Traducido por el equipo de Sott.net

[...] Hace poco me encontré con el relato más claro y razonable de lo que ha estado sucediendo en Ucrania. Su importancia se debe a que su autor, Jacques Baud, un coronel retirado del servicio de inteligencia suizo, ocupó varios puestos importantes en las operaciones de entrenamiento de la OTAN en Ucrania. A lo largo de los años, también tuvo amplios tratos con sus homólogos rusos.
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Ukrainian State Leader Vladimir Zelensky and Russia President Vladimir Putin
Su largo ensayo apareció por primera vez (en francés) en el respetado Centro de Investigación de Inteligencia de Francia. Una traducción literal apareció en The Postil (1 de abril de 2022). He vuelto al original en francés y he reducido un poco el artículo y lo he traducido, espero, a un inglés más idiomático. No creo que al editarlo haya dañado el fascinante relato de Baud. Porque en un sentido real, lo que ha hecho es "dejar salir el gato de la bolsa". - Boyd D. Cathay

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La situación militar en Ucrania


por Jacques Baud

Marzo de 2022

Primera parte: El camino a la guerra

Durante años, desde Malí hasta Afganistán, he trabajado por la paz y he arriesgado mi vida por ella. Por lo tanto, no se trata de justificar la guerra, sino de comprender lo que nos ha llevado a ella.

Intentemos examinar las raíces del conflicto ucraniano. Comienza con aquellos que durante los últimos ocho años han estado hablando de "separatistas" o "independentistas" del Donbás. Se trata de un término erróneo. Los referendos llevados a cabo por las dos autoproclamadas Repúblicas de Donetsk y Lugansk en mayo de 2014, no fueron referendos de "independencia" (независимость), como han afirmado algunos periodistas sin escrúpulos, sino referendos de "autodeterminación" o "autonomía" (самостоятельность). El calificativo "prorruso" sugiere que Rusia era parte del conflicto, lo que no era el caso, y el término "rusoparlantes" habría sido más honesto. Además, estos referendos se llevaron a cabo en contra del consejo de Vladimir Putin.

De hecho, estas repúblicas no buscaban separarse de Ucrania, sino tener un estatus de autonomía, garantizándoles el uso del idioma ruso como lengua oficial -porque el primer acto legislativo del nuevo gobierno resultante del derrocamiento del presidente [democráticamente elegido] Yanukóvich, patrocinado por Estados Unidos, fue la abolición, el 23 de febrero de 2014, de la ley Kivalov-Kolesnichenko de 2012 que hacía del ruso una lengua oficial en Ucrania. Un poco como si los golpistas alemanes decidieran que el francés y el italiano dejaran de ser lenguas oficiales en Suiza.

Esta decisión provocó una tormenta en la población de habla rusa. El resultado fue una feroz represión contra las regiones de habla rusa (Odessa, Dnepropetrovsk, Kharkov, Lugansk y Donetsk) que se llevó a cabo a partir de febrero de 2014 y condujo a una militarización de la situación y a algunas horribles masacres de la población rusa (en Odessa y Mariupol, las más notables).

En esta etapa, demasiado rígida y ensimismada en un enfoque doctrinario de las operaciones, el Estado Mayor ucraniano sometió al enemigo pero sin conseguir imponerse realmente. La guerra llevada a cabo por los autonomistas consistía en operaciones muy móviles realizadas con medios ligeros. Con un enfoque más flexible y menos doctrinario, los rebeldes pudieron aprovechar la inercia de las fuerzas ucranianas para "atraparlas" repetidamente.

En 2014, cuando estaba en la OTAN, era responsable de la lucha contra la proliferación de armas ligeras, y tratábamos de detectar entregas de armas rusas a los rebeldes, para ver si Moscú estaba implicado. La información que recibimos entonces procedía casi en su totalidad de los servicios de inteligencia polacos y no "encajaba" con la información procedente de la OSCE [Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa], y a pesar de las acusaciones bastante burdas, no había entregas de armas y equipos militares procedentes de Rusia.

Los rebeldes se armaron gracias a la deserción de unidades ucranianas de habla rusa que se pasaron al bando rebelde. A medida que los fracasos ucranianos continuaban, los batallones de tanques, artillería y antiaéreos engrosaban las filas de los autonomistas. Esto fue lo que empujó a los ucranianos a comprometerse con los Acuerdos de Minsk.


Comentario: Eso es asombroso. Incluso nosotros asumimos que estaban recibiendo al menos algunas armas rusas. Después de todo, los medios de comunicación occidentales insistieron en la "invasión rusa de Ucrania" desde el primer día de la "operación antiterrorista" de Kiev en el Donbass. Esto demuestra que, si realmente quieres la libertad, tienes que luchar de verdad por ella, y por tu cuenta en su mayor parte...


