French students cell phones
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La prohibición de los teléfonos móviles fue parte de la exitosa campaña electoral presidencial de Emmanuel Macron este año.
"La Universidad Americana está sumida en la histeria colectiva". Así es como Heather MacDonald comienza su conferencia "El engaño de la diversidad". Creo que todos estamos de acuerdo en que eso es cierto. Tampoco ayuda que los maestros sean despedidos por no dar crédito parcial a los estudiantes por no haber hecho ninguna tarea. Cuando los estudiantes pudientes y mimados afirman que "temen por sus vidas" por estar "rodeados de opresores, transfóbicos y racistas", y cuando los médicos jóvenes protestan contra la medicina "basada en hechos", creo que podemos estar de acuerdo en que nos encontramos en una situación bastante mala. Pero, como descubrí recientemente, parece que las cosas sólo van a empeorar.

Me encontré con un libro de Jean M. Twenge llamado iGen: Why Today's Super-Connected Kids Are Growing Up Less Rebellious, More Tolerant, Less Happy - and Completely Unprepared for Adulthood ("iGeneración: Por qué los niños súper conectados de hoy son menos rebeldes, más tolerantes, menos felices y no están preparados en lo absoluto para la edad adulta"). Este libro, que está repleto de estadísticas, gráficos y cuadros, ofrece una imagen impactante de la generación que ahora circula por las universidades y los colegios, y no pinta nada bien.

La iGeneración perdida

Todos sabemos que hay diferencias obvias entre las generaciones nacidas en los años 70, 80, 90 y principios de la década de 2000. Pero, ¿cuáles son, exactamente?

Nacida entre 1995 y 2005, la Generación de Internet nació en un momento en que los nacimientos de madres solteras se encontraban en los niveles más altos de la historia. También son la generación más diversa étnicamente, con cálculos estimados de que "el 52% de los estadounidenses menores de 18 años son blancos, en comparación con el 75% de los Boomers [nacidos entre 1946 y 1964 -NdT]". Y pasaron toda su juventud en Internet.

Habiendo sido socializados en Facebook, Instagram y Twitter, parecería que la mayoría de ellos tomó sus intereses intelectuales de Reddit y Tumblr. Lo hicieron todo con poca o ninguna supervisión adulta. Y ahora, como en la película Event Horizon, introdujeron lo que captaron allí a las universidades.

La mayor parte de las horas de vigilia de la Generación de Internet transcurren en videollamadas, mensajes de texto, navegación por Internet y juegos electrónicos. Los estudiantes del último año de secundaria en este rango de edad invierten aproximadamente 6 horas al día, y los del octavo grado 5 horas al día. Pero para empeorar las cosas, menos del 20% de los padres son conscientes de lo que sus hijos están haciendo en línea. Esas son 6 horas de actividad sin supervisión en un medio que contiene de todo, desde pornografía hasta la teoría de la tierra plana; lo que explica por qué sólo el 66% de esta generación está seguro de que la Tierra es redonda.

Bueno, ¿qué hay de malo en eso? Los niños se comportan como niños, ¿verdad? Cometerán errores y crecerán. Claro, pero eso implica enfrentar desafíos: salir con alguien, socializar con gente real, hacer las tareas y trabajar. están haciendo esas cosas, ¿verdad?

Fuera de Internet, ¿cómo utiliza su tiempo la Generación de Internet? Bueno, ellos no leen. El porcentaje de aquellos que leen libros o revistas casi todos los días se redujo de un 60% en 1976 a un 15% en 2015. El porcentaje que reportó haber leído dos o más libros por placer en un año disminuyó de casi el 80% en 1976 a cerca del 50% en 2015.1

Está bien, no son ratas de biblioteca. No tiene tanta importancia. ¿Seguramente estarán de fiesta y pasando el rato con sus amigos? No. No están saliendo y no salen sin sus padres. En la década de 1990, más de la mitad de los adolescentes salían con amigos todos los días o casi todos los días. En 2014, esa cifra había descendido a aproximadamente el 25%, es decir, uno de cada cuatro.2

Ok, así que no están leyendo por placer y el 75% de ellos no están saliendo con amigos. ¿Entonces estarán trabajando? No. Como escribe Twenge, "En los últimos años de la década de 1970, sólo el 22% de los estudiantes del último año de la escuela secundaria no trabajaba por dinero durante el año escolar, pero a principios de la década de 2010, el doble (44%) no lo hacía".3

Ok, así que no están saliendo con amigos, no están trabajando, y no están leyendo por diversión. ¿Quizás es porque están demasiado ocupados estudiando para entrar en la universidad? No, tampoco es eso. La cantidad de tiempo que se dedica a las tareas ha disminuido y el 65% de los alumnos de octavo grado en las escuelas estadounidenses ni siquiera son lectores competentes, y el 67% tampoco lo son en matemáticas básicas. ¡Dos tercios de todos los niños estadounidenses!

