(España) - Según crónica de Esther Rodríguez, en La Voz de Asturias, con tan solo 20 años, Ignacio Díaz acude tres veces por semana al Hospital Vital Álvarez Buylla. Tras entrar por la puerta del centro con una sonrisa dibujada en su cara -gesto que tanto le caracteriza- se dirige a una sala donde la media de edad supera los 70 años. Allí permanece tumbado en una camilla durante cuatro horas. Tiempo en el que reflexiona sobre cómo su vida ha cambiado por completo en cuestión de meses. Atrás quedaron las grandes comidas, los encuentros festivos con los amigos o sus sueños de convertirse en Policía Nacional. Mientras tanto, una máquina hace la función que sus riñones ya no realizan. De ella depende su subsistencia, puesto que tras recibir la pauta completa contra el coronavirus estos órganos dejaron de depurar.
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«Ha sido una causa-efecto. El médico me dijo que esta enfermedad me pudo haber salido con la varicela o catarro, con estados de salud complicados, pero me desarrolló con la vacuna porque me metieron muchos anticuerpos», resalta el allerano, quien estuvo ingresado durante 46 días en el HUCA, la mayor parte de su estancia en la UCI, debido a una insuficiencia renal. No obstante, el joven mantiene una actitud positiva. «Me queda toda la vida por delante, peor son aquellos diagnósticos en los que no hay nada que hacer», reconoce. Por eso, no cierra ni siquiera la puerta a recibir un trasplante. «Al principio me asustaba la idea, pero después de todo lo que pasé en el hospital y con la diálisis ya veo que si el riñón no vuelve a su función es la mejor solución. No es algo malo sino todo lo contrario. Siendo responsable puedes volver a tener la vida de antes», afirma.

Primera dosis, primera reacción

Todo comenzó en la última semana de julio. Ignacio Díaz fue citado para poner la primera vacuna contra el coronavirus y tras recibir la profilaxis comenzó a orinar «muy oscuro». «No era sangre», pero la orina presentaba un color «como el café». No obstante, el joven no le dio importancia. Sin embargo, a los siete días contrajo la enfermedad. «Empecé a notar que ya era muy oscuro». Una vez finalizada la cuarentena, acudió al médico para que le hiciesen análisis. Pero para su sorpresa, «todo estaba bien».

Con el paso del tiempo la orina fue recuperando su color habitual y transcurridos dos mes, «me llamaron para poner la segunda dosis». Tras recibir la vacuna volvió a orinar de color oscuro. Como en esta ocasión, la situación no revertía, Ignacio Díaz acudió al nefrólogo para realizar unos análisis. «De nuevo estaba todo bien y me dan cita para una revisión en enero», apunta. Sin embargo, a finales de octubres comienza a encontrarse mal. «Estaba muy cansado. No era que quisiese dormir sino que me daba pereza todo. Pasé de ir al gimnasio todos los días a que no se me apeteciese ni ir. Tenía también síntomas de fiebre: me daban escalofríos, tenía los pies fríos...», detalla.

Ingresado durante 46 días

Ante ese malestar, Ignacio Díaz vuelve a visitar a su médico de cabecera. «Me dio una pastilla y algo mejoré, pero a los dos días volví a encontrarme mal». Esta vez, el joven acude directamente al servicio de Urgencias del Hospital Vital Álvarez Buylla. «Me hacen el primer análisis y según meé era todo sangre». Entonces mismo, le derivan al HUCA, diagnosticado con una insuficiencia renal. Allí estuvo un total de 46 días. «Primero pasé tres días en planta, luego 16 en la UCI por un edema pulmonar, después regresé a la habitación donde también estuve tres días, bajé de nuevo a la UCI por el mismo motivo y tras seis días volví para planta, antes de recibir el alta», pormenoriza.

