Activism then and now

Transformación de la izquierda liberal: De la "libertad de expresión" al "Esto es la guerra, somos ingobernables"
En la década de 1960, el Dr. Martin Luther King luchó por la igualdad de derechos civiles en nombre de los afroamericanos, mientras que el presidente John F. Kennedy intentaba cambiar la política exterior estadounidense hacia una carrera por la paz en lugar de una carrera armamentista. En sus acciones, estos dos hombres representaron las cualidades del héroe arquetípico: su deseo compartido de unir a la sociedad y, en última instancia, a toda la humanidad.

En ese entonces, si eras "liberal", probablemente apoyabas a estos dos hombres. Kennedy se describió de la siguiente manera:
"Si por 'liberal' se refieren a alguien que mira hacia delante y no hacia atrás, a alguien que recibe nuevas ideas sin reacciones rígidas, a alguien que se preocupa por el bienestar de la gente: su salud, su vivienda, sus escuelas, sus trabajos, sus derechos civiles y sus libertades civiles; alguien que cree que podemos superar el estancamiento y las incertidumbres que se ciernen sobre nuestras políticas en el extranjero, si eso es lo que quieren decir con 'liberal', entonces me enorgullece decir que soy liberal".
Eso me parece razonable. Sin embargo, el problema al identificar la propia política es que, con el paso del tiempo, los significados de las palabras cambian. Por ejemplo, durante la década de 1930, el término "fascista" se aplicaba a alguien que apoyaba la ideología nacionalista de esa época. Hoy en día, el término puede referirse a un partidario de extrema derecha o de extrema izquierda, o a un sándwich de mantequilla de cacahuete y jalea. El significado de los términos hoy en día también varía de persona a persona, por lo que una palabra puede tener múltiples significados, incluso si tienden a agruparse en torno a un significado de "sentido común". Un psicópata, como podrá imaginar, tiene una concepción totalmente diferente de la palabra 'libertad' que la que tiene usted.

Cuando Donald Trump fue elegido el presidente número 45 de Estados Unidos, pronto quedó claro que habíamos entrado en una era de guerras culturales, y que la ideología "izquierdista" o "liberal" había sufrido una metamorfosis muy extraña:


¿Cómo demonios terminamos aquí?

Una respuesta podría ser que, durante los años 60, el activismo político de izquierda (definido como actividad política pública) tuvo causas más plausibles (u objetivas) y justas que defender o por las que protestar, como la guerra de Vietnam y los derechos civiles. En ese momento, las leyes de segregación de Jim Crow sostuvieron actitudes polarizadoras y una considerable desigualdad de oportunidades, mientras que el linchamiento de los afroamericanos todavía estaba relativamente fresco en la memoria de la gente. La guerra de Vietnam fue una tragedia que causó la muerte y el sufrimiento de millones de personas, y como todas las guerras estadounidenses en el extranjero, fue motivada principalmente por la avaricia y la explotación geopolíticas.

Las guerras, por supuesto, no han terminado: el complejo industrial militar de EE.UU. es una próspera industria multimillonaria y cada bomba detonada aporta mucho dinero a los bolsillos de los accionistas. Pero cualquier efecto verdaderamente positivo que el movimiento antibélico de los años 60 pudiera haber tenido fue efectivamente neutralizado por operaciones secretas e ilegales de COINTELPRO (Programa de contrainteligencia) como la Operación Mockingbird [Sinsonte], que se utilizaron para manipular y dirigir la cultura popular hacia un objetivo específico y contra sí misma.

foucault derrida

Los continentales franceses.
Paralelamente, los filósofos postmodernistas franceses estaban retomando el camino donde el comunismo ya había fracasado, y nació una nueva ideología (el postmodernismo) que buscaba relativizarlo todo en un esfuerzo por socavar las estructuras de poder existentes.

El comunismo se basó en la idea marxista de que el capitalismo finalmente fracasaría, cuando la clase obrera (proletariado), que según Marx estaba oprimida por la clase económica dominante (burguesía), se rebelara. Pero la revolución no surgió desde "abajo hacia arriba" como Marx había predicho, sino que la ideología que dio origen a la revolución vino desde arriba hacia abajo.

Cuando la ideología que impulsó al comunismo demostró incluir los desafortunados efectos secundarios del genocidio y el fracaso total, los filósofos, que fueron incapaces de aceptar que la justicia, la igualdad y la utopía no eran conceptos que se pudieran imponer socialmente, cambiaron el enfoque de la economía capitalista y la lucha entre la clase obrera y la clase dominante por el poder que los grupos privilegiados tienen sobre los grupos desfavorecidos (por ejemplo, las diferentes minorías), y que usan para oprimirlos. Y así el marxismo se transformó en "marxismo cultural" postmoderno.

