Traducido en español por el equipo de sott.net (Francia) - Vivimos en una época curiosa, e inédita.
Curiosa porque vemos surgir islotes totalitarios por todas partes, en la esfera del trabajo, en los ámbitos económicos, sanitarios y políticos, en los planteamientos religiosos y espirituales, pero principalmente en todas las dimensiones colectivas, en nombre de ideales antirracistas, antimisóginos, antihomófobos, ecológicos, etc. Es insólito, porque si bien el totalitarismo antiguo había funcionado con una ideología monolítica, hoy es la multiplicación de las ideologías totalitarias en el campo social lo que al mismo tiempo sorprende y encadena al comprobar su capacidad de corrupción en el lenguaje.
El totalitarismo es un momento político que funciona mediante el terror y la persecución, tiene por objetivo la "dominación total"; se inmiscuye en la totalidad de las esferas sociales, privadas e íntimas, incluso en la psique de los individuos, en sus creencias y en su facultad de razonamiento. Se trata, en primer lugar, de un fenómeno psíquico colectivo responsable de un delirio paranoico (una "locura del razonamiento") que se dispara mediante un contagio delirante. Se detecta, entre otros síntomas, por una corrupción del lenguaje que engulle el pensamiento y lo arrastra a una creencia delirante compartida, sin preocuparse por la búsqueda de la verdad, ni de la relación con la experiencia.
Todos los islotes totalitarios crean su "neolengua", por ejemplo en aquellas empresas que funcionan mediante el terror, el acoso y la persecución de sus empleados. Todo totalitarismo se nutre de la conquista de la "pretensión ideológica" (Hannah Arendt) y de la "rectificación del pensamiento" (Mao). Para superar estos hitos ideológicos alejándose cada vez más de la búsqueda de la verdad y el conocimiento, y para perseguir a los opositores, es necesaria la instrumentalización del lenguaje.
Cada lengua es un patrimonio. La ideología totalitaria, fiel a su mismo pretexto de destrucción de lo viejo y reinscripción de la historia para producir el "hombre nuevo" desarraigado, se está imponiendo. Atacar el lenguaje tiene la ambición y el efecto tanto de destruir este arraigo en un patrimonio como el de desestabilizar a los individuos proponiéndoles un nuevo campo de representaciones afín con la nueva realidad delirante propuesta por el totalitarismo.
La neolenguaHoy en día existen innumerables islotes totalitarios basados en la designación de un enemigo visible o invisible. La lógica es comunitaria: nos reunimos como comunidad para luchar contra el enemigo invisible. El ataque al lenguaje tiene dos metas, una consiste en impedir dar sentido a la realidad que percibimos, y la segunda impedir nuestra inscripción en nuestras raíces culturales. El lenguaje se define como el conjunto de signos vocales o gráficos que ordenan las ideas y pensamientos, además de establecer "entre nuestras ideas las mismas distinciones claras y precisas, la misma discontinuidad que entre los objetos materiales".
Los grandes teóricos han estudiado este fenómeno desde la antigüedad: los lenguajes no producen las mismas obras en los mismos ámbitos porque no ofrecen las mismas herramientas de creación. La propia estructura de la lengua, así como su vocabulario y sintaxis, condicionan bastante la posibilidad de pensar en un campo determinado. Los traductores son muy conscientes de ello cuando a veces se esfuerzan por transcribir nociones, conceptos, juegos de palabras y efectos estilísticos.
El trabajo de corrupción (del latín "rumpere", romper) del lenguaje por parte de la ideología me parece operar en dos etapas. En primer lugar, un proceso perverso de deconstrucción del lenguaje: ataque a la sintaxis y al vocabulario, producción de paradojas, relajación del razonamiento, prohibición de ciertas palabras. Luego le sigue un proceso de reconstrucción delirante del lenguaje sobre el vacío creado por el proceso perverso, el sinsentido. Es una conquista agresiva y activa, se apodera de la lengua a través de neologismos, nuevas reglas gramaticales, nuevos significados endilgados a las palabras. Una vez más, como en todo totalitarismo, la perversión se combina con la paranoia para matar al lenguaje y producir uno nuevo, el de la ideología delirante.
