El movimiento que llevó a Hitler al poder no ocurrió en el vacío, ni tampoco fue una anomalía de la historia. Puede que haya surgido como un reguero de pólvora, pero el suelo estaba preparado para él mucho antes. Lo mismo podría decirse del repentino aumento de la popularidad de una ideología igualmente radical: el posmodernismo. Al tratar de comprender mejor la naturaleza de estas dos ideologías, fui animado indirectamente a leer algunos libros sobre Carl Jung y Hitler. Aunque Hitler y Jung no son exactamente amigos íntimos, se puede aprender mucho del trasfondo cultural que cada uno compartió y de cómo eso actuó como catalizador de sus ideas.
Road to hell
© Man on the Silver Mountain
El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones
El primero fue un libro de Milton Mayer escrito en 1955 titulado "They Thought They Were Free: The Germans" ("Pensaban que eran libres, los alemanes") donde Mayer intenta comprender qué hizo que los alemanes comunes y corrientes siguieran en masa a Hitler y al movimiento nazi. Seguí con el libro de Richard Noll "The Aryan Christ: The secret Life of Carl Jung" ("El Cristo Ario: La vida secreta de Carl Jung"), y por último "The Psychopathic God: Adolf Hitler" ("El Dios Psicopático: Adolf Hitler") de Robert Waite.

Lo que sigue es un intento de resumir los libros anteriores al tiempo que se presenta un relato histórico bastante chocante y poco conocido de Carl Jung, y cómo alguien que es considerado uno de los psiquiatras más influyentes del siglo XX podría estar remotamente conectado con alguien tan universalmente despreciado como Adolf Hitler.

Alemania a principios del siglo XX

Jung (1875-1961), al igual que Hitler (1889-1945), fue producto de la época en la que vivió y de los diversos movimientos intelectuales y nacionalistas que se extendieron por los círculos alemanes y austríacos. De jóvenes, ambos estuvieron conmovidos por las obras de Richard Wagner, en particular, su ópera "Parsifal", así como por las oscuras y perturbadoras pinturas de Franz Von Stuck, y cada uno anhelaba el regreso a los viejos dioses arios de Wotan y al espíritu pagano völkisch. Noll escribe:
Todos los valores que formaron la base del orden industrial -el antihedonismo judeo-cristiano represivo, el utilitarismo y el pensamiento racional- fueron confrontados con nuevas filosofías de vida o de experiencias puras que exaltaron el mito sobre la historia, la acción impulsiva sobre la reflexión consciente, y el sentimiento o la intuición sobre el pensamiento racional.

[...]

La jaula de hierro de la "civilización" -las creencias judeocristianas y otros sistemas políticos y de valores- tuvo que ser desechada para recuperar la verdadera cultura, la base primordial del alma, el Volk. Sólo había una solución: recuperar al "hombre arcaico" en su interior, permitiendo un retorno rejuvenecedor a los poderes ctónicos del pasado edénico ario (pág.115).
Mientras Alemania estaba en medio de esta crisis religiosa y cultural, empezó a ser considerado "moderno" cuestionar e incluso rechazar el cristianismo y en su lugar buscar raíces antiguas. Las ideas filosóficas, la sociedad teosófica, los libros sobre misterios ocultistas, el arte y un sinnúmero de movimientos nacionalistas de la época inspiraron a mucha gente, y es en este contexto que tanto Hitler como Jung aparecieron en escena. El pensamiento racista dominó el debate intelectual. Un ejemplo de esto puede verse en el título completo del libro de Darwin, Sobre el origen de las especies por medio de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida, que fue publicado en 1859. El antisemitismo era igualmente actual en ese momento y Jung y su movimiento finalmente adquirieron la naturaleza de un culto de redención y renacimiento sólo para los arios.