Aunque al principio Ignacio Díaz estaba asustado, puesto que era la primera vez que ingresaba en un hospital -«nunca antes tuve problemas de ningún tipo»-, comprendió la situación y asimiló que dentro de la gravedad de su estado de salud se encontraba bien. «No tenía ningún tipo de dolor. Lo único que los riñones y los pulmones no me funcionaban bien». Una apreciación que le ayudó a lidiar con actitud su larga estancia en el HUCA. En todo ese tiempo, ni siquiera perdió la gracia de hablar y comprensivamente contaba sus vivencias bajo cuatro paredes y rodeado de cables a sus familiares. Ataviados con la correspondiente mascarilla, una bata verde y un par de guantes le acompañaban día tras día con el objetivo de hacer más amena su hospitalización.

Aun así, el joven reconoce que lo peor de todo es «pasar 16 días sin moverte de la cama». «Es insoportable, no sabes ni de qué manera ponerte. Como me despertaban a las 8.30 horas para asearme y darme el desayuno y luego estaba todo el día de descanso a última hora ya ni dormía. Tenía que tomar una pastilla para conciliar el sueño. Que encima esta tiene su lado bueno y su lado malo, ya que coges el sueño rápido, pero en el momento que despiertas no vuelves a dormirte otra vez», cuenta.

«Soy el único joven en la sala, el resto son todo señores mayores de 70 años»

Una vez controlado su estado de salud, Ignacio Diaz recibe el alta hospitalaria. Sin embargo, no es sinónimo de que todo se haya solucionado. «Ahora, tengo que acudir tres días a la semana a Mieres para hacer diálisis durante cuatro horas», señala. Un tratamiento que lleva bastante bien, puesto que «tan solo me sube la febrícula, no estoy cansado ni nada, y como me tocó el turno de mañana, pues duermo un rato o leo un libro». Lo único que le llama la atención es que «soy el único joven en la sala, el resto son todo señores mayores de 70 años».

No obstante, el allerano acudirá esta semana al HUCA para poder realizar a diario el tratamiento en casa. «Es mucho mejor y más saludable. La diálisis no es tan agresiva y de esta forma se elimina todos los días las sustancias tóxicas en la sangre. Además evito tener que bajar al hospital de Mieres», manifiesta. La hemodiálisis en el domicilio se puede hacer de dos formas. Por un lado, cambiando el líquido tres veces al día durante 20 minutos para limpiar la sangre y, por otro lado, hacerla por la noche durante 8 horas. Una opción que Ignacio Díaz considera que es la mejor porque «así tienes todo el día libre para hacer lo que puedas, dentro de lo que se puede».
«Me queda mucha vida por delante y ahora me toca ser responsable»
Esto a su vez se traducirá en beneficios para su dieta. «Hacer la diálisis en casa te permite comer más cosas o comer más de vez en cuando». Por ahora, Ignacio Díaz no puede tomar sal; las verduras tiene que cocerlas dos veces antes de comerlas para reducir el potasio; ingerir mucha proteína porque después de tantos días tirado en la cama, perdió mucha masa muscular; debe combinar el pescado con la carne y evitar, en la medida de lo posible, que esta sea roja. De la misma manera, como tiene marcada una restricción de agua, elude tomar productos como los lácteos «porque tiene fósforo y eso da sed». En definitiva, debe medir lo que come.

Además, mientras que los riñones deciden si volver a funcionar o no, toca cuidarse en todos los aspectos. «Estoy con mascarilla hasta por casa porque como tengo las defensas muy bajas a nada que me dé me puede fastidiar». También lo hace porque no quiere volver a ingresar. «Como muy bien me dijo el médico voy a notar una diferencia brutal cuando salga con mis amigos porque no voy a poder salir todos los fines de semana y emborracharme, como lo que se hace a estas edades. Sin embargo, voy a madurar. No pasaron por lo que yo pasé y no tienen esa sensación de verse en el hospital tan mal. Todavía me queda mucha vida por delante y lo único que me toca es ser responsable», sentencia.