La deconstrucción del lenguajeEmpecemos por la deconstrucción del lenguaje que pretende crear confusión mental vaciando el lenguaje de su significado. Comenzó hace décadas, al menos en Francia, bajo el impulso de decisiones políticas. De lo que se trataba era ni más ni menos que de la producción de analfabetos, y los profesores han dado testimonio de la tragedia en curso. Debemos comprender que es a través de la riqueza y la diversidad de una lengua como se construye el pensamiento, así como una relación pacífica necesaria para una vida social y política armoniosa. Pero, ¿es éste el interés de los apasionados por el poder?
Antes de manipular el léxico, la primera operación consiste en purgar la lengua empobreciéndola de sus palabras. Ya reconocemos ahí la ideología actual (apoyada por la academia francesa) según la cual "simplificar la lengua significa comunicar mejor". Nada más absurdo y peligroso porque es precisamente la complejidad del lenguaje la que dará acceso a un pensamiento matizado y complejo, capaz de restituir la riqueza de la realidad. Un lenguaje rico y denso nos sumerge en un patrimonio nutritivo, el acceso a un lenguaje complejo nos humaniza aún más permitiendo la transcripción de toda una gama sutil de emociones. Un lenguaje simplificado es un paso atrás en el refinamiento que hace que las relaciones humanas sean más civilizadas, menos brutales y menos violentas. Obsérvese, por ejemplo, la supresión de los acentos circunflejos, a pesar de que son la prueba de la presencia de la "s" en el francés antiguo, un conocimiento que permite encontrar una familia de palabras, pero también navegar mejor entre diferentes lenguas. La palabra "ile" (isla) indica que había una "s", que se encuentra en la palabra española
isla. "Coût" (coste) se encuentra en español en la palabra
costoso.
La reducción del vocabularioEn primer lugar, se trata de desterrar ciertas palabras del vocabulario, palabras consideradas anticuadas, demasiado complicadas o vilipendiadas. Esta supresión no es necesariamente reivindicada, aunque pueda perseguir ciertos objetivos políticos inconfesables. Por ejemplo, la "lucha de clases" ha desaparecido por completo del vocabulario político. Alguien "resistente" se ha convertido en un "disidente". Un "explotado" se ha convertido en un "desfavorecido", un "diálogo social entre interlocutores sociales" oculta la asimetría existente entre el patrón y los asalariados, y por lo tanto la realidad de la relación de fuerzas existente (me remito en este punto al trabajo muy completo y convincente de Franck Lepage). La depuración de los diccionarios conduce a un empobrecimiento radical del sentido común, y a una imposibilidad de comunicación entre las personas. Cuanto menos sepamos comunicarnos con palabras, más volverá la violencia en los actos.
La alteración del sentido de las palabrasEl fenómeno totalitario altera el significado de las palabras, ya sea por atenuación o por cambio de significado. Quizá el eufemismo más conocido sea el de "la solución final" para designar el exterminio masivo. Se trata de volver aceptable una realidad moralmente condenable o desagradable atenuando la realidad de las situaciones. Por ejemplo, nombrar tal y como se hace incesantemente desde hace meses la palabra "confinamiento", un confinamiento en el propio domicilio, por barrio o región geográfica, sin posibilidad de desplazamiento de un barrio a otro o de una región a otra sin autorización especial, evita el término "guetización". De ahí que los eufemismos son una forma cínica de mentiras. De hecho, "confinamiento" es más tranquilizador que "secuestro". O hablar de "ataques quirúrgicos" refiriéndose a los bombardeos responsables de sufrimientos, heridos y muertos convertidos en operaciones de saneamiento en vez de actos bélicos. Los empleados que se oponen a una política de supresión de sus derechos serán calificados de "resistentes al cambio". La abolición de los derechos laborales se considera un "cambio". Un "plan social" o "plan de protección del empleo" suele ser un plan de despido disfrazado, y no es social porque no protege los puestos de trabajo. El deslizamiento semántico sustituye una expresión por otra para vaciarla de su carga emocional y de su significado, o para reforzar su poder expresivo; y, en cualquier caso, para falsear la emoción y el significado: por ejemplo referirse a "daños colaterales" en lugar de "víctimas civiles".