El romanticismo alemán -que descartaba la razón a favor de los sentimientos, el instinto y el retorno a la naturaleza- influyó en ambos. El nudismo, el vegetarianismo, el paganismo, el anarquismo, el contacto con los antepasados, el senderismo en la naturaleza y la adoración del sol son algunos de los movimientos que surgieron de esa época y que prosperaron en Alemania. Esto estaba relacionado con la idea de la pureza espiritual de la sangre aria y de la raza aria que se consideraba contaminada, por lo que el enfoque fue en el cuerpo para rectificar eso. Esto formaba parte del movimiento social Lebensreform de "volver a la naturaleza", un concepto que se plasmó en las pinturas del artista Fidus (1868-1948). Muchas de las ideas que los románticos alemanes expusieron se pueden ver hoy en día a escala política y cultural, en particular con la izquierda progresista.
Fidus painting

Fidus "el radiante"
En este mismo período, uno de los primeros "nacionalistas völkisch" que predicó el concepto de Volkstum -la misteriosa fuerza racial que da forma a toda la historia - Friedrich Ludwig Jahn (1778-1852)- fundó las sociedades alemanas de gimnasia. En 1813 llamó a un líder nacional, "un gran Führer, un molde de hierro y fuego... el Volk lo honrará como salvador y perdonará todos sus pecados".

Así que esto es sólo una pequeña muestra del Zeitgeist, el espíritu de la época, que influyó en Jung y Hitler. Jung se adentró en la parte aria germánica del misticismo convirtiéndose en una figura mesiánica que traería una nueva era de la antigüedad espiritual, o como dice Noll, tomó el manto del Cristo ario (págs. 112,142), mientras que Hitler se convirtió en el tan esperado Führer del que hablaba Jahn, que sería el salvador de Alemania y de la raza aria en el reino de los asuntos mundanos.

La ciencia y el ocultismo

En el camino a convertirse en un clínico entrenado, Jung había mostrado un intenso interés en el ocultismo y lo paranormal y encontró más que aceptable usar a otros para sus experimentos en lo "desconocido", así como para avanzar en su propia carrera. Un ejemplo fue la participación de su joven prima Helly en una serie de sesiones de espiritismo que duraron años, a pesar de las terribles advertencias y la negativa de quienes cuidaban de ella para que continuara. A pesar de las consecuencias que esto tendría para ella, Helly actuó como una "médium" para los experimentos de Jung al contactar espíritus mientras hacía preguntas y tomaba notas de lo que se decía. Años más tarde, cuando escribía una tesis doctoral sobre trances y sesiones de espiritismo, con precisión clínica, "la echó de cabeza" y renegó de sus propias creencias en lo sobrenatural en favor de un lenguaje más "científico" que retrataba a su prima como una histérica y, según lo que escribe Noll, desempeñó un papel significativo en la temprana muerte de Helly (págs. 47-51).

Lo que no era tan evidente en ese momento, era que se trataba de uno de los personajes o máscaras de Jung que mostró en público, el de un profesor de ciencias y, finalmente, el de un anciano sabio, mientras que en privado se adentraba en el ocultismo y se presentaba a sí mismo como el iniciado de los antiguos misterios ocultos. Muchas de las teorías con las que se le ha acreditado, incluyendo el concepto de arquetipos, fueron realmente pensadas por otros que formaban parte de su círculo interior, personas que fueron sumaria y convenientemente olvidadas y que no recibieron crédito por sus contribuciones. Una de esas personas fue Sabine Spielrein, una mujer judía que fue una de las pacientes de Jung y eventualmente su amante, por un breve período de tiempo.

El interés de Jung por lo paranormal y los experimentos con el i-Ching, la astrología o la tabla Ouija fueron un problema, ya que mostró una gran ingenuidad y una falta de discernimiento que lo dejó totalmente abierto a las "fuerzas oscuras". Profundizó en lo desconocido, y en lugar de trabajar en red o llevar sus ideas a la comunidad científica paranormal más amplia, que era considerada una ciencia legítima a principios del siglo XX, consideró que sus ideas y experiencias eran "su verdad" y, por lo tanto, no estaban abiertas a la interpretación ni a la crítica de los demás.