Hoy esto se ha convertido en una verdadera religión de victimización, donde toda la vida se reduce a las batallas de poder entre los diferentes grupos de la jerarquía social. La esencia del postmodernismo es que no puede haber unidad o comprensión mutua; es una guerra de todos contra todos en la búsqueda del poder.

El activismo en sí mismo no es algo bueno o malo; sus beneficios para la sociedad siempre dependen del contexto. Cuando Rosa Parks se negó a abandonar su asiento del autobús en 1955, sus acciones se guiaron por valores morales profundamente arraigados que entraban en conflicto con las reglas sociales innegablemente injustas que existían para separar artificial y arbitrariamente a las personas y discriminar de manera flagrante e innecesaria a un segmento de la sociedad.

Pero el activismo actual no es más que un ámbito dinámico de alimentación personal y grupal que permite proyectar el resentimiento individual y la amargura con la vida sobre las "minorías" o los "grupos oprimidos" elegidos; o expropiar la supuesta opresión y sufrimiento a uno mismo para el engrandecimiento personal. El hecho de que realmente exista o no alguna de las supuestas injusticias no importa, y cualquier investigación honesta sobre este tema es deliberadamente ignorada o activamente reprimida y silenciada por los activistas, generalmente a través de acusaciones de ser un nazi. Un ejemplo es el profesor que en 2016 dijo en Twitter que todo lo que quería para Navidad era un "genocidio blanco", claramente motivado por el resentimiento personal y el interés propio y es simplemente un racista que dice ser antirracista.

La reinterpretación postmodernista del marxismo ha sido, por lo tanto, un importante contribuyente al caos que ha estallado en la esfera social en los últimos años. No es sorprendente que gran parte del debate se haya centrado en las instituciones de educación superior, dado que éstas son la columna vertebral filosófica detrás de los movimientos activistas modernos, donde residen muchos de los altos sacerdotes de la justicia social.

Considere algunas de las afirmaciones verdaderamente extrañas hechas recientemente por profesores universitarios y educadores: ¡Recuerde que estas son personas a quienes se les da un control considerable sobre lo que sus hijos aprenden! Como un recordatorio de la mentalidad de las personas que se adhieren a la ideología de la justicia social, eche un vistazo a la acción en Evergreen State College el año pasado:


El profesor Jonathan Haidt ha sugerido
que la rápida disminución de los estándares en las universidades estadounidenses se debe a la polarización política en el mundo académico en los últimos años. Hasta principios de los años noventa, la proporción de liberales y conservadores (en las ciencias sociales) se situaba entre dos contra uno y cuatro contra uno. Cuando se jubilaron las generaciones anteriores a la Segunda Guerra Mundial, más viejas y generalmente más conservadoras, la relación liberal-conservadora se polarizó dramáticamente a una relación de 14 contra 1 (entre 1995 y 2010). Esto significa que la cosmovisión de los académicos en las universidades estadounidenses se ha tornado extremadamente sesgada, creando una burbuja intelectual que "protege a los suyos" con espacios seguros, alertas de microagresiones y provocaciones, al tiempo que se vuelve abiertamente hostil (e incluso totalitaria) hacia las opiniones que desafían la ortodoxia liberal.

Otro factor es la forma en que las generaciones más recientes han sido criadas. Según Haidt:
Muchos miembros de las generaciones "baby boomers" y "X" pueden recordar haber montado sus bicicletas en sus pueblos natales, sin ser acompañados por adultos, cuando tenían entre 8 y 9 años de edad. En las horas después de la escuela, se esperaba que los niños se ocuparan de sí mismos, metiéndose en pequeños líos y aprendiendo de sus experiencias. Pero la niñez "al aire libre" se volvió menos común en la década de 1980. El aumento del crimen desde los años 60 hasta principios de los 90 hizo que los padres "baby boomers" fueran más protectores que sus propios padres. Las historias de niños secuestrados aparecieron con más frecuencia en las noticias, y en 1984 comenzaron a aparecer imágenes de ellos en cartones de leche. En respuesta, muchos padres tomaron las riendas y trabajaron más duro para mantener a sus hijos seguros.

La huída hacia la seguridad también ocurrió en la escuela. Las estructuras de juego peligrosas fueron retiradas de los patios de recreo; la mantequilla de cacahuete fue prohibida en los almuerzos de los estudiantes. Después de la masacre de Columbine en 1999 en Colorado, muchas escuelas tomaron medidas enérgicas contra la intimidación, implementando políticas de "tolerancia cero". De diversas maneras, los niños nacidos después de 1980 (los "milenials") recibieron un mensaje consistente de los adultos: la vida es peligrosa, pero los adultos harán todo lo que esté en sus manos para protegeros de todo daño, no sólo de extraños sino también de los demás.