Las amalgamasLa manipulación del vocabulario es un deslizamiento con la pretensión de crear confusión mental; en particular, el discurso perverso y paranoico manipula las amalgamas. La palabra amalgama viene del árabe amal al-gamā: fusión, unión carnal. En química designa la aleación líquida, pastosa o sólida formada por el mercurio. En alquimia, se refiere a la combinación de mercurio y metales. En la impresión, se refiere a la impresión simultánea de diferentes trabajos de impresión en la misma hoja. En semántica, es una mezcla de ideas, una mezcla de ideas heterogéneas o incluso contrarias, hasta formar una fusión abusiva de ideas, como judío/sionista, o musulmán/terrorista, o islamo-izquierdista, o el famoso Hitler-Trotskista de Stalin.
Con el pretexto de "luchar contra la discriminación", las neolenguas del día empujan a mayor confusión, es decir, a la imposibilidad de hacer buen uso de la discriminación, lo cual según la etimología y el significado correcto de la palabra se refiere a la acción de ordenar y separar adecuadamente las ideas para nombrar correctamente lo real.
Las paradojasLas paradojas están omnipresentes en esta etapa de deconstrucción del lenguaje, por ejemplo en forma de oxímoron. He denunciado repetidamente el sinsentido de la expresión "salud sexual", por ejemplo. La salud se refiere al conjunto del cuerpo humano en equilibrio y armonía, luego no puede reducirse a una parte de este conjunto. ¿La salud sexual estaría separada del resto? Los "derechos sexuales" son la negación del Derecho, porque el cometido del Derecho es el de proteger a los individuos, les ayuda a contener los impulsos, no a fomentarlos. Lo mismo para la "educación sexual", la educación está ahí para emerger del estado de impulso primario ("hago lo que quiero cuando me apetece"), y no para despertar un impulso. Y estas paradojas tienen consecuencias muy graves y peligrosas en los actos humanos derivando de ellas. Porque, por ejemplo, con la "educación sexual", ya no se trata de luchar contra los cuerpos, sino de ayudarles a soportar lo indecible, la explotación de los cuerpos de hombres y mujeres, acostumbrándoles a la pornografía (ya que tienen acceso a la pornografía, ¿
por qué no mostrársela de forma supervisada? dicen a menudo los ideólogos de los "derechos sexuales").
Se utilizan regularmente expresiones paradójicas y sin sentido: el "portador sano", el "paciente asintomático". Como señalaba Klemperer a propósito del lenguaje del Tercer Reich, asistimos a un agotamiento de las palabras, con una comunicación asimétrica basada en la amplificación, del líder a las masas, sin que ninguna de las afirmaciones esté sujeta a contradicción. En un discurso pronunciado el 2 de mayo de 2020, el ministro francés Olivier Véran se refirió a las "brigadas sanitarias" como "brigadas de ángeles de la guarda", ya que entrarían en contacto con personas enfermas o potencialmente enfermas para garantizar su protección y facilitar el acceso a un sistema de información adecuado, indispensable para el éxito del "increíble desafío que nos espera". La paradoja está en la propuesta: una brigada es un término militar, difícilmente compatible con la paz divina de los ángeles de la guarda... Y esta brigada tenía una función muy intrusiva: fichar a la población y cartografiar los territorios.