Lamentablemente, esa ingenuidad sigue prevaleciendo en el movimiento actual de la Nueva Era que surgió de la clase de psicoanálisis de Jung. En lugar de utilizar sus antecedentes científicos y su escepticismo en sus hallazgos y conclusiones, profundizó más en las técnicas de trance disociativo, algo que llamó "imaginación activa", que lo dejó al borde de la locura. Produjo en él "visiones" de espíritus y seres de otro mundo que le hablaron y "guiaron a lo largo de su camino", con el resultado final de delirios de grandeza sobre sí mismo como un iniciado especial de antiguos misterios helenísticos que traería una nueva era de iluminación espiritual para los pueblos alemán y ario.

La influencia de Otto Gross

Otto Gross era un conocido psicoanalista "inconformista" e "intelectual" radical (de algún tipo) en Austria que llevaba un estilo de vida sórdido que lo hacía adicto a la cocaína, la morfina y el opio, además de ser patológicamente polígamo y capaz de convencer a casi cualquier mujer de que se acostara con él. Al igual que Hitler, que tenía una serie de mujeres jóvenes que estaban cerca de él y que estaban involucradas con él, y que se suicidaron en sus primeros días antes de convertirse en Führer, Gross también dejó un rastro similar de destrucción a su paso, habiendo convencido a múltiples mujeres y pacientes de que se suicidaran debido a su relación con él. ¿Qué lo convenció de empujarlas a ello? Nadie lo sabe, aunque una vez se le diagnosticó una "psicopatía severa". Sin embargo, también fue un producto de la época y hablaba activamente de desencadenarse de las "costumbres represivas" de la sociedad cristiana, derribar el patriarcado malvado y desatar la liberación sexual desenfrenada en todas sus formas. A pesar de ello, Sigmund Freud habló muy bien de él y quería que Gross se uniera a su movimiento psicoanalítico, por lo que pidió a Jung que lo tratara como un paciente.

Otto Gross

Otto Gross
El fatídico encuentro con Gross fue otro ejemplo de la tendencia de Jung a dar un paso sin el debido cuidado y aunque inicialmente le desagradaba Gross, finalmente adoptó casi todas sus ideas sin darse cuenta del tipo de energías que liberaba y de la destructividad de ese camino tanto para él como para los demás.

Al adoptar la poligamia, Jung traicionó muchas de sus creencias originales y comenzó a ver el sexo como sagrado y la poligamia como el camino para dejar libres las "antiguas energías creativas" del cuerpo y la mente inconsciente. Obviamente, no entendía la vía de la dopamina y cómo nos esclaviza a las adicciones materialistas. A pesar de estar casado y de tener 5 hijos, Jung se negó a abandonar su polígamo estilo de vida y tuvo muchas amantes a su lado. Llegó a creer que Dios era la libido y que no ceder a un fuerte impulso sexual podía resultar en enfermedad o incluso muerte, y aconsejó a sus pacientes en este sentido.

Esta defensa pública generalizada de la sexualidad desviada está muy viva hoy en día. El legado de Jung se puede ver en el pseudo-adagio "sigue a tu placer". Vio la poligamia como la cura para muchas cosas y la prescribió a sus clientes masculinos; un ejemplo es Medill McCormich, a quien Jung convenció de que se volviera poliamoroso para superar su desesperación y "salvar su alma". Acostarse con clientes, sobrepasar los límites profesionales y la confianza, junto con el abuso de poder, se convirtió en el sello distintivo de la práctica médica de Jung. Por mucho que Jung creyera que esto era un camino hacia su "dios interior", no había nada ennoblecedor o "superior" en su estilo de vida, excepto como un medio para justificar su estilo de vida hedonista.

