Traducido en español por el equipo de Sott.net

Si tiene menos de 60 años y se encuentra en buen estado de salud, tiene más posibilidades de morir en un accidente de coche que del Covid, argumenta el Dr. Guy Campbell.
señalizar accidente tráfico
Nos enfrentamos a un enemigo letal e impredecible. El Covid 19 es una enfermedad grave. Pero no es la única enfermedad seria, y hasta la fecha las pruebas demuestran que ni siquiera es la más seria de todas...

Sin embargo, nos enfrentamos a un virus impredecible, imposible de erradicar por completo, lo que significa que en cualquier momento la mayoría de la gente estará inmunizada del COVID-19, ya sea por propagación natural o por una potencial vacuna. Convivir con el virus es la nueva realidad.

Tenemos que aceptar su presencia entre la población, y probablemente por mucho tiempo.

Así lo expresó el profesor Lyn Gilbert, médico de enfermedades infecciosas: "Es probable que el virus se quede entre nosotros para finalmente convertirse en algo endémico de baja incidencia, probablemente se registrará como otra causa del resfriado común".

Necesitamos un plan con ideas muy claras si queremos detener esta actual parálisis del miedo, un plan que minimice a la vez el número de muertos y facilite a la población retomar el curso de sus vidas.

Nuestros principales expertos de la salud, la profesora Raina MacIntyre y el profesor Bowtell, a través de sus amplias publicaciones reportan que el COVID 19 podría matar a 130.000 personas, dicho de otra manera, el 0,5% de la población.

El artículo del Dr. Guy Campbell en esta misma edición: "¿Llegó la hora del contagio controlado?", fue censurado en aquel momento. La historia demostró que estaba en lo cierto.

Sin embargo, en sucesivas preguntas y respuestas, las decisiones fueron continuar con las normas actuales (es decir, represión/confinamiento) hasta la aparición de una vacuna o la desaparición del virus. A pesar de la esperanza prometedora, sería imprudente confiar al 100% en una inmunización no probada para la que habría que esperar dos años y medio antes de volverse una realidad, según la OMS, aunque en el mejor de los casos el tiempo de espera podría reducirse entre unos doce y dieciocho meses.

Actualmente, la elaboración de una vacuna está siendo acelerada para disponer de ella con mucha probabilidad a principios del 2021. Nuestro primer ministro ha insistido en que será obligatoria para todo el mundo, evitando así tener que enfrentarse a una reacción pública dado que esta cuestión es fuente de problemas éticos y de derechos humanos considerables.

A pesar de su potencial como salvavidas y de su recomendación para los vulnerables y mayores de 70 años, todavía sigue siendo una decisión voluntaria para todos los demás. Una nueva vacuna requiere de más tiempo y de una investigación más exhaustiva si se quieren evitar futuros riesgos desconocidos que acarreen beneficios inciertos en menores de 60 años y en los que gozan de buena salud. Este es el caso particular de los ancianos y vulnerables que necesitan ser protegidos y que ya han sido inmunizados.

Lo más interesante es que atacaron el enfoque de Suecia como el ejemplo a evitar. Así que elevemos nuestra curiosidad para ver si conseguimos entender algo y preguntémonos el porqué. Y preguntémonos cuales son las lecciones útiles que podríamos sacar de su enfoque.
covid Australia

El anterior Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas, el profesor Ramesh Thakur, destacó: "Creo firmemente que los confinamientos harán más daño que bien"
Suecia es una buena comparación ya que es similar a Australia en lo que respecta a la atención sanitaria y al nivel relativamente bajo de la población. El análisis de Nicholas Lewis (referenciado más abajo) sobre la gestión del COVID-19 en Suecia explica el motivo por el que sus tasas de mortalidad ya se han estabilizado gracias a la probable inmunidad colectiva, tanto por los altos niveles de propagación del COVID como por la inmunidad preexistente y parcialmente establecida de células T de acuerdo a la investigación sueca y alemana.

Por ejemplo, un estudio del Instituto Karolinska y del Hospital Universitario Karolinska ha descubierto recientemente que alrededor del 30% de las personas con COVID leve o asintomático mostraron una inmunidad al virus mediada por las células T, a pesar de que sus tests de anticuerpos fueron negativos. Es probable que la inmunidad de las células T sea el resultado de una infección previa con coronavirus del resfriado común, lo que explicaría tanto la disminución de los casos de COVID en Suecia como la tasa del 40-87% para todos los casos leves, como la vulnerabilidad de los ancianos debido a la baja inmunidad de las células T.

