Científicos detectaron los compuestos concretos que se liberan en la sangre y están detrás de la reacción inflamatoria en personas aisladas.
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© Yara Nardi / Reuters
Un hombre italiano en cuarentena por coronavirus. Roma, el 15 de marzo de 2020.
En un momento en que proliferan las medidas de confinamiento para prevenir la propagación del coronavirus, un grupo de investigadoras de dos universidades británicas ha publicado un estudio muy contrario al aislamiento social. Esta práctica se asocia estadísticamente con inflamaciones duraderas en la población adulta (a partir de 16 años) que afectan la salud a largo plazo.

El equipo sacó esta conclusión a partir de 14 investigaciones previas que examinaron la soledad y otras 16 que que se enfocaron en el aislamiento social (que supone la situación objetiva de estar solo), según explicó en un artículo popular la autora principal, Kimberley Smith, de la Universidad de Surrey.

Se pudo detectar también qué cambios bioqímicos se producen en las personas aisladas: concretamente que suben los niveles de proteína C reactiva y de fibrinógeno. La primera sustancia se percibe comúnmente como un indicador de inflamación y sus altos niveles están asociados con mala salud, mientras que el otro ingrediente aumenta la coagulación de la sangre y normalmente responde a una lesión o trauma.

Las autoras proponen varias conjeturas sobre el vínculo entre ambas condiciones, pero no les es completamente clara la relación causal. Consideran posible que la propia inflamación conduzca al aislamiento social, puesto que muchas personas enfermas presentan desgana por estar cerca de otras personas, por ejemplo, para no infectarlas. Además, aquellos que tienen varias enfermedades a veces no son capaces de moverse y su aislamiento se debe a su discapacidad.

Sin embargo, la relación puede ser bastante directa. "Hemos evolucionado para ser una especie social, por lo que estar socialmente aislado podría ser una fuente de estrés", el cual a su vez tiene un "efecto directo sobre el sistema inmune", sostuvo Smith.

A su juicio, fue "menos convincente" la evidencia de un vínculo entre la inflamación y la soledad, que se percibe como una condición subjetiva de sentirse solo. Sin embargo, dos estudios anteriores que revisaron estas cinco autoras registraban una subida de la proteína inflamatoria llamada interleucina-6 en los participantes.

Las investigadoras admiten que el efecto perjudicial del aislamiento social posiblemente va más allá de la inflamación. Su artículo impreso sobre el tema aparecerá en la revista Neuroscience & Biobehavioral Reviews en mayo próximo.