Traducido por el equipo de Sott.net en español

Las verdaderas fuerzas responsables de la destrucción de muchos países de mayoría musulmana y del caos actual presente en muchos países occidentales no son generadas por poblaciones civiles ni religiones, sino por la oligarquía global que se aprovecha de este caos.
Christchurch shooting casualty
El viernes tuvo lugar el que sin duda fue el peor tiroteo masivo en la historia de Nueva Zelanda, cuando unos tiradores, entre ellos el australiano Brenton Tarrant, de 28 años, abrieron fuego contra dos mezquitas de Christchurch. Cuatro, incluido Tarrant, han sido arrestados por el acto atroz, que se cobró al menos 49 vidas inocentes. Tarrant fue responsable de matar a más de 40 víctimas, entre ellas varios niños, en un atentado que transmitió a través de Facebook, provocando escalofríos en toda la comunidad musulmana, en particular entre los musulmanes que viven en los países occidentales.

Los motivos e ideología de Tarrant, expuestos en un manifiesto de 74 páginas, muestran una preocupación por las tasas de fertilidad de los grupos no blancos, así como por la inmigración de no blancos a países como Nueva Zelanda y Australia, que él comparó con una "invasión" que amenazaba a la mayoría blanca en esos países. Sin embargo, Tarrant -en su ignorancia- no comprendió que muchos de los inmigrantes musulmanes a los que atacó habían llegado a Nueva Zelanda después de huir de las invasiones, ocupaciones o persecuciones respaldadas por Occidente en sus países de origen.

Entre los puntos de vista de Tarrant destaca el hecho de que él es claramente un etnonacionalista, que promueve su punto de vista de que los diferentes grupos étnicos deben mantenerse "separados, únicos, sin diluirse y sin restricciones en cuanto a la expresión y autonomía cultural o étnica". Tarrant también afirmó que no necesariamente odia a los musulmanes y que sólo ataca a los musulmanes (es decir, a los inmigrantes) que eligieron "invadir nuestras tierras, vivir en nuestro suelo y reemplazar a nuestra gente".

También declaró que optó por atacar a los musulmanes porque "las naciones islámicas, en particular, tienen altas tasas de natalidad, independientemente de su raza o etnia" y para saciar "el deseo de vengarse del islam por los 1.300 años de guerra y devastación que ha traído consigo a los pueblos de Occidente y a otros pueblos del mundo". Sus puntos de vista son notablemente similares a los del terrorista noruego Anders Breivik, lo cual no es sorprendente dado que Tarrant lo nombró como inspiración para el tiroteo.

Aunque muchos -en las horas posteriores al tiroteo- han intentado culpar y señalar a demagogos notables como el presidente Donald Trump o figuras de la derecha alternativa "contra el yihadismo" como Laura Loomer y Jacob Wohl, es importante situar las motivaciones de Tarrant en su contexto.

En efecto, aunque es innegable que el ascenso de Trump al poder político ha llevado la retórica islamofóbica a la esfera pública, este es un síntoma de un esfuerzo mucho más amplio encaminado a esparcir la propaganda entre la población estadounidense y de otros países occidentales, para que apoyen las guerras en los países de mayoría musulmana y las ocupaciones militares de los mismos. Esta islamofobia fabricada, en gran medida producto de los gobiernos occidentales y de los medios de comunicación de masas, ha tratado de vilipendiar a todos los musulmanes calumniando a la propia religión como terrorismo, con el fin de justificar el saqueo de sus países y desviar la atención de su sufrimiento.

Es un clásico ardid del tipo "divide y vencerás" destinado a separar a los occidentales de los musulmanes en sus propios países y en el extranjero. El horrible tiroteo en Christchurch es un testimonio de su desafortunado éxito y su omnipresencia, así como un poderoso recordatorio de que es preciso ponerle fin. De hecho, esta islamofobia fabricada ha hecho que los musulmanes de sus países de origen corran el riesgo de morir a causa de las guerras respaldadas por Occidente y, si huyen al Occidente "más seguro", tienen dianas pintadas en sus espaldas a causa de la propaganda de la guerra que se utiliza para justificar el aventurerismo militar de Occidente en las naciones con mayoría musulmana.

El islam, la prensa y "Las Guerras Eternas": ¿Quién es el "verdadero" terrorista?