Bueno, a quién le gustan las matemáticas cuando se puede tener citas. Al menos tienen citas, ¿no? No, tampoco están teniendo citas. A principios de la década de 1990, casi tres de cada cuatro alumnos de 10º grado tenían citas, pero para la década de 2010 sólo la mitad tenía. Como escribe Twenge, "En resumen: los adolescentes de la Generación I tienen menos probabilidades de participar en todas y cada una de las actividades sociales presenciales medidas a través de cuatro conjuntos de datos de tres grupos de edades diferentes".4

La falta de desafíos combinada con la naturaleza contagiosa y adictiva de Internet es la razón por la que el setenta y nueve por ciento muestra síntomas de angustia cuando se mantienen alejados de sus dispositivos. Básicamente son adictos (casi) funcionales antes de llegar a la edad adulta.

Contagios extraños y la Generación de Internet
Apple iPhone

El primer iPhone se lanzó en 2007. Poco después, se produjo un brote de suicidios en Silicon Valley (lo que podríamos llamar la Zona Cero de la epidemia de la iGeneración). Este brote se alimentó de noticias virales transmitidas a través de los medios sociales. Los niños compartían todo el día actualizaciones sobre las muertes en Facebook, Instagram y Twitter, propagando cada suicidio en la comunidad como si se tratara de un virus. El resultado fue una epidemia que tuvo como resultado la muerte de varios cientos de niños y una tasa de suicidio diez veces más alta que el promedio nacional.

Si eso no asusta a un padre de familia, entonces esto probablemente lo hará. Hasta 2008, la tasa de autolesiones entre los niños era relativamente estable. Pero desde 2009, la tasa de visitas a la sala de emergencias para niñas de 10 a 14 años ha aumentado un 19% cada año. Las tasas de suicidio siguen aumentando, así como las tasas de depresión y ansiedad.

Yo diría que estas cifras no son coincidencia. Hay algo "contagioso" respecto a Internet y su fácil acceso a través de "teléfonos inteligentes", y esto perjudica a estos niños vulnerables. Twenge encontró que "los alumnos de octavo grado que pasan diez o más horas a la semana en los medios sociales tienen un 56% más de probabilidades de ser infelices que los que no lo hacen".5

Si el aumento de las autolesiones y los suicidios no es suficiente, también existe la naturaleza contagiosa de la disforia de género. Como informa una investigadora, "hasta hace unos diez años, la disforia de género que se presentaba por primera vez en la adolescencia era prácticamente desconocida en quienes habían nacido como mujeres". Ella continúa:
Sin embargo, en la última década, se ha generalizado repentinamente un nuevo tipo de disforia de género, en la que los adolescentes o preadolescentes se identifican como transgéneros "de la nada", sin ningún antecedente infantil de sentirse incómodos con su sexo. Los expertos la han apodado como disforia de género de rápida aparición y están comenzando a estudiarla.

"Creemos que se trata de un fenómeno totalmente distinto de la disforia de género que comienza en la infancia", dice Michael Bailey, PhD, investigador líder en sexualidad y género, y profesor de psicología en la Northwestern University. "De hecho, creemos que no existía hasta hace poco. Es un fenómeno socialmente contagioso, que recuerda a la epidemia del trastorno de personalidad múltiple de los 90".

Aunque no se sabe mucho en este momento sobre la disforia de género de rápida aparición, parece probable que se trate de una especie de contagio social en el que los jóvenes (a menudo niñas adolescentes) llegan a creer que son transgénero.
Como hemos comentado en un episodio anterior de The Truth Perspective, las ideas, los comportamientos y las emociones son contagiosos. Se propagan mediante la imitación y la mímica. Los niños ahora pasan más tiempo sin supervisión, poseídos por Internet, que en persona con otros seres humanos. Los factores que los han condicionado ahora han ingresado con ellos a las universidades.

Actualmente el treinta y siete por ciento de los estudiantes universitarios reporta que es aceptable gritar a los oradores con los que no están de acuerdo, y el 10% está de acuerdo en que es aceptable usar la violencia para callarlos. Estos niños que no están acostumbrados a la vida, consideran que cualquier cosa que sea vagamente amenazante, como aplausos u opiniones diferentes, es motivo de intervenciones oficiales y/o violentas.

Cualquier cosa que huela un poco a la testosterona se ha convertido en "violación" porque esta generación apenas aprendió cómo es una relación, fuera de la horrible influencia de la pornografía.

Y, sin aprender a manejar el conflicto, el debate, la discusión o la diferencia de opiniones, estos niños se han convertido en la principal audiencia a la que apuntan los Guerreros de la Justicia Social autoritarios que quieren controlar los pensamientos y las relaciones de todos.

En resumen, parece que la guerra feminista contra la familia se ha combinado con la Generación de Internet para crear el anfitrión perfecto para la locura de los Guerreros de la Justicia Social, y parece que esto sólo va a empeorar.

Referencias

1. Jean M. Twenge's iGen: Why Today's Super-Connected Kids Are Growing Up Less Rebellious, More Tolerant, Less Happy--and Completely Unprepared for Adulthood--and What That Means for the Rest of Us (Kindle Edition) loc. 893
2. Ibid. loc. 1016
3. Ibid. loc. 478
4. Ibid. loc. 1067
5. Ibid. loc. 1095