Estados Unidos y China están listos para relanzar las conversaciones comerciales esta semana después de un paréntesis de dos meses, aunque, un año después de que comenzara su guerra comercial, hay pocos indicios de que sus diferencias se hayan reducido.

Donald Trump Xi Jinping
© REUTERS/Kevin Lamarque
FOTO DE ARCHIVO: El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reúne con el presidente chino Xi Jinping en Osaka, Japón, el 29 de junio de 2019.
Tras reunirse con el presidente chino, Xi Jinping, en Japón a finales de junio, el presidente estadounidense, Donald Trump, acordó cancelar una nueva ronda de aranceles sobre bienes de consumo chinos importados por valor de 300.000 millones de dólares, mientras las dos partes reanudaban las negociaciones.

Trump dijo entonces que China reiniciaría las grandes compras de productos agrícolas de Estados Unidos, y que Estados Unidos aliviaría algunas restricciones a la exportación del gigante chino de equipos de telecomunicaciones Huawei Technologies.

Pero fuentes familiarizadas con las conversaciones y los observadores comerciales de China en Washington dicen que la cumbre no sirvió para despejar el camino para que los principales negociadores resolvieran el estancamiento que provocó el fracaso de las conversaciones sobre el acuerdo comercial a principios de mayo.

Un alto cargo de Estados Unidos dijo la semana pasada que se espera que las conversaciones se reanuden con una llamada telefónica entre el representante comercial de Estados Unidos Robert Lighthizer, el viceprimer ministro chino Liu He y el secretario de Hacienda Steven Mnuchin.

Un portavoz del USTR dijo que la llamada se esperaba para esta semana, pero no dio más detalles.

Estados Unidos exige que China haga cambios radicales en su política para proteger mejor la propiedad intelectual estadounidense, poner fin a la transferencia forzada de tecnología y al robo de secretos comerciales y frenar los subsidios industriales estatales a gran escala.

Lo que está en juego, según altos cargos estadounidenses, es el dominio de las industrias de alta tecnología del futuro, desde la inteligencia artificial hasta la aeroespacial.

"Hemos tenido un cambio en el ambiente", dijo Derek Scissors, un experto en China del American Enterprise Institute, un grupo de expertos de Washington orientado a los negocios. "Si bien esto es bueno para los mercados, la administración no ha dicho una sola mención específica sobre ningún avance."

Scissors, que a veces ha consultado con altos cargos de la administración Trump, dijo que ambas partes obtuvieron lo que querían de la cumbre: una disminución de la presión y la no imposición de nuevos aranceles, lo que habría sido doloroso para ambas partes.

"La presión para que un lado ceda ante el otro se difumina ahora mismo. Creo que esto se prolongará durante meses", agregó Scissors.

SIN COMPROMISOS FIRMES

Washington y Pekín parecen tener ideas diferentes de lo que los dos líderes acordaron en Osaka.

Tres fuentes familiarizadas con el estado de las negociaciones afirman que la parte china no se comprometió firmemente a comprar inmediatamente productos básicos agrícolas.

Una de las fuentes dijo que Trump planteó la cuestión de las compras agrícolas dos veces durante la reunión, pero Xi sólo aceptó considerar las compras en el contexto de un acuerdo final más amplio.

Aparte de una pequeña compra de arroz americano por parte de una empresa privada china, no se ha materializado ninguna compra. Los responsables chinos y las noticias de los medios de comunicación estatales de la semana pasada han hecho hincapié en que cualquier acuerdo, incluidas las compras agrícolas, depende de la eliminación de los aranceles estadounidenses.

"Los chinos han dejado claro que no prometieron nada", dijo una fuente familiarizada con las conversaciones.

"La idea de que renuncien a su principal ventaja antes de conseguir algo no tiene sentido. Es posible que compren cerdo y soja, pero aún así serán cantidades pequeñas".

Los altos cargos de la administración Trump también han minimizado el alcance de las promesas de permitir que Huawei compre productos de tecnología estadounidense, y el asesor comercial de la Casa Blanca Peter Navarro dijo que sólo los semiconductores estadounidenses de "baja tecnología" podrían estar disponibles para su venta a la empresa.

Reuters informó la semana pasada que al personal de control de exportaciones del Departamento de Comercio se le dijo que continuara tratando a Huawei como una entidad incluida en la lista negra, ya que el departamento considera las solicitudes de licencias a las empresas estadounidenses para vender productos y servicios a Huawei.

Los responsables chinos señalan que sólo lograron que Estados Unidos hiciera concesiones en las conversaciones de Osaka sobre Huawei, pero no respecto a su otra demanda, que consistía en eliminar los aranceles existentes.

Así que el centro de atención de las próximas conversaciones será la eliminación de los aranceles, dicen.

Una segunda fuente dijo que los aranceles estadounidenses sobre bienes chinos por valor de 250.000 millones de dólares y los aranceles chinos sobre bienes estadounidenses por valor de 160.000 millones de dólares podrían terminar siendo "la nueva situación normal".

Un responsable chino familiarizado con la situación dijo que las conversaciones comerciales se reanudarían muy rápidamente, pero que había una "brecha bastante grande" en las reivindicaciones básicas de ambos países y que sería un reto llegar a un consenso sobre las cuestiones más difíciles.

"El ambiente de negociación es aún más grave", dijo el alto cargo.

Otro representante dijo que China sigue preocupada por la presencia de halcones en el equipo de Estados Unidos, como el asesor de Trump, Peter Navarro.

"Tienen matones", dijo.

Estas fuentes hablaron con Reuters con la condición de mantenerse en el anonimato.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de China recogió citas de Xi en las que decía a Trump en Osaka que "en cuestiones relacionadas con la soberanía y la dignidad de China, China debe salvaguardar sus intereses fundamentales".

Información adicional de Ben Blanchard en Pekín y Andrea Shalal en Washington; traducido por Tomás Cobos en la redacción de Madrid