La opinión prevaleciente actual es que la inmunidad colectiva se lograría con tan sólo el 20% de infectados entre la población. Acaban de surgir pruebas similares de inmunidad parcial de células T precovid en la Amazonia brasiliana por la drástica disminución de mortalidad y de nuevos casos, principalmente debido a la inmunidad colectiva con una infección de la población que apenas alcanza el 20%.

El profesor Danny Altmann, del Imperial College de Londres, se refirió a la investigación realizada en Suecia como "robusta, impresionante y exhaustiva" y afirmó sin rodeos que "las pruebas de anticuerpos por sí solas subestiman la inmunidad. Esto también significaría que la tasa de mortalidad real es significativamente menor de lo que nos llega a través de los medios de comunicación. Esa por supuesto es una noticia excelente desde la perspectiva de la salud pública, ya que demuestra que las personas con resultados negativos en las pruebas de anticuerpos podrían seguir quedándose inmunes al virus a nivel celular".

El progreso de la epidemia COVID-19 en Suecia: un análisis. Por Nic Lewis. (en inglés)
El principal argumento que se opone a este análisis es la duración de la inmunidad. Sin embargo, el profesor Peter Doherty, ganador del Premio Nobel, está firmemente convencido de que la reinfección es poco probable, e "incluso si ocurriera... la infección anterior aportaría una inmunidad veloz y una pronta recuperación", y si así no fuera, entonces cualquier inmunización se enfrentará a los mismos obstáculos que la inmunidad natural. Esencialmente, se podría argumentar que Suecia está saliendo del túnel mientras que apenas acabamos nosotros de penetrar en él.

Suecia no sólo está más cerca de llegar al finar de su primera ola importante, probablemente la única, sino que si hay una segunda ola estará más protegida que cualquiera de sus vecinos nórdicos, Australia y Nueva Zelanda. Así que seamos más prácticos.
covid Australia

LockdownTV ha entrevistado a muchas de las figuras más notables del mundo durante el debate sobre confinamientos, incluso al científico ganador del premio Nobel, el profesor Michael Levitt, quien argumenta que los confinamientos son un "craso error". Otros de los impresionantes invitados fueron el filósofo John Gray y el profesor Carl Heneghan, director del Centre for Evidence Based Medicine at Oxford (Centro de Medicina Basada en la Evidencia de Oxford).
En lugar de las 130.000 muertes previstas sugeridas por algunos de nuestros estimados profesores, la estimación del Profesor Bernard Murphy en una investigación del Senado de 14.000 es mucho más realista basándose en las cifras del Reino Unido.

Adrian Esterman, profesor de bioestadística de la Universidad de Australia Meridional rebajó aún más esta cifra a 10.000 personas en un modelo australiano comparativo con Suecia. Estos niveles de morbilidad y mortalidad podrían resultar mucho más bajos en Australia si conseguimos proteger a los centros de atención a ancianos de la infección. Se podría y todavía se puede lograr con pequeños equipos profesionales de la salud que trabajarían en los hogares durante dos semanas, seguido de dos semanas de descanso, y que pernoctarían en las residencias con las pruebas Covid apropiadas antes de volver al trabajo. Para hacer aún más hincapié en el factor humano y la amabilidad, se autorizaría a los esposos, esposas, hijos, nietos y amigos a visitar a sus seres queridos al estar exentos de síntomas las dos semanas anteriores, con un test reciente del Covid negativo el mismo día o el día anterior a la visita. Nunca habrá un sistema perfecto, pero esta opción sería mejor que multitud de personal trabajando a tiempo parcial en múltiples centros. También se podrían tomar precauciones similares para otras poblaciones potencialmente vulnerables, incluidas nuestras comunidades indígenas.

También podemos mejorar esta cifra con un sistema de salud mejor preparado y mejorando los tratamientos como los esteroides nebulizados, el remdesivir, las posibles infusiones de anticuerpos, etc.

Así que seamos más realistas con las cifras.

En Suecia, entre los menores de 60 años ha habido 235 muertes relacionadas con el COVID (aproximadamente 170 tenían comorbilidades) y 5846 muertes en general con una edad media de 82 años. Si lo extrapolamos a Australia que tiene una población 2,5 veces mayor, esto equivaldría a 587 muertes en personas menores de 60 años y, según las cifras de Suecia, 423* habrían tenido comorbilidad y 164* no tendrían ninguna comorbilidad.