Pero justo después de firmar los Acuerdos de Minsk 1, el presidente ucraniano Petro Poroshenko lanzó una masiva "operación antiterrorista" (ATO/Антитерористична операція) contra el Donbás. Mal asesorados por los oficiales de la OTAN, los ucranianos sufrieron una aplastante derrota en Debaltsevo, que les obligó a comprometerse con los Acuerdos de Minsk 2.

Es esencial recordar aquí que los Acuerdos de Minsk 1 (septiembre de 2014) y Minsk 2 (febrero de 2015) no contemplaban la separación o independencia de las Repúblicas, sino su autonomía en el marco de Ucrania. Los que hayan leído los Acuerdos (hay muy pocos que lo hayan hecho realmente) notarán que está escrito que el estatus de las Repúblicas debía ser negociado entre Kiev y los representantes de las Repúblicas, para una solución interna dentro de Ucrania.

Por eso, desde 2014, Rusia ha exigido sistemáticamente la aplicación de los Acuerdos de Minsk mientras se negaba a ser parte de las negociaciones, porque era un asunto interno de Ucrania. Por otro lado, Occidente -con Francia a la cabeza- intentó sistemáticamente sustituir los Acuerdos de Minsk por el "formato Normandía", que ponía cara a cara a rusos y ucranianos. Sin embargo, recordemos que nunca hubo tropas rusas en el Donbás antes del 23-24 de febrero de 2022. Además, los observadores de la OSCE nunca han observado el más mínimo rastro de unidades rusas operando en el Donbás antes de esa fecha. Por ejemplo, el mapa de la inteligencia estadounidense publicado por el Washington Post el 3 de diciembre de 2021 no muestra tropas rusas en el Donbás.

En octubre de 2015, Vasyl Hrytsak, director del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU), confesó que sólo se habían observado 56 combatientes rusos en el Donbás. Esto era exactamente comparable a los suizos que iban a luchar a Bosnia los fines de semana, en la década de 1990, o a los franceses que van a luchar a Ucrania en la actualidad.

El ejército ucraniano se encontraba entonces en un estado deplorable. En octubre de 2018, tras cuatro años de guerra, el fiscal militar jefe ucraniano, Anatoly Matios, declaró que Ucrania había perdido 2.700 hombres en el Donbás: 891 por enfermedades, 318 por accidentes de tráfico, 177 por otros accidentes, 175 por envenenamientos (alcohol, drogas), 172 por manejo descuidado de armas, 101 por infracciones de las normas de seguridad, 228 por asesinatos y 615 por suicidios.

De hecho, el ejército ucraniano estaba minado por la corrupción de sus mandos y ya no contaba con el apoyo de la población. Según un informe del Ministerio del Interior británico, en la llamada a filas de los reservistas de marzo/abril de 2014, el 70% no se presentó a la primera sesión, el 80% a la segunda, el 90% a la tercera y el 95% a la cuarta. En octubre/noviembre de 2017, el 70% de los reclutas no se presentó a la campaña de retirada de "otoño 2017". Esto sin contar los suicidios y las deserciones (a menudo hacia los autonomistas), que alcanzaron hasta el 30% de los efectivos en la zona de la ATO. Los jóvenes ucranianos se negaron a ir a luchar en el Donbás y prefirieron la emigración, lo que también explica, al menos parcialmente, el déficit demográfico del país.

El Ministerio de Defensa ucraniano recurrió entonces a la OTAN para que le ayudara a hacer más "atractivas" sus fuerzas armadas. Como ya había trabajado en proyectos similares en el marco de las Naciones Unidas, la OTAN me pidió que participara en un programa para restaurar la imagen de las fuerzas armadas ucranianas. Pero se trata de un proceso a largo plazo y los ucranianos querían actuar con rapidez.

Así que, para compensar la falta de soldados, el gobierno ucraniano recurrió a las milicias paramilitares. En 2020, constituían alrededor del 40% de las fuerzas ucranianas y contaban con unos 102.000 hombres, según Reuters. Estaban armados, financiados y entrenados por Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá y Francia. Había más de 19 nacionalidades.

Estas milicias llevaban operando en el Donbás desde 2014, con el apoyo de Occidente. Aunque se pueda discutir sobre el término "nazi", el hecho es que estas milicias son violentas, transmiten una ideología nauseabunda y son virulentamente antisemitas... [y] están compuestas por individuos fanáticos y brutales. El más conocido de ellos es el Regimiento Azov, cuyo emblema recuerda a la 2ª División Panzer de las SS del Reich, venerada en Ucrania por haber liberado Kharkov de los soviéticos en 1943, antes de llevar a cabo la masacre de Oradour-sur-Glane en Francia en 1944.

