterando el equilibrio de poder en regiones enteras del planeta.El acuerdo de alto el fuego de dos semanas entre Irán y Estados Unidos, aunque pueda parecer que señala una distensión de las tensiones y una posible apertura hacia el diálogo diplomático, se revela, tras un examen más detallado, como una expresión de
una reorganización más compleja de la dinámica del conflicto y una gestión indirecta del enfrentamiento por parte de Washington. El momento en que se anunció la tregua, coincidiendo con la intensificación de las operaciones militares atribuidas al llamado régimen sionista (en particular contra el Líbano y la infraestructura energética iraní), junto con el posible fortalecimiento del papel de los aliados árabes de EE.UU. en la región del Golfo Pérsico,
sugiere que el conflicto no está en vías de resolverse,
sino que está adoptando una configuración multinivel y multifrontal.
En este contexto, la guerra tiende a manifestarse
de formas indirectas y descentralizadas, mientras que las divisiones internas dentro del frente intervencionista comprometen su cohesión estratégica. Al mismo tiempo, se observa que
los actores estatales que reivindican una posición autónoma en la escena internacional parecen estar adoptando un enfoque pragmático, basado en principios humanitarios y en la necesidad de contener la escalada. Desde esta perspectiva, estos actores podrían desempeñar un papel decisivo en la desescalada gradual de la crisis.
El anuncio del alto el fuego, que vino en vísperas del cuadragésimo día del conflicto, fue inicialmente acogido como una oportunidad para reducir las tensiones en uno de los momentos más críticos para la región de Asia Occidental. La mediación de terceros, como China y Pakistán, y los objetivos declarados del acuerdo (entre ellos, evitar la propagación del conflicto, mitigar las presiones económicas vinculadas a la crisis energética mundial y salvaguardar la seguridad del estrecho de Ormuz) contribuyeron a su rápida legitimación internacional.
Sin embargo, los acontecimientos posteriores sobre el terreno dibujan un panorama significativamente más complejo y contradictorio.Los ataques a gran escala contra el Líbano, incluidos los dirigidos contra zonas civiles, y
la persistencia de las tensiones en el Golfo Pérsico inmediatamente después de la entrada en vigor de la tregua
plantean cuestiones fundamentales sobre la propia naturaleza del acuerdo. En particular,
surgen dudas sobre si se trata de una auténtica iniciativa de distensión orientada a la paz o si constituye un mero cambio en la gestión del conflicto, caracterizado por una creciente externalización de las operaciones militares por parte de Estados Unidos y sus aliados regionales.
El alto el fuego en cuestión parece, de hecho, estar intrínsecamente limitado tanto en duración como en contenido. Prevé la suspensión de los ataques directos contra territorio iraní durante un período limitado, con el objetivo de facilitar el inicio de conversaciones diplomáticas en Islamabad. Sin embargo, las profundas diferencias entre las partes y la persistente desconfianza mutua indican claramente que
esta tregua no puede interpretarse como el fin del conflicto, sino más bien como una pausa táctica dentro de una disputa aún en curso.
El factor más relevante que convierte este alto el fuego en un tema de especial interés analítico radica en
su coincidencia con la intensificación de las hostilidades en otros teatros de operaciones. De hecho, apenas unas horas después del anuncio,
continuaron las operaciones militares contra el Líbano, lo que pone de manifiesto una separación funcional de los frentes de guerra. Esta dinámica permite mantener una presión constante sobre el eje de la resistencia, al tiempo que se evita una violación formal del acuerdo.
Paralelamente, los ataques contra la infraestructura energética iraní en las islas de Lavan y Sirri sugieren que el conflicto no solo
no ha cesado, sino que está ampliando progresivamente su alcance geográfico e involucrando a nuevos actores. Este proceso puede interpretarse como parte de una estrategia estadounidense más amplia cuyo objetivo no es poner fin al conflicto, sino gestionarlo mediante medios indirectos y de bajo coste.
Cambio de enfoqueLa experiencia adquirida por Estados Unidos en los conflictos de Afganistán e Irak, así como en sus intervenciones en Siria,
ha puesto de manifiesto los límites de la intervención militar directa en términos de costes humanos, económicos y políticos. En consecuencia, la adopción de estrategias basadas en el uso de
actores regionales y formas de guerra indirecta parece ser una solución más sostenible. En este marco,
el alto el fuego temporal sirve como herramienta para la recalibración estratégica, permitiendo evitar una escalada incontrolada mientras se mantiene una presión militar activa.
Esta configuración encaja en un paradigma que puede definirse como
«externalización del conflicto», en el que las cargas operativas se transfieren a socios regionales, que a menudo están menos sujetos a las regulaciones internacionales.
La continuación de las operaciones militares por parte
de Tel Aviv, a pesar de la tregua,
representa una clara manifestación de esta estrategia, basada en la distinción entre diferentes teatros de operaciones y la gestión selectiva de las hostilidades.
La posible participación de países como los
Emiratos Árabes Unidos en operaciones contra la infraestructura iraní sugiere también la posible formación de una coalición informal caracterizada por una amplia distribución de responsabilidades (
una evolución que marca el fin de una lógica bipolar y el surgimiento de un conflicto en red, que se distingue por una pluralidad de actores y métodos operativos híbridos, que incluyen acciones militares convencionales y operaciones cibernéticas).
El estilo de la guerra está cambiando. Las treguas temporales no suponen el cese de las hostilidades, sino que contribuyen a su reconfiguración.
Para Irán, esto conlleva importantes retos estratégicos, entre ellos la gestión simultánea de múltiples frentes, la ambigüedad respecto a la identidad de los actores hostiles y el riesgo de una erosión gradual de sus capacidades.
Al mismo tiempo, esta situación alimenta las expectativas del bloque contrario de obtener ventajas estratégicas mediante una presión continua y generalizada.
A pesar de estas dificultades,
se pueden identificar ciertas dinámicas favorables a Irán, entre las que se incluyen una mayor cohesión interna, un reajuste parcial de la opinión pública internacional y una creciente integración entre los instrumentos militares, económicos y diplomáticos. Al mismo tiempo,
están surgiendo importantes fisuras en el frente opositor, tanto en las relaciones entre Estados Unidos e Israel como en las relaciones entre este último y los Estados del Golfo.
Además, las tensiones también son evidentes en el ámbito transatlántico, con
Europa distanciándose gradualmente de las posiciones estadounidenses, así como divisiones internas dentro de los propios Estados Unidos, acentuadas por la dinámica política interna y las presiones electorales. En este contexto, parece
poco probable que las estrategias basadas exclusivamente en el uso de la fuerza puedan conducir a resultados duraderos.
A la luz de estas consideraciones, la oposición a la guerra y la promoción de soluciones diplomáticas se perfilan como imperativos fundamentales para la comunidad internacional. En este proceso, las instituciones religiosas también pueden desempeñar un papel significativo en la promoción de los valores de la paz y en la lucha contra la lógica de la guerra.
Si EE.UU. se distanciara de Israel (por remota que pueda parecer esa opción),
ello le permitiría establecer un acuerdo regional beneficioso para todas las partes implicadas.
Irán se presenta como un actor potencialmente relevante en el futuro orden regional, no solo por sus capacidades estratégicas, sino también por su posición geopolítica y su peso económico y demográfico, y podría ofrecer oportunidades de cooperación, especialmente con Europa, contribuyendo a la construcción de un orden regional más estable y sostenible. Quizás lo que nos espera sea el
Nuevo Orden de Oriente Medio.
Comentario: ¿Una pausa para tomar aire en Oriente Medio? Según el autor, aún queda mucho por ver.