En su excelente libro (y lectura esencial) "The Righteous Mind" ("La mente justa"), Jonathan Haidt se refiere a las seis papilas gustativas morales que todas las personas poseen en alguna medida. Las "papilas gustativas" son el cuidado, la justicia, la lealtad, la autoridad, la santidad y la libertad. Antes de conocer a Otto Gross en 1908, Jung había sido un conservador burgués y quizás, al menos en apariencia, poseía toda la gama de las papilas gustativas morales. Gross era anarquista y, según Noll, inspiró a Jung con ideas utópicas de transformar el mundo a través del psicoanálisis (pág. 84). Esto parece haber cambiado radicalmente el punto de vista de Jung (pág. 121) y con ello, sus gustos morales. Parece que la lealtad, la santidad y la autoridad fueron eliminadas de su lista de valores.

Habiéndose elevado al nivel de Dios después de su autoproclamada iniciación en los "misterios" en 1913, la santidad se convirtió para Jung en un valor cristiano represivo que sofocaba las energías arcaicas y creativas del universo. Al adoptar el sistema de creencias de Gross, Jung pudo exonerarse de toda responsabilidad por el daño y la miseria que causaba a quienes lo rodeaban.

La difusión del psicoanálisis y el racismo

Jung tenía una visión racial de la espiritualidad, viéndola como el ámbito de quienes eran claramente alemanes y arios. Esto fue destacado en su respuesta a la llegada del Gurdjieff greco-armenio y del ruso Ouspensky a la escena "espiritual" en Inglaterra, donde varios de sus protegidos, como Maurice Nicoll y Constance Long, habían tenido suficiente del enfoque más efímero de Jung hacia el desarrollo esotérico y decidieron en cambio seguir los enfoques más prácticos y sólidos iniciados por Gurdjieff y seguidos por Ouspensky. Jung, por otro lado, abogó por la espiritualidad racial, afirmando que las enseñanzas de los extranjeros eran venenosas.
La espiritualidad alemana de Jung nunca fue más evidente; sus referencias al arraigo de la propia espiritualidad, al hecho de que la propia espiritualidad debía provenir de la propia sangre, y al llamamiento a permanecer dentro de los límites del propio paisaje místico.

[...]

Jung argumentó que los alemanes encontrarían insatisfactorio el psicoanálisis judío. La psicología analítica es, por lo tanto, una ciencia aria y una forma de psicoterapia espiritual que realmente puede ayudar sólo a los de sangre aria. Mientras que Jung consideraba a los ingleses una extensión de la sangre germánica, su tolerancia no se extendía a los eslavos como Ouspensky. Los ingleses eran arios, podían ser redimidos con sus métodos. Los eslavos, aunque originalmente eran arios, tenían demasiada sangre asiática mezclada; lo pasarían mal. Los judíos no podían ser redimidos. La espiritualidad debe provenir de la propia sangre y uno debe ser consciente del dulce veneno de los dioses extranjeros. (pág. 258-259)
Según Noll, Jung aprendió a ser el líder de una secta cerrada del círculo vienés de Freud (1856-1939). Todos los que formaban parte del grupo tenían que darle detalles íntimos sobre sí mismos que él podía usar como palanca y control. Freud fue venerado inicialmente por Jung de una manera casi religiosa. Representaba una figura divina para sus seguidores, incluyendo a Jung, que más tarde se convirtió en algo similar para sus seguidores. A medida que las cosas se desarrollaban y con la ayuda del dinero de Rockefeller, tomó forma la idea de usar el psicoanálisis para traer un renacimiento espiritual al mundo (pág. 225). Considerando la omnipresencia del judaísmo en el pensamiento psicológico y cómo sus influencias se abrieron camino en el mundo a través de los movimientos de la Nueva Era, el "psicoanálisis" freudiano y junguiano ha sido muy "exitoso" a lo largo del tiempo.

La capacidad de Jung para atraer a hombres y mujeres ricos a su órbita ayudó a la difusión de sus ideas, y también jugó un papel clave en su propio éxito financiero. Además, su esposa, Emma Jung, era en el momento de su matrimonio en 1903 la segunda heredera más rica de Suiza, siendo hija de un rico industrial suizo.

