Traducido por el equipo de Sott.net en español

Incluso el diario de los neoconservadores belicosos The Guardian, furioso por los intentos de Trump de sacar de Siria a las tropas estadounidenses, al producir un mapa para ilustrar su punto de vista, sólo pudo mostrar un único e incierto trazo de pluma muy corto para describir la minúscula franja de territorio que, según el periódico, ISIS sigue aún controlando en la frontera con Irak.
Water reflect military
© Task & Purpose
Reflexión
Por supuesto, el The Guardian presenta el argumento de que es necesaria una presencia militar continua de Estados Unidos para asegurar que ISIS no vuelva a la vida en Siria. La falacia de este argumento puede demostrarse fácilmente. En Afganistán, los Estados Unidos han conseguido prolongar el largo proceso de la humillante derrota en la guerra aún más de lo que lo hizo en Vietnam. Está más claro que el agua que la presencia de tropas de ocupación norteamericanas es en sí misma el mejor sargento de reclutamiento para la resistencia. En Sikunder Burnes describo cómo las líneas de batalla de las alianzas tribales de hoy son precisamente las mismas a las que se enfrentaron los británicos en 1841. Sólo ponemos etiquetas como las de los talibanes para ocultar el hecho de que los invasores se enfrentan a la resistencia nacional.

El secreto para terminar con la fuerza de ISIS en Siria no es la presencia continua de tropas americanas. Corresponde a los aliados cada vez más cercanos de Estados Unidos en Arabia Saudita y el Golfo cortar la principal arteria del dinero y las armas, que nunca debemos olvidar su origen y que durante mucho tiempo tuvieron un fuerte componente estadounidense. La alianza entre Estados Unidos, Arabia Saudita e Israel contra Irán es hoy el factor geopolítico más importante de la región. Ya es hora de que esta alianza deje de financiar a ISIS y de pretender combatirlo; la esquizofrenia no es una postura para la política exterior.

En los últimos años no ha habido ningún terrorista islámico chiíta significativo ni ninguna otra amenaza contra Occidente. El 11-S fue llevado a cabo por militantes sunitas saudíes. Al Qaeda, ISIS, Al Nusra, Boko Haram, todos ellos son grupos sunitas, y todos están patrocinados por Arabia Saudita. Es una cuestión de locura que Occidente haya adoptado la postura de que es Irán -que no ha patrocinado ni un solo ataque a Occidente en los últimos tiempos- el que constituye la amenaza en Medio Oriente.

El origen de esta postura parece residir en el hecho de que el grupo chiíta Hezbolá demostró tener la única fuerza militar entre los vecinos de Israel capaz de detener una invasión israelí. Después de la desastrosa invasión de Irak que resultó en un régimen amigo de Irán en Bagdad, EE.UU. decidió, por razones de equilibrio de poder, apoyar los juegos de poder regionales saudíes, sólo para que Arabia Saudita cayera en manos del psicópata belicista Mohammed Bin Salman, quien escaló una política ya de por sí defectuosa hasta el punto de ruptura.

El caos de esta estrategia incoherente y contraproducente es, curiosamente, lo que los neoconservadores quieren. Su objetivo es la guerra perpetua y la desestabilización en Medio Oriente. Uno de los hallazgos que yo no esperaba descubrir al escribir Sikunder Burnes fue que los británicos habían estado explotando y exacerbando deliberadamente la división entre chiítas y sunitas ya en 1836 con fines imperiales. Hoy, al mantener a las poblaciones árabes pobres y divididas políticamente, los neoconservadores creen que mejoran la seguridad de Israel, y sin duda facilitan el acceso de las empresas occidentales al petróleo y al gas de la región, como vemos en la desestabilización de Irak y Libia.

Los Clinton y Blair fueron la apoteosis de la captura de los principales partidos políticos de "izquierda" por parte de esta agenda neoconservadora e imperialista en Medio Oriente. Sanders, Trump y Corbyn fueron los primeros políticos con posibilidades de poder en muchas décadas que no apoyaron de palabra a la agenda neoconservadora. La falta de entusiasmo de Trump por la política de la Guerra Fría ha sido neutralizada para que no resulte en cualquier acción de su parte por la ridícula mentira de que Rusia hackeó su elección. Además, su codicia ha llevado a acuerdos con Arabia Saudita que han socavado en gran medida su preferencia declarada por el no intervencionismo. Y ahora en Siria, la misma insinuación de que Trump puede no estar totalmente comprometido con la búsqueda de la guerra perpetua tiene a todo el establishment neoconservador, a los medios políticos y a las ONG, gritando al unísono, a ambos lados del Atlántico.

He escrito antes que Trump puede ser un presidente podrido para los estadounidenses, pero al menos no ha iniciado una guerra importante; y estoy bastante seguro de que Hillary ya lo habría hecho. Para un no estadounidense, la elección entre Hillary y Trump terminó equilibrando en un lado de la balanza el mal de millones más de muertos y mutilados en Medio Oriente y el lanzamiento de una nueva Guerra Fría sin reservas, contra el otro lado de la balanza de más pobreza para los estadounidenses, con muy mala asistencia de salud y servicios sociales, y la adopción de los Estados Unidos de políticas de inmigración racistas. Espero que el bombardeo mediático neoconservador de hoy, que aboga por más tropas estadounidenses en Medio Oriente, ayude a la gente a recordar lo poco atractivo que es también el lado de Hillary de la ecuación.

También es muy útil para revelar la sorprendente unanimidad de nuestra clase política, de los medios de comunicación y de las ONG aquí en el Reino Unido.
Sobre el autor:

Craig Murray es autor, locutor y activista de derechos humanos. Fue embajador británico en Uzbekistán de agosto de 2002 a octubre de 2004 y rector de la Universidad de Dundee de 2007 a 2010. Es autor de Sikunder Burnes: Master of the Great Game, Murder in Samarkand, The Catholic Orangemen of Togo (and Other Conflicts I Have Known).