Desde el 11 de septiembre y el advenimiento de la "Guerra contra el Terror", la cobertura de los medios de comunicación comenzó a vincular cada vez más a los musulmanes y a las naciones de mayoría musulmana con la guerra, el terrorismo y la violencia en general. De hecho, 9 de cada 10 noticias sobre musulmanes, islamistas y organizaciones islámicas están relacionadas con la violencia y los musulmanes que son nombrados en los medios de comunicación convencionales son con demasiada frecuencia caudillos militares o líderes terroristas.

Esta asociación casi constante entre el islam y la violencia ha creado la falsa percepción de que la religión del islam, por su propia naturaleza, es violenta y que los musulmanes también deben ser violentos y, por lo tanto, peligrosos. Esta asociación impulsada por los medios de comunicación ha tenido consecuencias muy reales y preocupantes. Por ejemplo, un estudio realizado en 2010 por la Universidad de Exeter encontró "pruebas empíricas que demuestran que los agresores de musulmanes están invariablemente motivados por una visión negativa de los musulmanes que han adquirido a partir de los reportes o comentarios de nacionalistas corrientes o extremistas en los medios de comunicación". En otras palabras, los informes islamófobos de los medios de comunicación están directamente relacionados con los delitos de odio contra los musulmanes.

Esto no es un accidente, ya que este tipo de informes sesgados sobre las naciones de mayoría musulmana también comenzaron cuando las guerras respaldadas por Occidente en países como Irak y Afganistán pretendían poner los recursos naturales de estos países, a saber, su petróleo y sus riquezas minerales, en manos de las corporaciones estadounidenses. No debe sorprender entonces que los principales financiadores de los medios de comunicación que han promovido rutinariamente las narrativas islamofóbicas sean también los que se han beneficiado considerablemente de la "guerra contra el terrorismo" y de las guerras de cambio de régimen apoyadas por Occidente en otros países.

Este esfuerzo concertado para vilipendiar a los musulmanes ha tenido el potente efecto, posiblemente intencionado, de reducir la empatía de los occidentales por las víctimas, en su mayoría musulmanas, del aventurerismo militar occidental en los países de mayoría musulmana. De hecho, aunque las principales agencias de noticias a menudo anuncian los peligros inminentes a los que se enfrentan los estadounidenses por el "terror islámico radical", el número de muertes de personas inocentes -en su mayoría musulmanas- que han sido asesinadas por la "Guerra contra el Terror" liderada por Estados Unidos es mucho mayor que el número de norteamericanos que murieron a causa de todos los atentados terroristas ocurridos durante el mismo periodo.


Comentario: Un efecto peor que la reducción de la empatía hacia los musulmanes es que mantiene a los occidentales distraídos y confundidos sobre la verdadera naturaleza de quienes los gobiernan.


Mosul destroyed by USA
© Felipe Dana/AP
Residentes llevan cuerpos de varios civiles muertos en un ataque aéreo estadounidense en Mosul, Irak, el 24 de marzo de 2017.
Por ejemplo, entre 2001 y 2013, se calcula que unos 3.380 estadounidenses murieron a causa del terrorismo nacional y extranjero, incluidos los atentados del 11 de septiembre y los actos de terrorismo nacional perpetrados por nacionalistas y supremacistas blancos. Si se excluye el número de víctimas mortales del 11 de septiembre, el número de muertes estadounidenses durante ese mismo período se sitúa en torno a 400, la mayoría de ellas víctimas de asesinos en masa que no eran musulmanes.

En comparación, se estima que 8 millones de personas inocentes en países de mayoría musulmana murieron como resultado de las políticas y guerras de Estados Unidos en el Medio Oriente y el Norte de África entre 2001 y 2015. Sin embargo, la magnitud de la pérdida de la vida de estas "víctimas indignas" se ve minimizada por el silencio de los medios de comunicación y de los gobiernos, y la creación de un clima de islamofobia en Occidente sólo ha servido para profundizar la facilidad con la que las poblaciones de los países agresores aceptan los asesinatos en masa.

Más allá de la asombrosa disparidad en el número de muertos causado por los grupos terroristas y las guerras imperialistas respaldadas por Occidente, tenemos el hecho de que muchos de estos gobiernos occidentales que pretenden estar tan preocupados por el "terror islámico radical", a menudo han creado y financiado a los grupos terroristas más notorios de todos. De hecho, el gobierno de Estados Unidos ayudó a crear Al Qaeda y continúa protegiendo a su rama siria -Hayat Tahrir al-Sham- en la provincia siria de Idlib hasta el día de hoy. Adicionalmente, recientemente se ha revelado que la CIA está ayudando al Estado islámico a reagruparse en los campos de refugiados sirios. Además, Estados Unidos ha hecho la vista gorda ante la financiación de grupos terroristas por parte de Estados aliados como Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.

