Traducción de PijamaSurf


Cerco mediático en Occidente deja de reportar una de las protestas civiles más grandes de la historia: más de 1 millón de libios se reunieron para marchar en contra de la invasión de la OTAN y el genocidio que ha provocado.

El pasado 1 de julio más de 1 millón de libios marcharon en Trípoli hacia la Plaza Verde en rechazo de la invasión militar que despliega la OTAN en su país. Los manifestantes expresaron su apoyo al gobierno y los pobladores de Benghazi y Misrata que están siendo perseguidos por las fuerzas rebeldes fondeadas por la OTAN, la CIA y otras agencias. Una persecución que ha tomado tintes raciales ya que algunos medios han reportado que Gaddafi ha empleado mercenarios africanos, por lo cual en estas poblaciones tomadas por los rebeldes - o contrarrevolucionarios - se han efectuado linchamientos y otras atrocidades en contra de la población negra.

Libia es un país de poco más de 6 millones de habitantes y más de 1 millón marcharon el 1 de julio en una de las protestas públicas más grandes de la historia en cualquier país del mundo. Sin embargo, la mayoría de los medios occidentales (incluyendo a Al-Jazeera, que parece estar controlado por los mismos intereses) no dieron a conocer ni siquiera que esta protesta se había realizado y menos su envergadura. El cerco mediático deja claro que el discurso occidental de libertad de expresión y democracia es una gran ilusión: cuando todos los medios masivos se alinean con los gobiernos de las grandes potencias en una ofensiva ilegal que constituye un claro crimen humanitario, ¿dónde está la democracia informativa? Cuando las protestas eran en contra de Gaddafi, y en un número mucho menor, éstas aparecían sistemáticamente en las primeras planas de medios como el New York Times, The Guardian, El País, el Huffington Post, Le Monde, etc.

Científicos independientes dicen haber confirmado el uso de uranio empobrecido en Libia en contra de las fuerzas de Gaddafi de la población civil; irónicamente uno de los argumentos que se manejan para intervenir en estas guerras es salvar a la población del riesgo de que su dictador utilice armas de destrucción masiva.

Antes de la invasión de las fuerzas de la OTAN, Libia atravesaba un relativo bienestar económico (lo cual, más allá de sus excentricidades, hace que la gente apoye en su mayoría a Gaddafi); actualmente, las sanciones impuestas por la comunidad internacional y los destrozos de los ataques militares han hecho que este país se empiece a sumir en una profunda crisis con oscuros ecos de lo que sucedió en Irak, un país que ha sido prácticamente destruido dejando a millones en la extrema pobreza.