La deconstrucción de la sintaxisCada islote totalitario impone su ideología a través de un lenguaje que se ha vuelto militante, ataca la sintaxis para impedir el razonamiento. Las expresiones utilizadas demuestran también, por parte de estos nuevos ideólogos, una confusión entre la letra y el espíritu. Es una relación de omnipotencia sobre el lenguaje lo que se está erigiendo, y una confiscación de lo universal por intereses privados de toma de poder. Tomemos el ejemplo de la escritura "inclusiva", la cual pretende ser "no sexista" y "sin género" para "evitar la discriminación". Esta ideología afirma que las mujeres son perseguidas a través del femenino gramatical de la lengua y, en particular, a través de la regla de que cuando se trata de palabras femeninas y masculinas, la concordancia es en el masculino. En primer lugar, se trata de ignorar la historia de la lengua ya que el masculino francés ha englobado la función neutra que existía en latín, y que por supuesto engloba el plural femenino. Intentemos analizar por un momento esta concordancia de proximidad propugnada por la escritura "inclusiva": la concordancia de las palabras según la ley de la proximidad se introduce supuestamente para evitar cualquier discriminación. En contra de la convención gramatical en la que prevalece el género masculino (que hace las veces del neutro latino), según la nueva norma inclusiva, el adjetivo o sustantivo concuerda en género con la palabra más cercana de la frase: "Los estudiantes masculinos y femeninos son hermosos". El género masculino o femenino en la lengua se toma literalmente, ¡el masculino designa al hombre, mientras que el femenino designa a la mujer! Esta ausencia total de procesos psíquicos secundarios en estas ideologías es edificante: al igual que el humor no es posible, la reducción estricta del género (gramatical) a hombre o mujer es exactamente lo que estos ideólogos pretenden denunciar (¡no quedar reducido al "género" al que uno pertenece, poder reivindicar la propia "identidad de género")! Cuando en realidad son los primeros promotores... ¡Ahora, el masculino sólo designa al hombre, al que "tiene cojones". El resultado es, por tanto, lo contrario de lo que se pretendía...
En definitiva, debido al estrecho acuerdo de los ideólogos sobre la escritura "inclusiva", es bastante seguro que "¡los dos sexos acabarán cada uno por su lado! De hecho, de eso se trata: eliminar a los hombres y a las mujeres del lenguaje y sustituirlos por los términos "miembros" o, por ejemplo, "cuerpo docente". La ideología, por mucho que lo niegue, deshumaniza la lengua y borra siglos de ese lenguaje histórico que nos une a nuestros antepasados. ¿Será necesario cambiar la tercera persona del plural del alemán que utiliza la forma femenina sie [3]? ¿O la persecución sólo afecta a los hombres a través del lenguaje?
La deconstrucción de la sintaxis se convierte en una especie de acto moral de reparación de agravios, de la manera más arbitraria, efecto de un odio al lenguaje, y, sin duda, de un odio a sí mismo acompañado de un espíritu de venganza resultando de una herida no tratada, mal curada, e imputada a los demás. La lógica es separativa: ¡cueste lo que cueste, procuremos que el femenino no siga envuelto por el masculino en el plural! ¿Es que estas mujeres que confunden el género masculino con el masculino no han tenido nunca una relación amorosa feliz con un hombre, lo cual explicaría su negación rotunda a dejarse envolver por lo masculino? ¿Por qué perseguir el género masculino en la lengua cuando las tres palabras del plural en las que prevalece el femenino en francés son sin duda las más magníficas, por encima de todo el resto del vocabulario vulgar: "délices" (delicias), "amours" (amores) y "orgues" (órgano "de música")?
Obsérvese que esta imposibilidad de distinguir entre el espíritu y la letra, con la palabra tomada "al pie de la letra", irrumpe en la nueva ideología de
Black Lives Matter, la cual reduce el adjetivo negro, y toda la gama de significados alternativos (hasta el "humor negro", la atrabiliaria o la melancolía, que no es negra en el sentido literal) al color de la piel, ¡para luego traducirse en intenciones esclavistas! El racismo ya no es el resultado de una relación de odio con el mundo: se atribuye a palabras aisladas. ¿Será necesario renombrar '
El rojo y el negro' de Stendhal?
Estas mismas ideologías no dudan una vez más en confundir el pensamiento y los hechos agrediendo físicamente a las personas (por ejemplo, pidiendo la cabeza de un profesor por no haber empleado las palabras adecuadas de acuerdo a dicha ideología, o por haber pronunciado palabras ofensivas para los ideólogos). Hoy en día, hemos retrocedido en una era totalitaria donde nos parece legítimo perseguir y matar por las palabras.
