Una parte del cerebro predice las capacidades musicales: es la ruta neuronal que conecta las áreas motora y auditiva, llamada fascículo arqueado. Cuanto más densa es esta región en el hemisferio derecho, mayores son las habilidades musicales.

música y cerebro
Una investigación de la Universidad Concordia en Canadá ha descubierto que existe en el cerebro una región que predice las capacidades musicales de una persona, independientemente de que esta persona sea o no aficionada o profesional de la música.

Ha constatado que la estructura y el volumen de la sustancia blanca del cerebro están relacionados con el aprendizaje de la melodía y el ritmo. Los resultados se publican en la revista NeuroImage.

Esta investigación revela que el tamaño y las propiedades estructurales del fascículo arqueado , la ruta neuronal que conecta las áreas motora y auditiva del cerebro, en el hemisferio cerebral derecho, son factores predictivos de la capacidad musical.
"Descubrimos que cuanto más denso es el fascículo arqueado del hemisferio derecho (y sólo el del derecho), mejor se desenvuelve esa persona en la ejecución de las tareas musicales", explica Lucía Vaquero, una de las autoras de esta investigación, en un comunicado.
Añade que la mayor parte de los estudios realizados hasta ahora sobre las capacidades musicales de las personas se ha centrado en músicos, mientras que esta nueva investigación ha contado con personas con y sin experiencia musical.

Además, "utilizamos un programa informático para diseccionar virtualmente los datos de las neuroimágenes, lo que nos permitió adaptar la disección a las diferencias anatómicas de cada sujeto", precisa Vaquero.

Metodología

El estudio se desarrolló en Barcelona, donde Vaquero reunió a 44 adultos no músicos, a los que sometió a un examen por imagen por resonancia magnética (IRM). Este examen le permitió reunir datos de neuroimagen sobre cada participante.

A continuación los participantes fueron sometidos a un test de sincronización del ritmo con instrumentos de percusión de madera, y luego ejecutaron un aprendizaje melódico sobre un teclado.

Las imágenes neuronales obtenidas mediante IRM fueron sometidas a un análisis de tractografía, un procedimiento que se usa para poner de manifiesto los tractos neuronales, mediante un programa informático (Diffusion Toolkit). De esta forma pudieron obtener las características estructurales del fascículo arqueado de cada participante.

Las investigadoras contrastaron las características estructurales desveladas por las imágenes cerebrales con los resultados obtenidos en las tareas musicales de la investigación. De esta forma descubrieron el vínculo entre el aprendizaje musical y la organización estructural y volumen del fascículo arqueado.

No solo para la música
"Aislamos las diferentes partes del fascículo arqueado y distinguimos su relación son el aprendizaje musical", añade Vaquero. "Más precisamente, pudimos predecir el aprendizaje del ritmo a partir del volumen del segmento anterior del fascículo arqueado derecho, al mismo tiempo que relacionamos también el aprendizaje de una melodía con la organización microestructural del lado derecho del fascículo arqueado".
"El fascículo arqueado es importante no sólo en la medida en que relaciona las áreas motrices y auditivas del cerebro, sino también por el papel que desempeña en el lenguaje y las tareas relacionadas, como el aprendizaje de un idioma, donde es necesario relacionar las informaciones auditivas", explica por su parte Virginia Penhune, otra autora de esta investigación.
Y concluye: "es importante conocer mejor los mecanismos subyacentes entre estos vínculos para comprender mejor cómo funciona el cerebro". El descubrimiento es valioso no sólo para descubrir potencialidades musicales: "cuanto más aprendamos sobre la plasticidad cerebral, mejores resultados podremos obtener también en materia de readaptación de las víctimas de un ictus cerebral (AVC)".
Referencia

White-matter structural connectivity predicts short-term melody and rhythm learning in non-musicians. Vaquero L. et al. Neuroimage. 2018 Nov 1;181:252-262. doi:10.1016/j.neuroimage.2018.06.054.