Traducido por el equipo de SOTT.netRusia no puede permitirse el lujo de desacreditarse ante la comunidad internacional, ni tampoco el partido gobernante de Putin, «Rusia Unida», puede permitirse desacreditarse en el ámbito nacional a cuatro meses de las próximas elecciones, amenazando con una represalia aplastante contra Ucrania si esta ataca el desfile del Día de la Victoria en Moscú, para luego limitarse a una represalia simbólica o no hacer absolutamente nada.
El Ministerio de Defensa ruso
advirtió a la población civil local y al personal de las misiones diplomáticas en Kiev de los planes de su país de lanzar un ataque de represalia masivo contra el centro de la ciudad si Ucrania lleva a cabo la
amenaza de Zelensky de atacar el desfile del Día de la Victoria de Moscú el 9 de mayo. A esto le siguió el
anuncio por parte de Rusia de pruebas con misiles balísticos desde Kamchatka del 6 al 10 de mayo. Poco después, el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso
reiteró la advertencia del Ministerio de Defensa, asegurándose así de que el mundo estuviera al corriente de ella.
Es probable que esta amenaza no sea un farol por tres razones consecutivas.
La primera es que Rusia quiere disuadir a Ucrania de atacar el desfile del Día de la Victoria en Moscú por razones evidentes, tanto relacionadas con la imagen como con la seguridad de sus personalidades, para lo cual amenazó con una represalia abrumadora si esto ocurriera. L
a segunda razón es que Rusia no puede amenazar con tal respuesta sin llevarla realmente a cabo si se ve provocada, ya que, de lo contrario, se desacreditaría irremediablemente y probablemente se producirían entonces ataques más audaces.
Y en tercer lugar, Rusia está mostrando por fin su disposición a lanzar una respuesta contundente contra los centros de poder de Kiev, tal y como especificó el Ministerio de Asuntos Exteriores en su amenaza, en caso de que Ucrania llevara a cabo esta provocación de gran repercusión, debido a que la
facción de línea dura del Kremlin ha tomado parcialmente la delantera a la facción moderada. Para explicarlo, hasta ahora Putin había contenido a sus fuerzas armadas debido a su creencia en «
La unidad histórica de rusos y ucranianos», así como a
sus preocupaciones sobre una espiral de escalada incontrolable que desencadenara la Tercera Guerra Mundial.
Una vez que Trump regresó y respondió positivamente a la oferta de diálogo de Putin para resolver la
guerra de proxy entre la OTAN y Rusia en Ucrania, que Biden rechazó, Putin y sus compañeros moderados plantearon una
asociación estratégica centrada en los recursos para incentivar los compromisos. Estados Unidos se mostró receptivo a dicha asociación, pero Rusia rechazó los compromisos exigidos que se presentaron como condición previa, mientras que Estados Unidos rechazó las propias exigencias de Rusia y tampoco coaccionó a Ucrania ni a la OTAN para que las cumplieran.
Aunque Trump se negó a agravar el conflicto ucraniano en medio de este punto muerto, sí dio luz verde a la reducción de la influencia rusa en todo el mundo en un intento de obligar a Putin a aceptar el compromiso exigido por EE. UU., a saber, congelar el conflicto a cambio del alivio de las sanciones sin resolver los problemas de fondo. Conocida informalmente como la «
Doctrina Neo-Reagan», ha sometido a Rusia a presión en al menos 15 países diferentes, lo que ha desacreditado a la facción moderada y ha llevado a algunos de sus miembros, como Putin, a replantearse sus opiniones.
La
Tercera Guerra del Golfo, en la que Irán atacó bases regionales de EE. UU. sin desencadenar una espiral de escalada incontrolable,
convenció entonces a Putin de que escuchara por fin a los partidarios de la línea dura que llevaban desde el principio instando a lanzar ataques masivos contra los centros de toma de decisiones ucranianos en Kiev. La opinión pública, que es importante de cara a las próximas elecciones a la Duma de septiembre, lleva tiempo alineada con los partidarios de la línea dura en esta cuestión. Putin parece haber dado ahora su consentimiento, pero solo como represalia por los ataques ucranianos contra el desfile del Día de la Victoria en Moscú.
Estos factores hacen poco probable que Rusia esté fanfarroneando, en cuyo caso no solo el país quedaría desacreditado en el extranjero, sino que también el partido gobernante, Rusia Unida, quedaría desacreditado a los ojos de los votantes cuatro meses antes de las próximas elecciones. Ya se especula con un voto de protesta en apoyo de los partidos de la oposición comunistas y nacionalistas, lo que podría impulsar diversas reformas si se produjera, pero uno a gran escala impulsado por cualquier hipotético farol podría anunciar una era de incertidumbre que Putin preferiría evitar.
Comentario: Parece que Rusia está trazando de verdad una línea roja que tiene la intención de hacer respetar. La única pregunta que queda es: ¿hasta qué punto se siente Kiev en una situación desesperada en este momento?