La caracterización de los paramilitares ucranianos como "nazis" o "neonazis" se considera propaganda rusa. Pero esa no es la opinión del Times of Israel, o del Centro de Antiterrorismo de la Academia de West Point. En 2014, la revista Newsweek parecía asociarlos más con... el Estado Islámico. Elija usted.

Así, Occidente apoyó y continuó armando a milicias que han sido culpables de numerosos crímenes contra la población civil desde 2014: violaciones, torturas y masacres...

La integración de estas fuerzas paramilitares en la Guardia Nacional ucraniana no fue en absoluto acompañada de una "desnazificación", como algunos pretenden.

Entre los muchos ejemplos, el de la insignia del Regimiento Azov es instructivo:

nazi symbols
En 2022, de forma muy esquemática, las fuerzas armadas ucranianas que luchaban contra la ofensiva rusa estaban organizadas como:
  • El Ejército, subordinado al Ministerio de Defensa. Está organizado en 3 cuerpos de ejército y compuesto por formaciones de maniobra (tanques, artillería pesada, misiles, etc.).
  • La Guardia Nacional, que depende del Ministerio del Interior y está organizada en 5 comandos territoriales.
La Guardia Nacional es, por tanto, una fuerza de defensa territorial que no forma parte del ejército ucraniano. Incluye milicias paramilitares, denominadas "batallones de voluntarios" (добровольчі батальйоні), también conocidas por el evocador nombre de "batallones de represalia", y compuestas por infantería. Entrenados principalmente para el combate urbano, actualmente defienden ciudades como Járkov, Mariupol, Odesa, Kiev, etc.

Segunda parte: la guerra

Como antiguo jefe de análisis de las fuerzas del Pacto de Varsovia en el servicio de inteligencia estratégica suizo, observo con tristeza -pero no con asombro- que nuestros servicios ya no son capaces de entender la situación militar en Ucrania. Los autoproclamados "expertos" que desfilan por las pantallas de nuestros televisores transmiten incansablemente la misma información modulada por la afirmación de que Rusia -y Vladimir Putin- es irracional. Demos un paso atrás.

1. El estallido de la guerra

Desde noviembre de 2021, los estadounidenses han amenazado constantemente con una invasión rusa de Ucrania. Sin embargo, los ucranianos al principio no parecían estar de acuerdo. ¿Por qué no?

Hay que remontarse al 24 de marzo de 2021. Ese día, Volodymyr Zelensky emitió un decreto para la recuperación de Crimea y comenzó a desplegar sus fuerzas en el sur del país. Al mismo tiempo, se llevaron a cabo varios ejercicios de la OTAN entre el Mar Negro y el Mar Báltico, acompañados de un aumento significativo de los vuelos de reconocimiento a lo largo de la frontera rusa. A continuación, Rusia llevó a cabo varios ejercicios para poner a prueba la preparación operativa de sus tropas y demostrar que seguía la evolución de la situación.

Las cosas se calmaron hasta octubre-noviembre con el fin de los ejercicios ZAPAD 21, cuyos movimientos de tropas se interpretaron como un refuerzo para una ofensiva contra Ucrania. Sin embargo, incluso las autoridades ucranianas refutaron la idea de los preparativos rusos para una guerra, y Oleksiy Reznikov, ministro ucraniano de Defensa, afirma que no ha habido ningún cambio en su frontera desde la primavera.

En violación de los Acuerdos de Minsk, Ucrania estaba llevando a cabo operaciones aéreas en Donbás utilizando drones, incluyendo al menos un ataque contra un depósito de combustible en Donetsk en octubre de 2021. La prensa estadounidense tomó nota de ello, pero no los europeos; y nadie condenó estas violaciones.

En febrero de 2022, los acontecimientos llegaron a su punto álgido. El 7 de febrero, durante su visita a Moscú, Emmanuel Macron reafirmó a Vladimir Putin su compromiso con los Acuerdos de Minsk, compromiso que repetiría tras su reunión con Volodymyr Zelensky al día siguiente. Pero el 11 de febrero, en Berlín, tras nueve horas de trabajo, la reunión de asesores políticos de los líderes del "formato Normandía" terminó sin ningún resultado concreto: los ucranianos seguían negándose a aplicar los Acuerdos de Minsk, al parecer por presión de Estados Unidos. Vladimir Putin señaló que Macron había hecho promesas vacías y que Occidente no estaba dispuesto a aplicar los acuerdos, la misma oposición a un acuerdo que había exhibido durante ocho años.

