El científico muestra sus chocantes prejuicios contra las personas que conoció en un viaje a Asia. Se ensaña especialmente con los chinos: «Son sucios y obtusos», dice.
Einstein,racismo
© Doreen Spooner / Getty Images
La cara desconocida de un icono...Albert Einstein en 1921.
«La raza es un fraude. Todos los pueblos modernos son un conglomerado de tantas mezclas étnicas que no existe ninguna raza pura». Así se expresaba Albert Einstein en una entrevista a la revista estadounidense Saturday Evening Post. Pero el mismo hombre que en público decía que la xenofobia es una «enfermedad de los blancos», también era capaz, en privado, de expresar los más desagradables prejuicios. La publicación de los diarios que el físico teórico escribió durante un viaje a Asia en la década de 1920 ha sacado a la luz las sombras de su autor. En sus páginas, el que también fuera un icono humanitario muestra su chocante desprecio hacia algunos pueblos asiáticos, especialmente los chinos.

En el otoño de 1922, Albert Einstein, junto con su entonces esposa, Elsa Einstein, se embarcaron en un viaje de cinco meses y medio hasta el Lejano Oriente y Medio Oriente, regiones que el famoso físico nunca había visitado antes. El extenso itinerario incluyó paradas en Hong Kong y Singapur, dos estancias breves en China, una gira de conferencias de seis semanas por Japón, una gira de doce días por Palestina e incluso una visita de tres semanas a España. La agenda muestra las reflexiones de Einstein sobre ciencia, filosofía y arte, y relata sin tapujos aquello que le llama la atención en sus viajes. A los chinos los describe como gente laboriosa, pero también «sucia y obtusa».

Entre otras cosas, le desagradó que esas personas «no se sientan en bancos mientras comen, sino que se ponen en cuclillas como los europeos cuando hacen sus necesidades en los frondosos bosques. Todo esto ocurre en silencio y de manera reservada. Incluso los niños no tienen espíritu y parecen aletargados», apunta. Después de eso, Einstein señala que sería «una pena» que los chinos «suplantasen a todas las demás razas. Para gente como nosotros, el mero pensamiento es indescriptiblemente lúgubre». Parece que el científico ya temía lo que algunos llaman el «peligro amarillo».

Estos comentarios contrastan con su imagen pública. «Creo que es un shock leerlos, estaba con la guardia baja, no tenía intención de publicarlos», dice al diario británico The Guardian Ze'ev Rosenkranz, editor y traductor de «The Travel Diaries of Albert Einstein», que acaba de publicar Princeton University Press, y editor principal y asistente del director del Einstein Papers Project en el Instituto de Tecnología de California.

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© Princeton University Press
Una página del diario de viajes de Einstein, escrita en China en 1922.
Otros pasajes en los diarios, que se cree que fueron escritos para las hijastras de Einstein en Berlín, señala que los chinos son «una nación peculiar parecida a una manada, a menudo más como autómatas que como personas». Incluso llega a mencionar, de una forma que hoy en día sería inexcusable, que no entiende cómo los varones chinos pueden encontrar a sus mujeres lo suficientemente atractivas como para tener descendencia con ellas.

Admiración por Japón

Sobre Ceilán, Einstein dice que los lugareños «viven en gran inmundicia y un hedor considerable en el suelo», sin que parezcan proclives a cambiar las cosas. Por el contrario, sí muestra su admiración por los japoneses, a los que considera «nada ostentosos, decentes y muy atractivos (...) almas puras como en ningún otro lugar. Uno tiene que amar y admirar este país». Eso sí, los considera más débiles intelectualmente.

«Las entradas del diario de Einstein sobre el origen biológico de la supuesta inferioridad intelectual de los japoneses, chinos e indios pueden considerarse racistas. En estos casos, otros pueblos son descritos como biológicamente inferiores, un sello claro del racismo. El inquietante comentario de que los chinos puedan 'suplantar a todas las demás razas' también es muy revelador en este sentido», dice Rosenkranz, cuyas palabras han sido recogidas por The Guardian.

En la introducción del libro, Rosenkranz escribe que es importante explorar cómo un icono humanista como Einstein, cuya imagen ha sido utilizada para una campaña de ACNUR por considerarle también un refugiado, podría haber escrito comentarios xenófobos sobre las personas que encontró. En parte, dice el editor, pudo haber sido influido por la cultura de la época, pero quizás ocurra que hasta el más grande de los hombres puede albergar en su alma rincones sombríos de los que avergonzarse.