Traducido por el equipo de Sott.net en español

Ayer por la mañana, el Presidente Trump anunció la muerte de Abu Bakr Al-Bagdadi y de tres de sus hijos.
Abu Bakr Al- Baghdadi old young

Abu Bakr Al- Bagdadi, líder de ISIS, recientemente abatido, según EE.UU.
El presidente Trump dijo que Al-Bagdadi, el fundador de ISIS, estaba huyendo de las fuerzas militares estadounidenses, por un túnel, y luego se suicidó al detonar un chaleco explosivo que llevaba puesto.

En 2004, Al-Bagdadi había sido capturado por las fuerzas estadounidenses y, durante diez meses, permaneció encarcelado tanto en Abu Ghraib como en el Campamento militar Bucca.

Visité el Campamento Bucca en enero de 2004 cuando, aún en construcción, el campamento era una red de tiendas de campaña, al sur de Basora, en una zona aislada y miserable de Irak.

Antes de que nuestra delegación de Voces compuesta por tres personas entrara en Irak, ese mes, esperamos las visas en Amán, Jordania. Mientras estábamos allí, dos jóvenes palestinos nos visitaron y nos describieron sus experiencias durante seis meses de prisión en el Campamento Bucca. Recordando la horrible experiencia, relataron el temor que sentían, durmiendo en la arena infestada de escorpiones del desierto; desfilaban desnudos, para ducharse, frente a mujeres militares estadounidenses y se les decía que ladraran como perros o que dijeran "Amo a George Bush" antes de que sus tazones vacíos fueran llenados de comida. Incapaces de comunicarse con alguien fuera de la prisión, sólo podían esperar su liberación cuando finalmente les tocó comparecer ante un tribunal de tres personas.

Cinco de sus amigos seguían en la cárcel. Nos suplicaron que visitáramos a estos amigos y suplicáramos por su liberación. Todos ellos eran palestinos que estudiaban para obtener títulos profesionales en Bagdad. Renuentes a perder sus oportunidades de graduarse, se arriesgaron y permanecieron en Bagdad durante el bombardeo de Choque y Temor de 2003. Los marines estadounidenses llegaron a su dormitorio en la calle Haifa de Bagdad y sistemáticamente acorralaron a los estudiantes con documentos de identidad extranjeros. Fueron etiquetados como TCN, "Third Country Nationals" ("Ciudadanos de Terceros Países"), y llevados a varias prisiones.

En Bagdad, nuestros amigos de los Equipos Cristianos de Paz ya habían desarrollado una base de datos de nombres y números de prisión para ayudar a los iraquíes a descubrir el paradero de sus familiares desaparecidos. Encontraron los números de las prisiones de dos de los jóvenes que nos pidieron que visitáramos y nos aconsejaron que preguntáramos por el Mayor Garrity, un oficial militar de los Estados Unidos que estaba a cargo del Campamento Bucca.

Viajamos a la ciudad más meridional de Irak, Umm Qasr, y nos sentamos en una mesa de picnic a las afueras del Campamento Bucca, esperando la decisión del Mayor Garrity. Las perspectivas eran sombrías, ya que nos enteramos, al llegar, de que vendríamos después de las horas de visita y el próximo día de visita era tres días después. No había sombra, la arena estaba cubierta de grasa negra, y constantemente nos escupíamos pequeñas moscas negras de la boca. El Campamento Bucca fue uno de los lugares más infernales que he conocido. Sin embargo, nos sentimos muy agradecidos cuando llegó la noticia de que el mayor Garrity había aprobado nuestra visita.

Una camioneta militar nos llevó a través de una extensión de arena, y pronto fuimos testigos de un tierno y lloroso abrazo entre uno de los prisioneros y su hermano, un dentista de Bagdad, que nos había acompañado. Los prisioneros, todos ellos de unos veinte años, corroboraron las quejas expresadas por sus amigos que habían sido puestos en libertad. Hablaron de la soledad, la monotonía, la humillación y la temible incertidumbre a la que se enfrentan los prisioneros cuando son retenidos sin cargos por una potencia hostil sin planes evidentes de liberarlos. Sin embargo, se sintieron aliviados al saber que podíamos decir a sus familiares que nos habíamos reunido con ellos. Más tarde, el mayor Garrity dijo que las perspectivas de que fueran liberados no eran muy positivas. "Alégrate de que estén aquí con nosotros y no en Bagdad", dijo, dándonos una mirada que denotaba que sabía de lo que hablaba. "Les damos comida, ropa y refugio aquí. Alégrate de que no estén en Bagdad". Más tarde, en mayo de 2004, CNN publicó imágenes de la prisión de Abu Ghraib. Empezamos a entender lo que quiso decir.