Los preparativos ucranianos en la zona de contacto continuaron. El Parlamento ruso se alarmó y el 15 de febrero pidió a Vladimir Putin que reconociera la independencia de las Repúblicas, a lo que éste se negó inicialmente.

El 17 de febrero, el presidente Joe Biden anunció que Rusia atacaría Ucrania en los próximos días. ¿Cómo lo sabía? Es un misterio. Pero desde el día 16, los bombardeos de artillería contra la población de Donbás habían aumentado drásticamente, como muestran los informes diarios de los observadores de la OSCE. Naturalmente, ni los medios de comunicación, ni la Unión Europea, ni la OTAN, ni ningún gobierno occidental reaccionó ni intervino. Más tarde se diría que se trataba de desinformación rusa. De hecho, parece que la Unión Europea y algunos países han guardado silencio deliberadamente sobre la masacre de la población de Donbás, sabiendo que esto provocaría una intervención rusa.

Al mismo tiempo, hubo informes de sabotaje en el Donbás. El 18 de enero, los combatientes del Donbás interceptaron a unos saboteadores que hablaban polaco y estaban equipados con material occidental y que pretendían crear incidentes químicos en Gorlivka. Podrían haber sido mercenarios de la CIA, dirigidos o "asesorados" por estadounidenses y compuestos por combatientes ucranianos o europeos, para llevar a cabo acciones de sabotaje en las repúblicas del Donbás.

De hecho, ya el 16 de febrero, Joe Biden sabía que los ucranianos habían comenzado a bombardear intensamente a la población civil de Donbás, lo que obligó a Vladimir Putin a tomar una difícil decisión: ayudar militarmente al Donbás y crear un problema internacional, o quedarse de brazos cruzados y ver cómo se aplastaba a la población rusófona del Donbás.

Si decidía intervenir, Putin podía invocar la obligación internacional de la "Responsabilidad de Proteger" (R2P). Pero sabía que, independientemente de su naturaleza o escala, la intervención desencadenaría una tormenta de sanciones. Por tanto, tanto si la intervención rusa se limitara al Donbás como si fuera más allá para presionar a Occidente sobre el estatus de Ucrania, el precio a pagar sería el mismo. Esto es lo que explicó en su discurso del 21 de febrero. Ese día, accedió a la petición de la Duma y reconoció la independencia de las dos repúblicas del Donbás y, al mismo tiempo, firmó con ellas tratados de amistad y asistencia.

Los bombardeos de la artillería ucraniana contra la población del Donbás continuaron y, el 23 de febrero, las dos Repúblicas pidieron ayuda militar a Rusia. El 24 de febrero, Vladimir Putin invocó el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, que prevé la asistencia militar mutua en el marco de una alianza defensiva.

Para que la intervención rusa pareciera totalmente ilegal a los ojos de la opinión pública, las potencias occidentales ocultaron deliberadamente el hecho de que la guerra comenzó realmente el 16 de febrero. El ejército ucraniano se estaba preparando para atacar el Donbás ya en 2021, como sabían muy bien algunos servicios de inteligencia rusos y europeos.

En su discurso del 24 de febrero, Vladimir Putin declaró los dos objetivos de su operación: "desmilitarizar" y "desnazificar" Ucrania. Por lo tanto, no se trataba de apoderarse de Ucrania, ni siquiera, presumiblemente, de ocuparla; y ciertamente no de destruirla.

A partir de ahí, nuestro conocimiento del curso de la operación es limitado: los rusos tienen una excelente seguridad para sus operaciones (OPSEC) y no se conocen los detalles de su planificación. Pero con bastante rapidez, el curso de la operación nos permite comprender cómo se tradujeron los objetivos estratégicos en el plano operativo.
Desmilitarización:
  • destrucción en tierra de la aviación, los sistemas de defensa aérea y los medios de reconocimiento ucranianos;
  • neutralización de las estructuras de mando e inteligencia (C3I), así como de las principales rutas logísticas en la profundidad del territorio;
  • cerco del grueso del ejército ucraniano concentrado en el sureste del país..
Desnazificación:
  • Destrucción o neutralización de los batallones de voluntarios que operan en las ciudades de Odessa, Kharkov y Mariupol, así como en diversas instalaciones del territorio..
2. Desmilitarización

La ofensiva rusa se llevó a cabo de forma muy "clásica". Inicialmente -como habían hecho los israelíes en 1967- con la destrucción sobre el terreno de la fuerza aérea en las primeras horas. Después, asistimos a una progresión simultánea a lo largo de varios ejes según el principio del "agua corriente": avanzar por todas partes donde la resistencia era débil y dejar las ciudades (muy exigentes en términos de tropas) para más tarde. En el norte, la central de Chernóbil fue ocupada inmediatamente para evitar actos de sabotaje. Por supuesto, no se muestran las imágenes de los soldados ucranianos y rusos vigilando juntos la central.

