Nuevos documentos prueban que el científico era un entusiasta de las crueles prácticas nacionalsocialistas. Afectados piden ahora cambiar el nombre del síndrome.
Asperger
© Montaje: G. Cid
El doctor Asperger y uno de los documentos que atestiguan su participación
Cuando Hans Asperger murió en 1980, el síndrome que hoy lleva su nombre ni siquiera estaba catalogado como enfermedad. Esta variante del trastorno de espectro autista fue bautizada en honor del científico austriaco un año después de su fallecimiento por la psiquiatra británica Lorna Wing.

Hasta esta semana, el apellido Asperger estaba indeleblemente unido a esta "psicopatía autista", por usar los términos en que él la denominaba, pero ahora un nuevo estudio arroja luz sobre una parte muy poco conocida de su biografía: su participación en prácticas tan escalofriantes como la eutanasia infantil y otras aberracionesasociadas a los nazis en la Viena de 1944.

La leyenda apoyaba todo lo contrario, que Hans Asperger fue un feroz crítico del nazismo y sus abominables prácticas científicas, pero las revelaciones que su compatriota Herwig Czech hace en la revista científica 'Molecular Autism', basadas en los propios escritos del pediatra, tiran por tierra todo lo que conocíamos. "Asperger logró acomodarse al régimen nazi y fue recompensado por su lealtad con oportunidades laborales", afirma este experto en Historia de la Medicina.

"Se unió a varias organizaciones afiliadas al NSDAP, aunque no al propio partido nazi, legitimó públicamente las políticas de higiene racial, incluidas las esterilizaciones forzadas y, en varias ocasiones, cooperó activamente con el programa de 'eutanasia' infantil", continúa. "El lenguaje que empleó para diagnosticar a sus pacientes fue notablemente duro, incluso en comparación con las evaluaciones escritas por el personal de la notoria institución de 'eutanasia' Spiegelgrund de Viena, desmintiendo la idea de que trató de proteger a los niños bajo su cuidado embelleciendo sus diagnósticos".

Nada de teoría, todo acción

Como explica el trabajo, el papel de Asperger distó mucho de ser intelectual o teórico. Como pediatra, su labor consistió en seleccionar a los niños con enfermedades mentales que debían ser enviados a Spiegelgrund. La comisión donde trabajó seleccionó a 35 chicos y chicas que posteriormente fueron purgados en la institución.

Herta Schreiber

Herta Schreiber (Molecular Autism)
Uno de los casos que Czech expone es el de Herta Schreiber, una niña con encefalitis a la que Asperger atendió dos meses antes de su tercer cumpleaños. Su diagnóstico fue el siguiente: "Trastorno severo de la personalidad (¿post-encefalítico?): Retraso motor más severo; idiotez eléstica; convulsiones. En casa, la niña debe ser una carga insoportable para la madre, que debe cuidar a cinco niños sanos. El ingreso permanente en Spiegelgrund parece absolutamente necesario".

La niña fue ingresada el 1 de julio de 1941. Un mes más tarde, la reportaron al Comité para el Registro Científico de Enfermedades Hereditarias y Congénitas del Reich, diciendo que Herta jamás se recuperaría de su enfermedad y que ésta no afectaría a su esperanza de vida, una combinación inaceptable para un experto en eutanasia. Así, dos meses después de su admisión y uno después de cumplir tres años, en septiembre, Herta murió de neumonía, como casi todos los niños de Spiegelgrund.

Como Czech revela, la administración del centro solía inflar rutinariamente a barbitúricos a los niños durante bastante tiempo para precipitar los acontecimientos.

Quienes hoy padecen este síndrome han acogido la noticia con sorpresa y horror. Tras la publicación del estudio y su difusión en medios como 'The Guardian', pacientes de Asperger como Ryan Hendry, responsable de comunicación de la asociación británica de autismo, considera que ya va siendo hora de cambiar el nombre al síndrome.


Otros psiquiatras insisten en situar estas noticias en su contexto. Citado por el 'New York Times', Anthony Bailey, un profesional canadiense, opina que "prácticamente todos los médicos en Alemania en aquella época eran miembros del partido Nazi, y casi no había oposición a los programas de eutanasia para los enfermos mentales o discapacitados".

Czech discrepa de este punto, ya que insiste que la eutanasia era algo ilegal incluso para la Alemania nazi.