Traducido por el equipo de SOTT.net en español

¿Q
ué ocurre si se pone a 15 personas juntas en una cueva oscura y se les quita la capacidad de seguir el paso del tiempo? Un extraordinario experimento realizado en Francia ha intentado responder a esta pregunta, y los resultados son fascinantes.
French Team
© Renata Brito (AP)
Miembros del equipo francés celebrando el final de su estancia de 40 días en una cueva subterránea.
El sábado 24 de abril, a las 10:30 de la mañana, hora local, 15 personas salieron de la cueva de Lombrives, en Ussat les Bains, Francia, tras 40 días de completo aislamiento del mundo exterior. Muchos de ellos tenían sonrisas en sus rostros, lo cual... bueno, todo el mérito es de ellos. Si hubiera sido yo, les garantizo que no estaría sonriendo, ya que las condiciones allí abajo estaban lejos de ser ideales.

El entorno era ciertamente duro, con una temperatura fija de 50 grados F (10 grados C) y una humedad relativa de un agobiante 100%. No entraba ni un solo rayo de sol en esta cueva, lo que obligaba al equipo a depender exclusivamente de la iluminación artificial. Y al no poder comunicarse con el mundo exterior, los miembros del equipo perdieron el contacto con sus amigos, familias y el ciclo de noticias diario.

Y lo que es más importante, también perdieron la noción del tiempo, ya que en la cueva no se permitían relojes de ningún tipo. Pues este fue el objetivo del proyecto "Deep Time" (Tiempo profundo), organizado por el Human Adaptation Institute, que busca entender cómo los humanos se adaptan y colaboran para recrear "la sincronización fuera de los indicadores habituales", según explica el grupo en su página web.

Cuando se les preguntó cuánto tiempo habían permanecido en la cueva, el equipo calculó colectivamente que fueron unos 30 días (aunque, como informa The Guardian, una persona estimó la duración total en 23 días). El hecho de que el equipo haya perdido la noción de 10 días enteros (o más) es algo sorprendente y demuestra nuestra dependencia de los relojes o del ciclo día-noche para mantener la pista del tiempo. Nuestros relojes internos, al parecer, son realmente, muy malos, y están sujetos a una considerable desviación, incluso en un período relativamente corto de 40 días.

Members of the team inside the cave.
© Associated Press
Miembros del equipo en el interior de la cueva.
El proyecto Deep Time, de 1,2 millones de euros (1,45 millones de dólares), incluía 50 protocolos de investigación diferentes que abarcaban una docena de campos científicos. Gracias a los sensores, un equipo externo pudo hacer un seguimiento de los 15 miembros, siguiendo sus patrones de sueño, interacciones sociales, temperatura corporal y otros parámetros. El alojamiento era austero, pero no escandaloso. Las imágenes tomadas en el interior de la cueva, bien iluminada, muestran tiendas de campaña, neveras, mesas plegables, sillas, plataformas de madera y abundante tecnología. Los miembros del equipo, algunos de ellos con parkas y gorras, pueden verse haciendo experimentos o participando en discusiones informales.

Se espera que esta investigación arroje luz sobre los procesos fisiológicos y cognitivos relacionados con el aislamiento social, la falta de reloj y el seguimiento del tiempo, pero también tiene un aspecto práctico. Este trabajo podría conducir en última instancia a mejorar las condiciones de las tripulaciones de los submarinos, los mineros y los operadores de las máquinas de perforación. También podría beneficiar a los futuros exploradores de la Luna y Marte, que también experimentarían interrupciones en un día de 24 horas.

Los organizadores del proyecto Deep Time eligieron el entorno de una cueva en lugar de un laboratorio porque, tras "años de estudios variados, hemos comprobado que, para comprender plenamente las habilidades y el funcionamiento humanos, es necesario estudiarlos en un entorno natural y en situaciones de la vida real, en lugar de en una simulación en un espacio pequeño y cerrado".

Sorprendentemente, dos tercios de los participantes afirmaron que se habrían quedado más tiempo en la cueva si hubieran podido, pero algunos, como Johan Francois, tuvieron dificultades a veces, diciendo que tenía "impulsos viscerales" de salir, como dijo a The Guardian. Francois se mantenía ocupado caminando más de 10 kilómetros cada día, lo que hacía caminando en círculos alrededor del perímetro de la cueva. Marina Lançon, una de las siete mujeres que participaron en el experimento, dijo que la experiencia fue "como estar presionando la pausa" en su vida, y que evitará su teléfono inteligente durante al menos unos cuantos días más para evitar una vuelta "brutal" a la vida normal, según The Guardian.
Members of the team meet to discuss their experiences.
© Bruno Mazodier/AP
Los miembros del equipo se reúnen para hablar de sus experiencias.
Sin relojes ni la puesta de sol, el equipo tuvo que confiar en las señales corporales para saber cuándo ir a dormir, cuándo despertarse y cuándo comer. El equipo no calculaba el tiempo por días, sino por ciclos de sueño acumulados. Resulta fascinante que el grupo se mantuviera sincronizado en su mayoría, a pesar de estar alejado del tiempo "real".

Pero, como demostraron los resultados, no supieron evaluar la duración de cada día. Teniendo en cuenta su estimación de 30 días para la estancia de 40 días, el equipo calculó que cada día duraba unas 32 horas de media. Al final del experimento, probablemente era mucho peor, y probablemente se acercaba a las 40 horas. En cuanto al miembro del equipo que pensó que sólo habían transcurrido 23 días, su "día" fue de 42 horas en promedio, y de nuevo, probablemente incluso más largo al final (es decir, la deriva temporal probablemente no entró en acción inmediatamente).

Los resultados son descabellados. Significa que los miembros del equipo se fueron a la cama cada vez más tarde, y se inclinaron por días más largos, en lugar de más cortos. El equipo estaba sincronizado en su mayor parte, pero es evidente que algunos individuos tenían su propio sentido del paso del tiempo (lo que me hace preguntarme si había desacuerdo sobre cuándo ir a la cama).

Será muy interesante cómo los investigadores darán sentido a estos hallazgos y los traducirán en estrategias para el mundo real, pero una cosa es segura: De pronto valoro la inexorable salida y puesta del Sol de una manera que nunca creí posible.