La idea de que Rusia está intentando tomar Kiev, la capital, para eliminar a Zelensky, proviene típicamente de Occidente. Pero Vladimir Putin nunca tuvo la intención de matar o derrocar a Zelensky. Por el contrario, Rusia busca mantenerlo en el poder presionándolo para que negocie, rodeando Kiev. Los rusos quieren obtener la neutralidad de Ucrania.

A muchos comentaristas occidentales les sorprendió que los rusos siguieran buscando una solución negociada mientras llevaban a cabo operaciones militares. La explicación radica en la perspectiva estratégica rusa desde la era soviética. Para Occidente, la guerra comienza cuando termina la política. Sin embargo, el enfoque ruso sigue una inspiración Clausewitziana: la guerra es la continuidad de la política y se puede pasar con fluidez de una a otra, incluso durante el combate. Esto permite crear presión sobre el adversario y empujarlo a negociar.

Desde el punto de vista operativo, la ofensiva rusa fue un ejemplo de acción y planificación militar previa: en seis días, los rusos se apoderaron de un territorio tan grande como el Reino Unido, con una velocidad de avance superior a la que había logrado la Wehrmacht en 1940.

El grueso del ejército ucraniano estaba desplegado en el sur del país para preparar una gran operación contra el Donbás. Por ello, las fuerzas rusas pudieron cercarlo desde principios de marzo en el "caldero" entre Slavyansk, Kramatorsk y Severodonetsk, con un empuje desde el este a través de Kharkov y otro desde el sur desde Crimea. Las tropas de las Repúblicas de Donetsk (DPR) y Lugansk (LPR) complementan las fuerzas rusas con un empuje desde el Este.


Comment: Y progresando mientras hablamos. La zona azul en el este de Ucrania son las fuerzas atrapadas del ejército ucraniano.
ukraine

En este momento, las fuerzas rusas están apretando lentamente la soga, pero ya no están sometidas a ninguna presión de tiempo ni a ningún calendario. Su objetivo de desmilitarización está prácticamente conseguido y las fuerzas ucranianas restantes ya no tienen una estructura de mando operativa y estratégica.

La "ralentización" que nuestros "expertos" atribuyen a la mala logística es sólo la consecuencia de haber conseguido sus objetivos. Rusia no quiere emprender una ocupación de todo el territorio ucraniano. De hecho, parece que Rusia está intentando limitar su avance a la frontera lingüística del país.

Nuestros medios de comunicación hablan de bombardeos indiscriminados contra la población civil, especialmente en Járkov, y se difunden imágenes espantosas. Sin embargo, Gonzalo Lira, un corresponsal latinoamericano que vive allí, nos presenta una ciudad tranquila los días 10 y 11 de marzo. Es cierto que es una ciudad grande y que no se ve todo, pero esto parece indicar que no estamos en la guerra total que nos sirven continuamente en nuestras pantallas de televisión. En cuanto a las Repúblicas del Donbás, han "liberado" sus propios territorios y están luchando en la ciudad de Mariupol.

3. Desnazificación

En ciudades como Kharkov, Mariupol y Odessa, la defensa ucraniana corre a cargo de las milicias paramilitares. Saben que el objetivo de la "desnazificación" se dirige principalmente a ellos. Para un atacante en una zona urbanizada, los civiles son un problema. Por eso Rusia busca crear corredores humanitarios para vaciar las ciudades de civiles y dejar sólo a las milicias, para combatirlas más fácilmente.

A la inversa, estas milicias buscan que los civiles de las ciudades no se evacuen para disuadir al ejército ruso de combatir allí. Por eso se resisten a poner en marcha estos corredores y hacen todo lo posible para que los esfuerzos rusos no tengan éxito: utilizan a la población civil como "escudos humanos". Los vídeos que muestran a los civiles que intentan salir de Mariupol y son golpeados por los combatientes del regimiento Azov son, por supuesto, cuidadosamente censurados por los medios de comunicación occidentales.

