Hace 75 años, el 11 de junio de 1945, la policía de Rzeszow realizó pesquisas en las casas pertenecientes a los judíos mientras que otros residentes de esta ciudad polaca cometieron agresiones contra esa minoría que posteriormente se vio obligada a abandonarla con ayuda de las fuerzas soviéticas del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos.
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© Sputnik / Vitaly Saveliev
Aquel día, el adolescente polaco Kazimir Wozniak tropezó en el sótano de una casa con una mochila dentro de la que se hallaron cuadernos de una niña desaparecida y buscada por la policía, Bronislawa Mendon. Posteriormente, su cadáver fue encontrado en el mismo lugar.

La policía enseguida concluyó que la niña fue violentamente asesinada porque tenía grandes rasguños en la piel y le faltaban algunos músculos. Además, antes de morir, Mendon había sido violada, reveló una investigación.

Tras encontrar el cadáver, comenzaron a circular rumores por la ciudad de que este había sido un supuesto asesinato ritual perpetrado por los judíos. Algunos afirmaron que el crimen había sido cometido por un rabino detenido por la policía. Mientras tanto, un grupo de veinte oficiales realizó pesquisas en los apartamentos ocupados por los judíos. La policía actuó brutalmente y acusó públicamente a los judíos de ser unos asesinos.

Antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, 14.000 judíos vivían en Rzeszow, representando aproximadamente el 35% de la población de la ciudad. Menos de 800 personas lograron sobrevivir el Holocausto y comenzaron a emigrar tras el fin de la Segunda Guerra Mundial a Palestina, con ayuda de la organización clandestina Bricha. En la segunda mitad de mayo de 1945, solo 317 judíos permanecían en Rzeszow y sus cercanías, según los datos recogidos por las autoridades de Polonia.

Casi todos los representantes de esta minoría étnica, que residían en la ciudad polaca en aquel momento, fueron detenidos y escoltados a la oficina policial. Mientras iban en camino a la sede, los residentes locales se agolpaban en las calles, insultaban y les tiraban piedras. La Policía no hizo nada por detener estas agresiones, incluso participó en ellas.

Los residentes también acudieron a la casa donde fue encontrado el cadáver de la niña y donde vivían representantes de esta minoría. Algunos gritaron que los judíos mataban a los niños católicos con fines rituales, los demás aseguraban que habían sido testigos de estos crímenes. Los apartamentos de los arrestados fueron saqueados.

En la tarde del 12 de junio de 1945, la policía de Rzeszow recibió la orden de liberar inmediatamente a todos los judíos. Los investigadores polacos aseguran que esto sucedió después de que un comunista polaco y presidente de una asociación hebrea local interviniera en el caso.

A pesar de que ya podían estar libres, muchos judíos tenían miedo de abandonar la oficina policial y temían que la multitud los linchara. Fue entonces cuando las fuerzas del Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos, conocidas por su abreviatura en ruso, NKVD, fueron a su rescate.

Los soldados soviéticos acompañaron a los judíos hasta sus pisos para que recogieran sus cosas y después de eso los llevaron a sus cuarteles y trasladaron en camiones a 50 kilómetros de Rzeszow, donde estos pudieron subir a los trenes con destino a Cracovia.

No obstante, en el camino muchos de ellos fueron agredidos por los polacos y la policía ferroviaria y algunos fueron incluso lanzados de los trenes. La Dirección de Seguridad Pública de Polonia organizó una redada en la ciudad de Tarnow contra uno de los trenes que transportaba a los judíos. Debido a esto, una joven de 20 años, que previamente había logrado sobrevivir los horrores de un campo de concentración nazi, murió.

El rabino Leib Torn, que también había vivido en esta ciudad polaca, pero se había ido de allí antes de que comenzasen los arrestos, recordó posteriormente un detalle que ayuda a explicar por qué se involucraron las fuerzas soviéticas.

En aquella época, Itzik Feffer, uno de los fundadores y secretario ejecutivo del Comité Judío Antifascista, que mantenía una estrecha cooperación con el NKVD, se encontraba en Rzeszow. Feffer llegó a Polonia como un corresponsal militar para documentar los acontecimientos del Holocausto, pero sus conexiones en Moscú eran suficientes para evitar que los sucesos en esta ciudad polaca no se convirtiesen en una tragedia con muchas bajas mortales, tal y como lo sucedería más tarde en Cracovia y Kielce.