Jung atrajo a muchos doctores y psiquiatras a su órbita, sin mencionar a las pacientes femeninas, todos los cuales se convirtieron en seguidores voluntarios del evangelio de Jung. Del mismo modo, Hitler atrajo a millones de seguidores, los más cercano fueron quienes se convirtieron en sus generales y secuaces inmediatos, para quienes Hitler se convirtió en el anunciado salvador de Alemania y del pueblo alemán. El filósofo alemán más influyente del siglo XX, Martin Heidegger, que también es uno de los padres del posmodernismo, aclamó a Hitler en mayo de 1933 como el cumplimiento de su sueño más querido para Alemania. (Waite pág. 324 y Stephen Hicks pág. 69)

Como Hitler, Jung quería una revitalización cultural, como dice Noll en "The Aryan Christ: The secret Life of Carl Jung" ("El Cristo Ario": La vida secreta de Carl Jung"): "parece haber sido atraído por el psicoanálisis como agente de revitalización cultural a través de su promoción de los temas centrales nietzscheanos de descubrir, romper los lazos, la irracionalidad y la sexualidad. No estaba solo". Si este ethos suena espeluznantemente similar al que ha informado a las "revoluciones" sociales modernas y la revolución sexual que se encuentran en el corazón del pensamiento postmodernista, es porque es similar.

Dentro de la mente "criminal"

Al examinarlos de cerca, se hace evidente que Jung y Hitler poseían rasgos similares. Ambos eran autoritarios y esperaban una obediencia ciega de sus seguidores. Debido a esto, ninguno de los dos podía manejar las críticas y se enfurecía (Noll pág.187) con rabietas cada vez que sus creencias eran cuestionadas o su despotismo cuestionado. Con respecto a Jung, Noll sugiere que esto se debió a un complejo paterno freudiano, algo que Waite también sugiere que Hitler sufrió.

Jung era muy paranoico y "desconfiaba de todos, siempre pensando que tenían algún motivo oculto". Debido a sus tendencias disociativas cada vez mayores, la personalidad de Jung comenzó a fracturarse y a dividirse. Comenzó a guardar una pistola cargada junto a su cama para poder suicidarse si alguna vez sentía que se había pasado de la raya y había perdido la cordura por completo (Noll pág. 151). Hitler también era extremadamente paranoico y desconfiado de todos los que lo rodeaban, incluso de sus propios generales, a quienes a menudo ocultaba sus planes de guerra, y él también siempre tenía una pistola a su lado (Waite pág. 161) y tenía un fuerte deseo de morir. Al abrir un segundo frente contra la Unión Soviética -que en ese momento era su aliado- en un momento en que Inglaterra estaba a punto de ser derrotada, se ha sugerido que Hitler podría haber tenido la intención inconsciente de perder la guerra para caer con un "resplandor de gloria" mientras se llevaba al pueblo alemán con él.

Ambos hombres pasaron mucho tiempo a solas con sus fantasías y ensoñaciones. Jung hablaba con "espíritus" a quienes consideraba sus maestros y de origen divino. En su autobiografía Memorias, Sueños y Reflexiones, Jung dijo que estos espíritus le enviaban visiones, le mostraban "conocimiento secreto" y en algunos casos sobrepasaban su propia personalidad para actuar a través de él. Su esposa e hijos sólo fueron mencionados una vez, lo que indica que este "mundo interior" de fantasía representaba su realidad, a diferencia de la realidad exterior compartida con otros que él parecía ignorar o tratar como secundaria.

