Llamamos casos de memoria selectiva a esas situaciones en las que alguien parece mostrar una excepcional capacidad para recordar información que refuerce su punto de vista pero se muestra significativamente olvidadizo acerca de otras informaciones relacionadas con la primera pero que le resulten incómodas.
Hablamos sobre esta memoria selectiva con sorna, dando a entender que es un signo de debilidad argumentativa o de que se sostiene una visión ilusoria sobre ciertos temas. Como si fuese algo excepcional, al margen del modo de pensar normativo.

Sin embargo, lo cierto es que la memoria selectiva no es, ni mucho menos, un simple recurso que algunas personas utilizan para aferrarse a creencias e ideologías que pueden ser puestas en peligro con cierta facilidad. La memoria humana, en general, tiende a funcionar de la misma manera en todas las personas, y no solo en lo relativo a temas específicos y polémicos, sino también en lo que respecta a creencias privadas y recuerdos autobiográficos.

En definitiva, las personas sanas y con buenas capacidades para debatir sin aferrarse constantemente a dogmas son también sujetos que piensan y recuerdan a través del filtro de una memoria selectiva.

Memoria selectiva e identidad

La memoria es la base de nuestra identidad. A fin de cuentas, somos una mezcla de nuestra genética y las experiencias que hemos vivido, y estas últimas solo pueden dejar una huella en nosotros a través de la memoria.

Sin embargo, esto significa que nuestra identidad sea una versión comprimida de todos los acontecimientos en los que hemos participado directa o indirectamente, como si todos y cada uno de los días que hemos vivido quedasen archivados en alguna parte del cerebro humano en cantidades equivalentes y bien proporcionadas entre sí. Creer esto sería asumir que nuestra memoria es reproductiva, una especie de grabación exacta de lo que hemos percibido y pensado. Y no lo es: solo recordamos lo que de alguna manera es significativo para nosotros.

En esto consiste la memoria selectiva. En hacer que el contenido de nuestros propios recuerdos esté ligado a aquellos valores, necesidades y motivaciones propias que definen nuestra manera de percibir las cosas, haciendo que algunos recuerdos pasen el filtro hacia la memoria a largo plazo y otras no lo hagan.

Creando recuerdos significativos

Desde que las investigaciones del psicólogo Gordon Bower mostrasen la vinculación entre nuestros estados emocionales y el modo en el que memorizamos y recordamos todo tipo de información, la idea de que nuestra memoria trabaja de manera sesgada incluso en los cerebros sanos ha ganado mucha popularidad en la psicología.

Hoy en día, de hecho, la idea de que la memoria es selectiva por defecto empieza a estar bien fundamentada. Por ejemplo, hay algunos estudios que muestran que, de manera deliberada, somos capaces de utilizar estrategias para olvidar recuerdos que no nos convienen, mientras que las líneas de investigación que tratan el tema de la disonancia cognitiva muestran que tenemos una cierta propensión a memorizar básicamente cosas que no ponen en duda creencias importantes para nosotros y que, por lo tanto, pueden ser relacionados con un significado claro.

El proceso iría así: encontramos una información que no encaja con nuestras creencias y que, por lo tanto, nos produce malestar porque pone en duda ideas importantes para nosotros y en la defensa de las cuales hemos empleado tiempo y esfuerzos.

Sin embargo, el hecho de que esta información haya tenido un impacto sobre nosotros no tiene por qué hacer que se memorice mejor por ser relevante. De hecho, su importancia como algo que nos produce malestar puede ser un motivo que valga, en sí mismo, para manipular y distorsionar este recuerdo hasta hacer que quede irreconocible y termine desapareciendo como tal.

El sesgo de la memoria selectiva

Que el funcionamiento normal de la memoria sea selectivo es muy relevante, ya que es una prueba más de que nuestro sistema nervioso está hecho más para sobrevivir que para conocer el medio en el que vivimos de manera fiel y relativamente objetiva.

Además, investigar acerca de la memoria selectiva permite buscar estrategias para aprovecharnos de este fenómeno explorando técnicas para hacer que los recuerdos traumáticos y desagradables en general no sean un factor limitante en la calidad de vida de las personas.

Tener claro que no existe un modo único y correcto de recordar la propia trayectoria vital, sino que tenemos la posibilidad de elegir entre visiones igualmente sesgadas sobre lo que somos y lo que hemos hecho, puede servir para eliminar prejuicios sobre las terapias de tratamiento de traumas y animar a que busquemos maneras adaptativas de hacer que nuestra memoria sea un factor que aporte bienestar a nuestro modo de vida, en vez de darnos problemas.