El papel del dinero, las armas y la política occidentales en la creación y el mantenimiento de los grupos terroristas wahabíes radicales es con frecuencia totalmente ignorado por los medios de comunicación occidentales en su representación de las naciones de mayoría musulmana, creando así una falsa imagen de que dicha violencia es endémica en estas naciones cuando, de hecho, a menudo se trata de terrorismo importado y patrocinado por Estados.

Estos matices de la situación rara vez se escuchan en las narrativas que se difunden en los medios de comunicación tradicionales, y quienes consumen regularmente las fuentes de noticias convencionales tienen más probabilidades de apoyar esas narrativas que quienes no lo hacen. Por esa razón, es fácil ver cómo alguien como Donald Trump -de quien se dice que ve la televisión durante ocho horas todos los días, principalmente Fox News- ha adquirido los puntos de vista que tiene. Gracias a la fabricación de la islamofobia en los principales medios de comunicación, las políticas racistas como la llamada "prohibición musulmana" han recibido un amplio apoyo, ya que esta falsa narrativa ha mezclado el islam con la violencia con tanta frecuencia que muchos han llegado a creer que sólo mediante la prohibición del islam se puede reducir la violencia y el terrorismo en Estados Unidos.

Sin embargo, el reciente tiroteo en Christchurch, así como el tiroteo en la Sinagoga del Árbol de la Vida y otros recientes actos de terrorismo doméstico, deberían alertarnos sobre el hecho de que es el odio fabricado por esta falsa narrativa lo que está poniendo en peligro las vidas de los estadounidenses, a la vez que encubre los asesinatos en masa perpetrados por Estados Unidos y otros gobiernos de todo el mundo durante décadas.

El papel central de Israel en el fomento del etnonacionalismo

Mientras que las realidades del Estados Unidos posterior al 11 de septiembre, así como el aumento de la visibilidad del etnonacionalismo blanco durante la Era de Trump, han hecho mucho para normalizar los ataques contra los inmigrantes, el país que más ha hecho para normalizar el terrorismo antimusulmán en este mismo marco de tiempo ha sido el Estado de Israel.

Israel, desde los días de su fundación, se ha encontrado inmerso durante mucho tiempo en una ideología neocolonialista que es notablemente similar a la base ideológica que hay detrás de otros Estados colonizadores como Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda. Este sistema de creencias sostiene que los habitantes nativos de la tierra -ya sean palestinos, sioux o maoríes- son "primitivos" e incompetentes y que la tierra habría permanecido "salvaje" y sin desarrollar si no fuera por la apariencia "afortunada" de los colonos europeos. Como MintPress señaló en un informe anterior sobre el tema, tales narrativas consideran a estos colonos como superiores y normales, mientras que los nativos se vuelven inferiores y anormales, lo que ofusca la condición de extranjeros y conquistadores del colono.

En el caso de Israel, esta ideología ha promovido la idea de que todos los árabes son "hijos del desierto", mientras que el desierto representa simultáneamente un obstáculo bárbaro para el "progreso" y el desarrollo. Sin embargo, el Estado de Israel, bajo el largo mandato del actual primer ministro Benjamín Netanyahu, ha sido testigo del desvelamiento de estos fundamentos antiguos y un tanto ocultos del Estado sionista.

El resultado ha sido la expresión abierta del etnonacionalismo de tal manera que Israel se ha convertido en una inspiración para los nacionalistas blancos en Estados Unidos, como Richard Spencer, y para líderes etnofascistas de extrema derecha como el brasileño Jair Bolsonaro y el indio Narendra Modi. La inspiración ha sido mutua, según informes y testimonios publicados por el periódico judío The Forward.

Durante años, a través de su ocupación militar de Palestina, el gobierno y el ejército de Israel han tratado de pintar a todos los palestinos, incluidos los niños, como "terroristas" o "simpatizantes de terroristas". Tomemos, por ejemplo, la actual ministra de Justicia Ayelet Shaked, quien escribió en 2014: "Esta es una guerra entre dos pueblos. ¿Quién es el enemigo? El pueblo palestino..."

Un ejemplo más reciente fue el del exministro de Defensa Avigdor Lieberman, quien afirmó apenas el año pasado que "no hay gente inocente" en la Franja de Gaza y que todos los habitantes del enclave están de alguna manera conectados con Hamás, a pesar de que casi la mitad de la población de Gaza son niños y adolescentes. Esta retórica se ha convertido en práctica común y numerosos ejemplos muestran que los puntos de vista de Shaked y Lieberman son cada vez más aceptados y "normales" en el Israel de hoy en día.