Hitler era similar en este sentido y en 1919 afirmó, mientras yacía herido en un hospital militar, que recibió una visión sobrenatural que le ordenó salvar a Alemania. (Waite pág. 27) Y aunque podía ser un político calculador y despiadado, de joven vivió una vida bohemia en Austria, pasando muchas noches redactando por su cuenta los planes de los "grandes diseños arquitectónicos" para el futuro. Un conocido comentó que actuaba como si estos diseños ya existieran y que visitaba donde se imaginaba que estarían. Incluso construyendo una villa imaginaria en su propia mente para una mujer que le gustaba y agonizaba sin parar sobre dónde poner el piano de cola. Este patrón continuó por el resto de su vida, lo que le hizo "rebelarse en contra de la realidad" a favor de sus fantasías, que él consideraba la verdad real.
Después de convertirse en canciller, los mundos de la fantasía y la realidad continuaron interconectándose en su vida y en la vida del Tercer Reich. Él mismo a veces se confundía con sus propias fantasías y experimentaba dificultades para separarlas de la realidad. En una declaración muy reveladora le confió a sus médicos: "Sufro de autoengaño atormentador." (Waite pág. 38)
Conclusión

Jung y Hitler fueron hombres notables que desempeñaron un papel decisivo en la historia del siglo XX, y sería natural pensar que, si no hubiera existido ninguno de ellos, nuestro mundo actual estaría mucho mejor. Sin embargo, mirando a la gente que rodeaba a Jung y que jugó su parte en lo que se conoció como el movimiento psicoanalítico, es probable que hubiera varios otros "Jungs" listos y dispuestos a tomar su lugar si no hubiera estado a la altura de las circunstancias. Lo mismo sucede con Hitler. El pueblo alemán estaba buscando a un Führer, y de una manera extraña él desafió al destino y a la muerte en varias extrañas ocasiones para cumplir ese papel.

Si los miramos desde la distancia, los movimientos iniciados por Jung y Hitler hace casi cien años eran, en un principio, completamente opuestos entre sí, pero ambos buscaban destruir el orden existente para hacer realidad su versión de un paraíso utópico, esencialmente material por naturaleza. Hoy en día, esa misma ideología se ve en los vástagos vocales del pensamiento junguiano y en la ideología de los posmodernistas y de los "guerreros de la justicia social" en todas partes. El objetivo, al parecer, es promover un fascismo de izquierda que apoye a una sociedad de Gran Hermano que sofoque la libertad de expresión y las voces disidentes, al tiempo que reivindica el santo terreno elevado de la protección del planeta, los animales, el clima y, por supuesto, la "libertad y la democracia" de una variedad muy nueva y desviada. Tal vez se pueda decir que el pastoreo de ovejas que comenzó hace mucho tiempo desde diferentes direcciones está alcanzando su apogeo (¿o debería ser "nadir"?). Esperemos que el Tercer Reich de Hitler no haya sido un ensayo de práctica, aunque parece que la programación de las masas de hoy ha alcanzado un nivel que Goebbels habría envidiado.

También es importante separar el grano de la paja. Algunos conceptos junguianos tienen validez como marco para comprender algunos aspectos de la naturaleza humana, e incluso se puede decir que muchos de ellos ni siquiera son junguianos. Jung sólo se llevó el crédito por ellos, pero algunos fueron elaborados por sus colaboradores en ese momento o más tarde y también obtuvo ideas de las obras de otros autores, a los que no necesariamente les dio crédito.

Por último, una cláusula de exención de responsabilidad. Aunque encontré un buen número de similitudes entre los rasgos de carácter de Hitler y los de Jung, no estoy diciendo que Jung fuera un Hitler o que el psicoanálisis fuera nazismo. Al leer varios de estos libros sucesivamente, estas conexiones resultaron evidentes para mí.
"Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo." - George Santayana
Referencias:

The Aryan Christ: The Secret Life of Carl Jung por Richard Noll
The Psychopathic God: Adolph Hitler por Robert G. L. Waite
They Thought They Were Free: The Germans, 1933-45 por Milton Mayer
The Righteous Mind: Why Good People Are Divided by Politics and Religion por Jonathan Haidt
Explaining Postmodernism: Skepticism and Socialism from Rousseau to Foucault por Stephen R. C.Hicks