Poniendo esto en contexto, el riesgo de morir a causa de un tumor cerebral (497 muertes) en menores de 60 años en 2017 según el Instituto Australiano de Salud y Bienestar, es más de 3 veces mayor que el riesgo proyectado de morir a causa del COVID 19 (164 muertes) para aquellos menores de 60 años sin complicaciones previas de salud.

La conjetura principal es que Suecia se está acercando al final de su primera ola importante, y probablemente única ola importante, según explicamos anteriormente.

Sin embargo, si se anunciara una segunda ola, la cual se estaría produciendo actualmente en Europa, estará más protegida que sus vecinos europeos y nórdicos, así como Australia y Nueva Zelanda.

Notablemente porque el confinamiento debilita nuestro sistema inmunológico natural.

Por mi parte, hago mucho hincapié a mis pacientes sobre la importancia de practicar ejercicios físicos, cuidar su alimentación, aumentar su vitamina D mediante mucha actividad al aire libre, mantenerse conectados con los demás, dormir bien y tener una buena predisposición positiva general, especialmente si están en forma y son menores de 60 años.

Aunque para la mayoría de los menores de 60 años el Covid será asintomático o leve, para una minoría significativa hay secuelas a largo plazo como complicaciones respiratorias, neurológicas, cardíacas y renales, siendo la fatiga, las dificultades respiratorias y el dolor articular los síntomas prolongados más comunes.

Afortunadamente, como se informó en el Congreso Virtual Internacional de la Sociedad Respiratoria Europea, "el deterioro de los pulmones tiende a mejorar con el tiempo, lo que sugiere que los pulmones tienen un mecanismo autogerenerativos".

Para las personas de más de 60 años, especialmente las vulnerables y las mayores de 70 años, se necesita aún más conciencia y protección, especialmente el distanciamiento social y las mascarillas cuando sea apropiado, pero el aislamiento de los seres queridos, la familia y los amigos tampoco es la respuesta. Hay muchas razones para confiar en que las precauciones que se recomienden se seguirán para minimizar el riesgo.

En cambio, con los confinamientos destruyendo el sustento de tantas personas y empresas, nos arriesgamos a 1.500 suicidios más por año, siendo los suicidios 2 ½ más probables en la UE. Esto equivaldría a 4.500 muertes en tres años (con un intervalo de dos años) según el análisis del Profesor McGorry desde la perspectiva de la UE situándose en el 16%.

El profesor Johan Giesecke, uno de los epidemiólogos más veteranos del mundo, asesor del Gobierno sueco (contrató a Anders Tegnell, director actual de la estrategia sueca), primer científico jefe del Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades, y asesor del director general de la OMS, expone con una franqueza típicamente sueca el motivo por el que cree que la política del Reino Unido y de otros países europeos en materia de bloqueo no está basada en pruebas. El profesor Johan Giesecke argumenta que la política correcta consiste en proteger sólo a los ancianos y a los que se encuentran en un estado frágil - Esto acabará por desarrollar la inmunidad colectiva como "subproducto" - La respuesta inicial del Reino Unido, antes de la "vuelta en U de 180 grados", era mejor - El documento del Imperial College "no era muy bueno" y nunca había observado un documento inédito con tanto impacto político - El documento era demasiado pesimista - De todos modos, cualquiera de estos modelos ofrece una base dudosa para las políticas públicas - El aplanamiento de la curva se debe tanto al deceso de los más vulnerables como al confinamiento - Los resultados acabarán por igualarse en todos los países - El Covid-19 es una "enfermedad leve" y similar a la gripe, y fue la novedad de la enfermedad lo que asustó a la gente. - La tasa de mortalidad real de Covid-19 ronda el 0,1% - cuando se disponga de pruebas masivas de anticuerpos, se demostrará que al menos el 50% de la población del Reino Unido y de Suecia ya habrá tenido la enfermedad.
Sin embargo, el Instituto Grattan proyecta una pérdida de empleo de 3,4 millones entre los australianos. Predice que entre el 14% y el 26% de todos los trabajadores australianos se quedará sin empleo como resultado de los confinamientos/bloqueos de los gobiernos y las normas de distanciamiento físico. Una tasa de desempleo del 26% podría resultar en un año extra de 2.450 suicidios, potencialmente otras 7350 muertes en tres años. Además, el aumento de las enfermedades mentales ha resultado en un aumento del 25% de llamadas a Lifeline, y del 40% a Beyond Blue, así como de un aumento del 23% en los informes sobre violencia doméstica. El Ministro de Prevención de la Violencia Doméstica, Di Farmer, reconoce esta situación como la "pesadilla del COVID".