En Facebook, el grupo Azov se consideraba de la misma categoría que el Estado Islámico [ISIS] y estaba sujeto a la "política sobre individuos y organizaciones peligrosas" de la plataforma. Por lo tanto, estaba prohibido glorificar sus actividades, y los "posts" que le eran favorables eran sistemáticamente prohibidos. Pero el 24 de febrero, Facebook cambió su política y permitió las publicaciones favorables a la milicia. Con el mismo espíritu, en marzo, la plataforma autorizó, en los antiguos países del Este, los llamamientos al asesinato de soldados y dirigentes rusos. Estos son los valores que inspiran nuestros líderes.

Nuestros medios de comunicación propagan una imagen romántica de la resistencia popular del pueblo ucraniano. Es esta imagen la que llevó a la Unión Europea a financiar la distribución de armas a la población civil. En mi calidad de jefe de mantenimiento de la paz en la ONU, trabajé en la cuestión de la protección de los civiles. Comprobamos que la violencia contra los civiles se producía en contextos muy específicos. En particular, cuando las armas son abundantes y no hay estructuras de mando.

Estas estructuras de mando son la esencia de los ejércitos: su función es canalizar el uso de la fuerza hacia un objetivo. Al armar a los ciudadanos de forma aleatoria, como ocurre actualmente, la UE los convierte en combatientes, con el consiguiente efecto de convertirlos en objetivos potenciales. Además, sin mando, sin objetivos operativos, el reparto de armas conduce inevitablemente a ajustes de cuentas, al bandolerismo y a acciones más mortíferas que eficaces. La guerra se convierte en una cuestión de emociones. La fuerza se convierte en violencia. Es lo que ocurrió en Tawarga (Libia) del 11 al 13 de agosto de 2011, donde 30.000 negros africanos fueron masacrados con armas lanzadas en paracaídas (ilegalmente) por Francia. Por cierto, el Real Instituto Británico de Estudios Estratégicos (RUSI) no ve ningún valor añadido en estas entregas de armas.

Además, al entregar armas a un país en guerra, uno se expone a ser considerado un beligerante. Los ataques rusos del 13 de marzo de 2022 contra la base aérea de Mykolayev obedecen a las advertencias rusas de que los envíos de armas serían tratados como objetivos hostiles.

La UE está repitiendo la desastrosa experiencia del Tercer Reich en las últimas horas de la batalla de Berlín. La guerra debe dejarse en manos de los militares y, cuando un bando ha perdido, hay que admitirlo. Y si hay que resistir, hay que dirigirla y estructurarla. Pero estamos haciendo exactamente lo contrario: empujamos a los ciudadanos a ir a luchar y, al mismo tiempo, Facebook autoriza los llamamientos al asesinato de soldados y dirigentes rusos. Así son los valores que nos inspiran.

Algunos servicios de inteligencia ven en esta decisión irresponsable una forma de utilizar a la población ucraniana como carne de cañón para luchar contra la Rusia de Vladimir Putin. Hubiera sido mejor entablar negociaciones y obtener así garantías para la población civil que echar leña al fuego. Es fácil ser combativo con la sangre de otros.

4. El hospital de maternidad de Mariupol

Es importante entender de antemano que no es el ejército ucraniano el que defiende Mariupol, sino la milicia Azov, compuesta por mercenarios extranjeros.

En su resumen de la situación del 7 de marzo de 2022, la misión rusa de la ONU en Nueva York declaró que "los residentes informan de que las fuerzas armadas ucranianas expulsaron al personal del hospital de maternidad nº 1 de la ciudad de Mariupol y establecieron un puesto de tiro dentro de las instalaciones". El 8 de marzo, el medio de comunicación independiente ruso Lenta.ru, publicó el testimonio de civiles de Mariupol que contaron que el hospital de maternidad fue tomado por las milicias del regimiento Azov, y que expulsaron a los ocupantes civiles amenazándolos con sus armas. Confirmaron las declaraciones del embajador ruso unas horas antes.

El hospital de Mariupol ocupa una posición dominante, perfectamente adecuada para la instalación de armas antitanque y para la observación. El 9 de marzo, las fuerzas rusas atacaron el edificio. Según la CNN, 17 personas resultaron heridas, pero las imágenes no muestran ninguna víctima en el edificio y no hay pruebas de que las víctimas mencionadas estén relacionadas con este ataque. Se habla de niños, pero en realidad no hay nada. Esto no impide que los dirigentes de la UE lo consideren un crimen de guerra. Y esto permite a Zelensky pedir una zona de exclusión aérea sobre Ucrania.

En realidad, no sabemos exactamente lo que ocurrió. Pero la secuencia de los acontecimientos tiende a confirmar que las fuerzas rusas atacaron una posición del regimiento Azov y que la maternidad estaba entonces libre de civiles.