La edición del 3 de noviembre de 2005 de la revista New York Review of Books citaba a tres oficiales, dos de ellos no comisionados, estacionados en la 82ª División Aerotransportada del Ejército de los Estados Unidos en la Base de Operaciones de Avanzada (FOB) Mercury en Irak.
Hablando en condición de anonimato, describieron en múltiples entrevistas con Human Rights Watch cómo su batallón en 2003-2004 utilizó rutinariamente la tortura física y mental como medio para reunir información de inteligencia y para aliviar el estrés [...] A los detenidos en Irak se los denominaba sistemáticamente PUC. Al parecer, la tortura de los detenidos estaba tan extendida y aceptada que se convirtió en un medio para aliviar el estrés, ya que los soldados iban a la tienda de campaña de los PUC en sus horas libres para "joder a un PUC" o "fumar a un PUC". Con "joder a un PUC" se referían a golpear a un detenido, mientras que "fumar a un PUC" era someterlo al esfuerzo físico forzado, a veces hasta el punto de la inconsciencia.

"Fumar" no se limitaba a aliviar el estrés, sino que era fundamental para el sistema de interrogación empleado por la 82ª División Aerotransportada de FOB Mercury. Los oficiales y suboficiales de la unidad de Inteligencia Militar ordenaban a los guardias que se "fumaran" a los detenidos antes de un interrogatorio, y ordenaban que ciertos detenidos no durmieran ni recibieran agua o comida más allá de las galletas saladas. El "fumar" dirigido duraba de doce a veinticuatro horas antes de un interrogatorio. Como dijo un soldado: "[El oficial de inteligencia militar] dijo que quería que los PUC estuvieran tan fatigados, tan fumados, tan desmoralizados que quisieran cooperar.
Un sargento le dijo a Human Rights Watch: "Si era un buen tipo, sabes, ahora es un mal tipo por la forma en que lo tratamos".

La violencia que dio origen al Estado Islámico (ISIS) tiene una larga historia.

En numerosos viajes a Irak de 1996 a 2003, los miembros de nuestra delegación de Voces llegaron a comprender el insoportable cansancio y sufrimiento de las familias iraquíes que viven una existencia incierta bajo el castigo de las sanciones económicas. Entre las guerras, sólo el número de muertes de niños, debido al colapso económico impuesto externamente y al bloqueo de alimentos, medicinas, suministros de purificación de agua y otros elementos esenciales para la supervivencia, fue estimado por la ONU en 5.000 niños al mes, una estimación aceptada sin lugar a dudas por los funcionarios de Estados Unidos.

Los ataques de Estados Unidos, desde la Tormenta del Desierto (1991) hasta el Choque y Temor (2003) -conseguidos mediante bombardeos aéreos, inanición forzada de niños, uso de uranio empobrecido y fósforo blanco, fuego de bala, redadas nocturnas, medicinas bloqueadas, embalses vaciados y líneas eléctricas caídas, industrias estatales abandonadas y ciudades que han quedado disueltas en paroxismos de limpieza étnica- han sido una guerra continua. Junto con los abusos de los prisioneros en lugares como el Campamento Bucca, FOB Mercury, Abu Ghraib y Guantánamo, la guerra de EE.UU. condujo previsiblemente al crecimiento de ISIS y al compromiso de Abu Bakr Al-Bagdadi con la filosofía de "ojo por ojo".

En 2016, cuando le pidieron que hablara de su pasaje favorito de la Biblia, el presidente Trump dijo "ojo por ojo". No parecía darse cuenta de que Jesús rechazaba esta enseñanza.

"Pero yo os digo", dijo Jesús, "Amad a vuestro enemigo y orad por los que os persiguen".

En lugar de instar a la venganza, Jesús habló de la no resistencia digna a través de ganarse al oponente.

No necesitamos escoger la ignorancia, o el odio que nos permite ser arreados por el miedo. En cambio, podemos tratar de pagar reparaciones por el sufrimiento causado por nuestras guerras. Podemos trabajar para abolir la guerra, llorar la muerte de los niños de Al-Bagdadi y cuestionar cómo las condiciones dentro de los campos militares de Estados Unidos, en Irak, llevaron al extremismo de Al-Bagdadi y sus seguidores de ISIS.
Kathy Kelly (kathy@vcnv.org) coordina Voces para la No-violencia Creativa (www.vcnv.org).