Estos mismos niños crecieron en una cultura que estaba (y sigue estando) cada vez más polarizada políticamente. Los republicanos y los demócratas nunca se han agradado mucho, pero los datos de las encuestas que se remontan a la década de 1970 muestran que, en promedio, su aversión mutua solía ser sorprendentemente leve. Sin embargo, los sentimientos negativos se han hecho cada vez más fuertes, particularmente desde principios del año 2000. Los politólogos llaman a este proceso "polarización partidista afectiva", y es un problema muy grave para cualquier democracia. A medida que cada parte demoniza cada vez más a la otra, el acuerdo mutuo se vuelve más difícil. Un estudio reciente muestra que los prejuicios implícitos o inconscientes son ahora al menos tan fuertes entre partidos políticos como entre razas.

Por lo tanto, no es difícil imaginar por qué los estudiantes que llegan al campus hoy en día podrían querer más protección y son más hostiles hacia los oponentes ideológicos que en generaciones pasadas. Es de esperar que esta hostilidad, así como la arrogancia alimentada por las fuertes emociones partidistas, agreguen fuerza a cualquier cruzada moral. Un principio de la psicología moral es que "la moralidad ata y ciega". Parte de lo que hacemos cuando hacemos juicios morales es la lealtad expresa a un equipo. Pero eso puede interferir con nuestra capacidad de pensar críticamente. Reconocer que el punto de vista de la otra parte tiene algún mérito es arriesgado; tus compañeros de equipo pueden verte como un traidor.
Este último punto se relaciona con lo que Haidt ha acuñado como seis fundamentos morales que rigen nuestro razonamiento moral y la toma de decisiones. Estas bases son:
  1. Cuidados/daños: cuidar y proteger a los demás
  2. Equidad/hacer trampa: hacer justicia según reglas compartidas
  3. Libertad/opresión: el odio a la tiranía; opuesto a la opresión
  4. Lealtad/traición: estar del lado de su grupo, familia, nación.
  5. Autoridad/subversión: obedecer la tradición y al autor legítimo
  6. Santidad/degradación: aborrecimiento hacia cosas desagradables, alimentos, acciones
La investigación que ha realizado el profesor Jonathan Haidt demuestra que los liberales se basan principalmente en los tres primeros fundamentos morales, mientras que los conservadores usan los seis de manera más efectiva. Es un hallazgo interesante, y uno que sugiere fuertemente diferencias pronunciadas entre las "matrices morales" de la gente. Todos compartimos el mismo planeta, pero aparentemente vivimos dentro de mundos diferentes en él.

Según Haidt, su propia identificación y posición como liberal ha cambiado a lo largo de los años de su investigación; lo que aprendió básicamente lo ha forzado a redefinirse a sí mismo como principalmente conservador.

El profesor Jordan Peterson comentó este tema durante una fascinante conversación que mantuvo con Haidt el año pasado ("El peligroso estado de la universidad"):
"Hay razones por las que la gente ve el mundo de manera diferente y no se puede decir fácilmente que uno tenga razón y el otro esté equivocado. Los liberales tienen razón sobre los límites; que si se vuelven demasiado rígidos y se disminuye el flujo de información, se corre el riesgo de hacer que la sociedad se vuelva tan estática que cualquier transformación ambiental radical la hundirá.

Pero los conservadores tienen razón al decir que se paga un alto precio con los recién llegados y la nueva información, con respecto al riesgo de exposición a través de la contaminación, pero también a las ideas contaminantes.

Siempre he pensado que el medio ambiente se mueve hacia adelante y hacia atrás, como una serpiente en cierto sentido. Lo que estamos tratando de hacer es quedarnos en el centro de su espalda y la única forma de hacerlo es que la gente tire a la derecha y diga "ten cuidado", y también la gente tire a la izquierda y diga "sí, pero sea abierta". El diálogo y el intercambio de información nos permite tal vez especificar el centro de ese blanco en movimiento y quedarnos a espaldas de la serpiente".
Diferentes ideas atraen a diferentes personas, dependiendo de su estructura psicológica y espiritual. Podemos etiquetar esas ideas como conservadoras o liberales, pero su contenido puede cambiar y cambia con el paso del tiempo.

Esto plantea una pregunta interesante (al menos para mí): ¿serían hoy conservadores o liberales aquellos que apoyaron a Martin Luther King y votaron por John F. Kennedy en la década de 1960?

Una comprensión bastante profunda de la psicología humana y la verdad de la historia humana son necesarias para ver objetivamente qué ideologías y figuras públicas son patológicas y, por lo tanto, amenazan con conducir a una nación (o al mundo) hacia la destrucción. Puede que la historia no se repita, pero sí rima, y parece razonable (si no conveniente) considerar que las personas que acogieron la ideología fascista en la Alemania de los años 30 tenían la misma matriz moral que aquéllos que hoy marchan bajo el estandarte del discurso antiodio, la igualdad, el antirracismo, el antisexismo, etcétera.