El problema es que las milicias paramilitares que defienden las ciudades son alentadas por la comunidad internacional a no respetar las reglas de la guerra. Parece que los ucranianos han reproducido el escenario de la maternidad de la ciudad de Kuwait en 1990, que fue totalmente escenificado por la firma Hill & Knowlton por 10,7 millones de dólares para convencer al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de que interviniera en Irak para la operación Escudo del Desierto/Tormenta.

Los políticos occidentales han aceptado los ataques civiles en el Donbás durante ocho años sin adoptar ninguna sanción contra el gobierno ucraniano. Hace tiempo que hemos entrado en una dinámica en la que los políticos occidentales han aceptado sacrificar el derecho internacional en aras de su objetivo de debilitar a Rusia.

Tercera parte: Conclusiones

Como exprofesional de la inteligencia, lo primero que me llama la atención es la ausencia total de los servicios de inteligencia occidentales a la hora de representar con precisión la situación durante el último año. De hecho, parece que en todo el mundo occidental los servicios de inteligencia se han visto desbordados por los políticos. El problema es que son los políticos los que deciden: el mejor servicio de inteligencia del mundo no sirve de nada si el que toma las decisiones no escucha. Esto es lo que ha ocurrido durante esta crisis.

Dicho esto, mientras unos pocos servicios de inteligencia tenían una imagen muy precisa y racional de la situación, otros tenían claramente la misma imagen que la propagada de nuestros medios de comunicación. El problema es que, por experiencia, he comprobado que son extremadamente malos a nivel analítico: doctrinarios, carecen de la independencia intelectual y política necesaria para evaluar una situación con "calidad" militar.

En segundo lugar, parece que en algunos países europeos los políticos han respondido deliberadamente de forma ideológica a la situación. Por eso esta crisis ha sido irracional desde el principio. Hay que tener en cuenta que todos los documentos que se presentaron a la opinión pública durante esta crisis fueron presentados por los políticos basándose en fuentes comerciales.


Comentario: Los servicios de inteligencia han sido sometidos a un proceso de "selección negativa", por el que la ideología pasa a ser valorada por encima de la objetividad, y los tipos patológicos, una vez que alcanzan un determinado umbral dentro de los órganos del Estado, seleccionan a otros afines para colocarlos en posiciones de poder en todo el cuerpo político. La democracia se convierte así en patocracia y comienza a autodestruirse.


Es evidente que algunos políticos occidentales querían que hubiera un conflicto. En Estados Unidos, los escenarios de ataque presentados por Anthony Blinken ante el Consejo de Seguridad de la ONU sólo fueron producto de la imaginación de un Equipo Tigre que trabajaba para él: hizo exactamente lo mismo que Donald Rumsfeld en 2002, que "pasó por alto" a la CIA y a otros servicios de inteligencia que se mostraron mucho menos firmes con respecto a las armas químicas iraquíes.

Los dramáticos acontecimientos a los que asistimos hoy tienen causas que conocíamos pero que nos negamos a ver:
  • en el plano estratégico, la expansión de la OTAN (de la que no nos hemos ocupado aquí)
  • en el plano político, la negativa occidental a aplicar los Acuerdos de Minsk
  • y en el plano operativo, los continuos y reiterados ataques a la población civil del Donbás durante los últimos años y el dramático aumento de los mismos a finales de febrero de 2022.
En otras palabras, podemos naturalmente lamentar y condenar el ataque ruso. Pero NOSOTROS (es decir: Estados Unidos, Francia y la Unión Europea a la cabeza) hemos creado las condiciones para que estalle un conflicto. Mostramos compasión por el pueblo ucraniano y los dos millones de refugiados. Eso está bien. Pero si hubiéramos tenido un mínimo de compasión por el mismo número de refugiados de las poblaciones ucranianas del Donbás masacradas por su propio gobierno y que buscaron refugio en Rusia durante ocho años, probablemente nada de esto habría ocurrido.

Si el término "genocidio" se aplica a los abusos sufridos por la población de Donbás es una cuestión abierta. El término suele reservarse para casos de mayor magnitud (Holocausto, etc.). Pero la definición dada por la Convención sobre el Genocidio es probablemente lo suficientemente amplia como para aplicarse a este caso.

Está claro que este conflicto nos ha llevado a la histeria. Las sanciones parecen haberse convertido en la herramienta preferida de nuestra política exterior. Si hubiéramos insistido en que Ucrania cumpliera los Acuerdos de Minsk, que habíamos negociado y respaldado, nada de esto habría ocurrido. La condena de Vladimir Putin es también la nuestra. No tiene sentido quejarse después: deberíamos haber actuado antes. Sin embargo, ni Emmanuel Macron (como garante y miembro del Consejo de Seguridad de la ONU), ni Olaf Scholz, ni Volodymyr Zelensky han respetado sus compromisos. Al final, la verdadera derrota es la de los que no tienen voz.