También hay cánceres que no han sido diagnosticados, y aquellos cuya atención médica fue retrasada. Un asesor de Boris Johnson en el Reino Unido me informó que "le había llegado de forma anecdótica que las remisiones del cáncer habían bajado un 70% en el Reino Unido desde el comienzo del confinamiento". En Victoria, el centro oncológico Peter McCallum de Melbourne registró un descenso cerca del 30% en el diagnóstico de cáncer tan sólo en la tercera fase del confinamiento.

Los cardiólogos están informando de tendencias similares en la detección de enfermedades cardíacas. Lógicamente, se espera que la cuarta etapa del confinamiento en Melbourne empeore. Añádase a esto el hecho de que 1/3 de los consultorios médicos cerrados corren el riesgo de ser inviables financieramente por el recorte de las visitas de pacientes acudiendo a sus médicos de cabecera, que los especialistas médicos se enfrentan a los mismos problemas, y que los hospitales están cerrados, lo que está retrasando la mayoría de las intervenciones quirúrgicas.

Es de esperar que otro 5-10% de aumento en mortalidad y morbilidad por cánceres, enfermedades cardíacas, enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias, diabetes y esencialmente todas las demás enfermedades además de las de salud mental haga su aparición.

Con una tasa de mortalidad anual en Australia de más de 160.000 muertes al año, esto podría equivaler a otras 16.000 muertes debido a los confinamientos por COVID.

Partiendo de esta teoría, la Oficina de Estadísticas Nacionales del Reino Unido informó que 21.000 muertes adicionales además del Covid-19 se atribuyen a personas muriendo en casa por derrames cerebrales y ataques cardíacos, etc., ya que estaban demasiado asustadas como para acudir a un hospital, así como a los ancianos en sus residencias que "se rinden" en medio de condiciones de confinamiento deprimentes. Un informe en el Financial Times se refirió a una estimación interna del Gobierno Británico que calcula que hasta 150.000 personas en el Reino Unido son las que podrían morir prematuramente por condiciones distintas al Covid-19 debido al confinamiento.

Esencialmente, nos arriesgamos a que la mortalidad de los menores de 60 años se multiplique por 10 y hasta 20 en comparación con el COVID en sí. A esto se suma la devastación de nuestra sociedad debido al colapso de la economía entrenando tras sí un estado de salud, educativo, deportivo y artístico más empobrecido. Por lo tanto equivale a una merma masiva de nuestro nivel de vida. Además, el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, ha advertido que la pandemia del coronavirus se estaba convirtiendo en una crisis de derechos humanos enfrentándose a respuestas autoritarias, vigilancia, fronteras cerradas y demás abusos de nuestros derechos.

¿Quién hubiera predicho que en Victoria se arrestaría y esposaría a una mujer embarazada delante de sus dos hijos por haberse atrevido a enviar un mensaje en facebook apoyando las protestas por el confinamiento, o el uso de cámaras de vigilancia en parques públicos?

Hemos pasado literalmente de la ciudad más habitable del mundo a la más autoritaria, todo bajo el disfraz de la salud pública.

En Australia contabilizamos unos 100.000 decesos en los últimos ocho meses, incluyendo 803 por Covid 19 en pacientes con una edad media que supera ampliamente los 80 años.

Mientras educamos al público con estas cifras de muertes cardíacas, respiratorias, cancerígenas, mentales y de diabéticas, se nos ofrece la oportunidad de poner al virus COVID 19 más en perspectiva.

Por lo tanto, se puede abogar de forma enérgica que los confinamientos tienen importantes implicaciones que nada tienen que ver con el COVID 19, además de las que se corresponden al bienestar económico de nuestras generaciones futuras.

Desde la perspectiva de un médico de cabecera, tengo muchos pacientes ancianos angustiados por verse desprovistos de sus derechos humanos básicos al no poder ver a sus hijos, nietos o amigos cercanos. Tengo múltiples pacientes a la espera de una cirugía retrasada, incluyendo un joven que necesita una cirugía cardiaca urgente para salvar su vida.

También atiendo a varios pacientes más jóvenes que viven en soledad en bloques de apartamentos rogándome que haga todo lo posible por persuadir a mis colegas médicos que aconsejen al Gobierno poner fin a este cruel confinamiento.

Ya he experimentado el caso de un suicidio relacionado con el COVID y otro con sobredosis. Nunca antes había presenciado tanta ansiedad, estrés y desarmonía en nuestra comunidad. Dado el declive a gran escala de la salud mental de nuestras comunidades, la única justificación para imponer tales confinamientos a poblaciones sanas debería coincidir con aquellas áreas localizadas que corren un serio riesgo de sobrecargar el Sistema de Salud. La vehemencia llevada a cabo para la introducción de los confinamientos ha surgido de una percepción peligrosamente errónea del humanitarismo, cuando la realidad es que causan mucho más daño a la vida y al bienestar de las personas que el propio virus.