Sin embargo, el indicio más claro de la normalización del terrorismo antimusulmán en Israel es el reciente surgimiento de Otzma Yehudit, o el Partido del "Poder Judío". Este partido, fundado por devotos del rabino radical estadounidense Meir Kahane, se ha fusionado -a instancias de Netanyahu- con el Partido del Hogar Judío y se perfila para formar parte de la coalición gobernante de Israel si Netanyahu logra ganar en las próximas elecciones del país.
Meir Kahane
© Dan Balilty/AP
Con un retrato del difunto rabino Meir Kahane sobre el muro, a la izquierda, un colono judío camina dentro de un edificio tomado de una familia palestina en Hebrón, el 16 de noviembre de 2008.
En la oficina de Itamar Ben Gvir, uno de los líderes de Otzma Yehudit, hay una foto enmarcada de Baruj Goldstein. En un acto que tiene una sorprendente similitud con los acontecimientos de Christchurch, Goldstein -un devoto de Kahane- entró en una mezquita de la ciudad de Hebrón, en Cisjordania, en 1994, y abrió fuego, matando a 29 personas e hiriendo a más de 125 fieles. Después del acto, el partido Kach de Kahane -el predecesor de Otzma Yehudit- fue calificado como una organización terrorista por Estados Unidos e Israel.

A pesar de la condena oficial, el atroz acto de Goldstein ha sido objeto de elogios e inspiración para los posteriores extremistas que, bajo el gobierno de Netanyahu, se han normalizado cada vez más. La lápida de Goldstein dice: "Dio su vida por el pueblo de Israel, su Torá y su tierra" y sigue siendo utilizada como lugar de peregrinación y homenaje por los extremistas que Netanyahu está cortejando abiertamente para obtener beneficios políticos.

Mientras que los seguidores de Kahane están recobrando popularidad en Israel, a varios partidos políticos árabes notables se les ha prohibido participar en las próximas elecciones de Israel, y algunos han sido acusados de "apoyar el terrorismo" debido a su oposición a la ocupación militar de Palestina por parte de Israel durante décadas. Sin embargo, al reclutar a claros partidarios del terrorismo entre las filas del Partido del Poder Judío, ha quedado cada vez más claro que apoyar y defender abiertamente el terrorismo antimusulmán no es un obstáculo para la legitimidad y el poder político en el Israel de hoy en día.

Ningún "choque de civilizaciones"; sólo manipulación y explotación de diferencias

El trágico y bárbaro tiroteo en Christchurch, Nueva Zelanda, es otro horrendo y flagrante recordatorio de que la propaganda de guerra de "divide y vencerás" que ha tratado de promover el llamado "choque de civilizaciones" entre el cristianismo y el islamismo, Occidente y Oriente, no sólo ha sido monstruosamente eficaz, sino que sigue siendo monstruosamente destructiva para las personas de ambos lados.

Sin embargo, la creación de la islamofobia por parte de los medios de comunicación, en su intento por hacer invisible el sufrimiento de los musulmanes y reducir la empatía occidental por los civiles musulmanes inocentes, ha puesto cada vez más en la mira a los musulmanes de todo el mundo -en Occidente y Oriente-, lo que hace cada vez más difícil que los practicantes de la fe islámica se sientan seguros, independientemente del lugar en que vivan.

Mientras que la mayoría de los países de mayoría musulmana son campos de muerte de las guerras respaldadas por Occidente, están gobernados por dictaduras opresivas y respaldadas por Occidente, o se encuentran bajo la amenaza de un cambio de régimen respaldado por Occidente; incluso aquellos musulmanes que han buscado una vida más segura y tranquila en el Occidente "civilizado" se han convertido en objetivos gracias a la misma propaganda bélica utilizada para justificar la destrucción de sus países de origen.

Aunque el asesino Tarrant había declarado que esperaba que su horrendo crimen ayudara a avivar la "guerra civil" en los países occidentales, esta tragedia debería y debe servir como una llamada de atención para la gente de todo el mundo de que las verdaderas fuerzas responsables de la destrucción de muchos países de mayoría musulmana y del caos actual presente en muchos países occidentales no son generadas por las poblaciones civiles ni por las religiones, sino por la oligarquía global que diseña y se beneficia de este caos. Estos oligarcas saquean de la gente de Occidente al igual que de la gente de Oriente y es hora de reconocer que son la amenaza real para un mundo más pacífico; no la gente común que reza, ya sea en una iglesia, en una sinagoga o en una mezquita.