La Unión Europea fue incapaz de promover la aplicación de los acuerdos de Minsk, al contrario, no reaccionó cuando Ucrania bombardeaba a su propia población en el Donbás. Si lo hubiera hecho, Vladimir Putin no habría necesitado reaccionar. Ausente de la fase diplomática, la UE se distinguió por alimentar el conflicto. El 27 de febrero, el gobierno ucraniano aceptó entablar negociaciones con Rusia. Pero unas horas después, la Unión Europea votó un presupuesto de 450 millones de euros para suministrar armas a Ucrania, echando más leña al fuego. A partir de entonces, los ucranianos consideraron que no era necesario llegar a un acuerdo. La resistencia de las milicias de Azov en Mariupol incluso hizo que se aumentaran los 500 millones de euros para armas.

En Ucrania, con el beneplácito de los países occidentales, se ha eliminado a los partidarios de una negociación. Es el caso de Denis Kireyev, uno de los negociadores ucranianos, asesinado el 5 de marzo por el servicio secreto ucraniano (SBU) por ser demasiado favorable a Rusia y ser considerado un traidor. La misma suerte corrió Dmitry Demyanenko, antiguo jefe adjunto de la dirección principal del SBU para Kiev y su región, que fue asesinado el 10 de marzo por ser demasiado favorable a un acuerdo con Rusia: le disparó la milicia Mirotvorets ("Pacificador"). Esta milicia está asociada a la página web Mirotvorets, que elabora una lista de los "enemigos de Ucrania", con sus datos personales, direcciones y números de teléfono, para poder acosarlos o incluso eliminarlos; una práctica que está penada en muchos países, pero no en Ucrania. La ONU y algunos países europeos han exigido el cierre de este sitio, pero la Rada [Parlamento ucraniano] ha rechazado esta petición.

Al final, el precio será alto, pero es probable que Vladimir Putin logre los objetivos que se ha propuesto. Le hemos empujado a los brazos de China. Sus vínculos con Pekín se han consolidado. China se perfila como mediadora en el conflicto. Los estadounidenses tienen que pedir petróleo a Venezuela e Irán para salir del atolladero energético en el que se han metido, y Estados Unidos tiene que retroceder penosamente en las sanciones impuestas a sus enemigos.

Los ministros occidentales que pretenden hundir la economía rusa y hacer sufrir al pueblo ruso, o que incluso piden el asesinato de Putin, demuestran (¡aunque hayan invertido parcialmente la forma de sus palabras, pero no el fondo!) que nuestros dirigentes no son mejores que los que odiamos: sancionar a los atletas rusos en los Juegos Paraolímpicos o a los artistas rusos no tiene nada que ver con luchar contra Putin.

¿Qué hace que el conflicto de Ucrania sea más condenable que nuestras guerras en Irak, Afganistán o Libia? ¿Qué sanciones hemos adoptado contra quienes mintieron deliberadamente a la comunidad internacional para librar guerras injustas, injustificadas y asesinas? ¿Hemos adoptado una sola sanción contra los países, empresas o políticos que suministran armas al conflicto de Yemen, considerado el "peor desastre humanitario del mundo"?

Plantear la pregunta implica responderla... y la respuesta no es bonita.
Sobre el autor

Jacques Baud es un antiguo coronel del Estado Mayor y exmiembro de la inteligencia estratégica suiza, especialista en países del Este. Se formó en los servicios de inteligencia estadounidenses y británicos. Ha sido Jefe de Política de las Operaciones de Paz de las Naciones Unidas. Como experto de la ONU en Estado de Derecho e instituciones de seguridad, diseñó y dirigió la primera unidad de inteligencia multidimensional de la ONU en Sudán. Ha trabajado para la Unión Africana y fue durante 5 años responsable de la lucha, en la OTAN, contra la proliferación de armas pequeñas. Participó en conversaciones con los más altos cargos militares y de inteligencia rusos justo después de la caída de la URSS. Dentro de la OTAN, siguió la crisis ucraniana de 2014 y posteriormente participó en programas de ayuda a Ucrania. Es autor de varios libros sobre inteligencia, guerra y terrorismo, en particular Le Détournement publicado por SIGEST, Gouverner par les fake news, L'affaire Navalny. Su último libro es Poutine, maître du jeu? publicado por Max Milo.

Este artículo aparece por cortesía del Centre Français de Recherche sur le Renseignement, París.