Convenzamos a los demás estados para que aprendan de los errores cometidos en Victoria.
A. Proteger a los ancianos y asilos de ancianos con personal profesional y permitir que los residentes visiten a sus seres queridos bajo precauciones preventivas. Nada más cruel que la situación actual donde los más vulnerables mueren durante el aislamiento.

B. Evitar los confinamientos estrictos, a menos que los servicios de salud, según su localización particular, se vean amenazados. Evidentemente, si seguimos tomando precauciones como el distanciamiento social y el uso de mascarillas, etc. cuando sea apropiado, y garantizando la seguridad de los centros de atención a la tercera edad y las comunidades vulnerables, los confinamientos estrictos quedarían obsoletos.

Sencillamente, son muchas las pruebas válidas que apuntan al aumento del riesgo de suicidio, además de otros riesgos para la salud que se incrementan debido a las medidas del confinamiento. Esto debería ser publicado y aprovechado para influir en las normas reguladoras de las respuestas/confinamientos en torno al COVID.

El gobierno tiene que ser más honesto y abierto al informar sobre las muertes por Covid. Por ejemplo, las cuatro muertes de menores de 50 años al día de hoy parecen tener comorbilidades como el cáncer, la obesidad extrema y las enfermedades cardíacas y pulmonares.

Además, según el informe The Times "Ningún niño que no tuviera ya una enfermedad grave previo al Covid-19 ha muerto por este virus en Gran Bretaña, como lo demuestra un estudio serio. Los investigadores alegan que los resultados deberían tranquilizar a los padres ante el inicio del nuevo período escolar que se acerca".
covid Australia

El profesor Chris Whitty, jefe de medicina de Inglaterra, declaró que los riesgos que corren los niños al volver al colegion son muy pequeños.
Hasta la fecha, ninguna persona sana ha muerto antes de los 50 años a causa del Covid en Australia. Sin embargo, las menores de 50 años, y especialmente las menores de 40, son las que más ansiedad padecen debido al miedo instigado por políticos y medios de comunicación.

Lideremos guiados por la esperanza, no por el miedo.

Nota al pie de página

He contactado la embajada sueca para tratar de conseguir datos de comorbilidad en sus estadísticas sobre el COVID. Acabo de recibir esta tabla de "Probabilidades de supervivencia al Covid-19, por edad y sexo" que se basa en sus datos, probablemente la más precisa de todas para poder estimar lo que habría de esperarse en Australia. Nos confirma además que el riesgo de mortalidad en menores de 60 años sanos es menor que el de la gripe, de hecho, las posibilidades de supervivencia para todos los varones menores de 60 años, sin ninguna condición de salud subyacente, es del 99,996% o 99.996/100.000, y para todas las mujeres 99,9976% o 99.997.6/100.000, lo que equivale a 3,2 muertes por cada 100.000 individuos como media entre varones y mujeres.
estadistica
Para tener una perspectiva real del riesgo Covid-19 en menores de 60 años y sanos, la tasa de mortalidad de todos los accidentes de tráfico es de 5,4 por cada 100.000 habitantes al año, según las estadísticas del gobierno australiano, con un total de 1.182 víctimas mortales en 2019, de las cuales 919 eran menores de 64 años. Sobre esta base, en menores de 60 años sanos, el riesgo de morir en un accidente de coche es mucho mayor que la tasa de mortalidad por el Covid ya que suma 3,2 muertes por 100.000, aunque se consideraría una locura sugerir que los menores de 60 años dejaran de conducir.

Por el contrario, la tabla muestra lo letal que llega a ser el virus en hombres con cualquier condición de salud de más de 80 años, pues la tasa de mortalidad llega a más del 20%.

Ahí es donde necesitamos hacer uso de nuestros recursos en vez de confinar a estados o poblaciones enteras.
El doctor Campbell ha sido médico de cabecera durante 34 años. Él y su equipo han sido reconocidos por la Australian Primary Care Collaboratives (APCC) por sus excelentes resultados en el control de la diabetes. (Los mejores resultados registrados entre los médicos de cabecera en Australia). Sus publicaciones anteriores incluyen: "If I Ruled Medicare" (Si Yo Fuera Responsable del Seguro Médico) publicado en The Medical Observer.