Un ancla egipcia de 3.400 años de antigüedad ha sido descubierta en el lecho marino de Israel por pura casualidad. Ahora se exhibe por primera vez en el Museo de Israel en Jerusalén.
Jerusalem museum
© AFP 2019 / Menahem Kahana
El artefacto lo encontró un veterinario israelí por pura suerte mientras nadaba en las costas de Atlit, al sur de Haifa.

"Lo vi, seguí nadando unos metros, luego me di cuenta de lo que había visto y me zambullí para tocarlo. Fue como entrar en un templo egipcio en el fondo del Mediterráneo", relató Rafi Bahalul al periódico israelí Haaretz. Evidentemente, se había hundido en la arena que la preservó durante milenios hasta que fue arrastrado por una reciente tormenta.

El artefacto lleva no solo jeroglíficos, sino también imágenes y decoraciones, una de ellas de una diosa egipcia: Seshat, la diosa de la escritura. Hay un detalle curioso: la mayoría de la inscripción está perfectamente conservada, mientras que la cara de Seshat fue cincelada en algún momento.


Su función fue identificada fácilmente: era un ancla típica utilizada por los barcos durante la Edad de Bronce, que terminó hace unos 3.200 años. Las anclas de este tipo tenían forma de trapecio con esquinas redondeadas, con un agujero perforado para asegurar una cuerda. Así lo aclaró Shirly Ben Dor Evian, conservadora de arqueología egipcia en el museo.

Sin embargo, originalmente la piedra formaba parte de un relieve decorativo de algún edificio importante en Egipto, posiblemente un templo o palacio real. Más tarde, fue convertida en un ancla para el mencionado cometido.

Hay al menos dos teorías que intentan explicar para qué cincelar la cara de la diosa. Ben Dor Evian apuesta por que fuese un acto de respeto a la deidad, ya que la piedra iba a ser reutilizada para fines no religiosos. Aunque también es posible que la imagen acabase en el centro de un conflicto entre distintos grupos políticos, como, por ejemplo, faraones rivales que quisiesen borrar el trabajo de sus predecesores.