En un controvertido fallo de la Corte Suprema de Justicia de la nación los magistrados sentenciaron que el derecho a huelga es prerrogativa sólo de los sindicatos.
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Las preocupaciones del presidente...
El trabajador del Correo Argentino Francisco Orellano fue despedido en el año 2009 y luego reincorporado por un fallo de la justicia de primera y segunda instancia junto con 46 trabajadores más. En aquel entonces ambas instancias habían considerado que el despido de Orellano había sido "discriminatorio" y en consecuencia ordenaron la reincorporación de los trabajadores echados.

La Corte Suprema de Justicia en el día de ayer, tras un fallo cuanto menos controversial, revirtió el fallo de ambas cámaras argumentando que existe una "tensión entre derechos de difícil armonización [porque involucra] tanto los derechos del empleador [como] los derechos de terceros o de la sociedad que también están amparados por la Constitución Nacional". Por esta razón sentenciaron que "el ejercicio del derecho de huelga [deberá ser] adoptado por una asociación gremial".

Para muchos entendidos en la materia el fallo sienta un primer precedente que puede servir como base en el futuro para deslegitimar el derecho de cualquier trabajador a denunciar un trato injusto si no es a través del aparato sindical. Esto pondría a muchos trabajadores tercerizados que no tienen representación gremial o que están representados por sindicatos ajenos a las tareas que realizan en condiciones de vulnerabilidad frente a sus empleadores.

En el contexto de convulsión social donde los despidos a partir de la llegada al gobierno de Mauricio Macri y su equipo de super CEOs se han hecho moneda corriente, la brutal devaluación de la moneda local a provocado una abrupta caída de más del 60% en el salario de los trabajadores , y el aumento exponencial de las tarifas de los servicios públicos han causado el cierre de miles de pequeñas y medianas empresas, el fallo del tribunal supremo parece erguirse como un instrumento particularmente perverso para que las élites gobernantes y las oligarquías que ellos representan puedan enfrentar en los tiempos venideros con armas letales a las crecientes protestas de la masa trabajadora.

Considerando la arbitrariedad mostrada por Mauricio Macri desde los primeros días de gobierno cuando utilizó un recurso excepcional del ejecutivo como son los Decretos de Necesidad y Urgencia para tareas rutinarias de gobierno esquivando todos los mecanismos parlamentarios, el fallo de los muy cuestionados magistrados Ricardo Lorenzetti, Elena Highton de Nolasco y Juan Carlos Maqueda parece poner de manifiesto una cierta sintonía entre los rasgos totalitarios del Poder Ejecutivo y el accionar de al menos un sector del Poder Judicial.

De igual modo el reciente veto de Mauricio Macri a una ley aprobada por abrumadora mayoría en ambas cámaras del parlamento en donde se impedía que las empresas puedan despedir a los trabajadores durante 6 meses, también muestra a las claras el poco respeto del flamante presidente por los mecanismos democráticos y la voluntad del pueblo que gobierna.

Hacia dónde conduce Macri a la Argentina

Los hechos cotidianos hablan por sí mismos. Cada acción de gobierno durante los últimos 5 meses han perjudicado a la clase trabajadora y a la pequeña y mediana empresa. En contrapartida los únicos beneficiados hasta el momento a partir de las medidas económicas adoptadas por el gobierno han sido los grandes terratenientes del campo y los bancos. Para los primeros la devaluación abrupta del peso argentino respecto al dólar y la quita de las retenciones aplicadas sobre las exportaciones han significado un brutal aumento en sus ingresos; para los segundos las tasas de interés designadas por el Banco Central han constituido un paraíso de especulación en donde la bicicleta financiera ha vuelto a transformarse en la Argentina en el principal enemigo de las inversiones productivas y el crecimiento.

Mientras a estos dos actores de la economía (que sin duda requieren del control estatal y del establecimiento de un marco regulatorio que les impida enriquecerse desmesuradamente a costa del empobrecimiento del pueblo) están de parabienes, un plan macabro parece emerger lentamente: la desregulación y precarización del mercado laboral para hacer atractivo para los inversores extranjeros traer su dinero e instalarse en la Argentina.

No debemos olvidar el sincericidio de la Vicepresidenta Gabriela Michetti que hace un par de meses declaró enojada por las incesantes preguntas de varios periodistas sobre el plan macrista para hacer crecer la industria: "Basta, basta, basta, el modelo de Macri es India, el modelo de país que quiere Macri es India, la Argentina es un país de servicios, basta de industrias,... vamos hacia un modelo agroexportador y de servicios, basta basta de industrias."

"El modelo de Macri es India"... ¿Más claro imposible no? Macri busca reducir la oferta laboral a través de la destrucción de miles de PyMES que hoy en día generan el 80% de los puestos de trabajo en el país, y aumentar al mismo tiempo la demanda de empleo provocando despidos en masa para así crear un campo propicio que permita que multinacionales con un largo historial de explotación y aplanamiento de los derechos laborales vengan a la Argentina a participar de esta "revolución de la alegría" (como llamó Mauricio Macri a su "proyecto" durante la campaña) y puedan contratar por apenas unas monedas a toda la mano de obra desesperada por sobrevivir que estará en las calles.

Lamentablemente el gobierno argentino no está sólo en esta "cruzada" contra la gente, América Latina está atravesando un proceso similar al argentino y todo parece indicar que los vientos de progreso e independencia del subcontinente pronto empezarán a cambiar. Tómese 5 minutos de su tiempo y revise estas notas para ampliar el contexto de lo que está ocurriendo en todo Latinoamérica: ¿Cuánto podrá lograr Mauricio Macri de su plan? No es fácil saberlo, pero sí es posible imaginar que si los argentinos no reaccionan a tiempo y exigen que los gobernantes que eligieron democráticamente representen los intereses del pueblo en vez de los intereses locales y extranjeros de un puñado de acaudalados, la tarea para el gobierno será sencilla.

¿Quién ganará en esta contienda entre el pueblo y sus psicopáticos líderes?... De nuevo, no es sencillo predecirlo, pero al menos sería esperable que el pueblo argentino sea un digno contrincante de esta élite codiciosa y dé una buena batalla.