El desastre se consuma cuando por estar a la moda y complacer a los
lobbies, las editoriales se someten a la reescritura de los libros de textos destinados a la escuela primaria. ¡Y éste es sólo el primer paso! Porque no cabe duda de que el siguiente paso será la prohibición de la difusión del pensamiento hegeliano, el cual en su época utilizó la palabra "negro", o el de Aristóteles, considerado misógino, pero también remodelar toda la literatura balzaciana en una escritura inclusiva -lo que dificultará definitivamente el acceso a unas obras que ya se ha complicado bastante por el empobrecimiento del lenguaje-.
La deconstrucción del lenguaje rompe cualquier posibilidad de orientarse en su patrimonio histórico y hace ilegible el lenguaje. Todos cuestionan la lengua de forma comunitaria y la toman como rehén. Sin embargo, lo que construye el lenguaje es la herencia de nuestro patrimonio, es lo que da sentido y nos une a nuestros antepasados, ese valor histórico creador de un contrato moral, social y espiritual entre las épocas.
La reconstrucción delirante de la lengua
Los neologismosLa delirante reconstrucción comienza con la introducción de neologismos: islamoizquierdismo, conspiración, identidad de género... En cuanto a los nuevos léxicos, podemos citar un glosario LGBT
sobre la diversidad sexual y de género en lugares de trabajo reuniendo nada menos que 130 nuevos términos obligatorios en los medios laborales [4]. Cuando sabemos que hoy en día algunos individuos manejan un vocabulario reducido, que sólo tienen acceso a unas 400 palabras en la lengua francesa, el movimiento LGBT propone más de una cuarta parte en palabras nuevas. Con la "neolengua covid", en la que he encontrado no menos de 60 palabras y nuevas expresiones añadiéndose al lenguaje común, la persona verá la mitad de su vocabulario disponible colonizado por neologismos. ¿Cómo ignorar las realidades ideológicas que esto crea y se impone ante nuestra representación de la realidad y a nuestra capacidad de nombrarla? El papel de estos neologismos consiste en imponer una nueva realidad que no corresponde ni a la herencia compartida, ni a la realidad de la experiencia: se trata de imponer una visión del mundo por una modificación forzosa de nuestros pensamientos. El neologismo suele ser una palabra "comodín", en la que podremos insertar el objeto de la persecución para designar al enemigo potencial.
Las sustituciones de palabrasEn el islote totalitario, las palabras son sustituidas, por ejemplo, por anglicismos. Los cursos pedagógicos del IUFM (Institutos universitarios de la formación de profesores) en las décadas anteriores han contribuido en gran medida a esta sustitución de palabras. La pelota se ha convertido en el "marco de referencia del rebote", el lápiz en el "instrumento de escritura", pero sobre todo los alumnos se han convertido en "aprendices" y los profesores en "maestros de escuela". Para cambiar la profesión, y enterrar definitivamente la educación pública, era necesario también cambiar los nombres. De hecho, basta con introducir palabras connotativas para dirigir el pensamiento. Una revuelta puede ser descrita como "resistencia" o "terrorismo", y esto no dirige el discurso hacia las mismas ambiciones.
Es más, hoy en día, lo que no es realmente "útil" desde el punto de vista de la producción capitalista se llama "no esencial". Pero lo útil es diferente de lo esencial: lo útil es una herramienta al servicio de la producción técnica y/o económica. No tiene nada que ver con lo esencial ya que se refiere a nuestra esencia como seres humanos. En este sentido, el arte y la cultura son absolutamente esenciales para nuestra humanidad.
Las metáforas técnicas y mecánicasLa lengua reconstruida por la ideología se empacha de metáforas técnicas. Como ya señaló Klemperer, se trata de acoplar lo orgánico y la dimensión mecánica en el lenguaje. Dentro del lenguaje cotidiano observamos hasta qué punto los términos técnicos van invadiendo términos no técnicos, fruto de la mecanización de lo vivo. Estas terminologías contaminan toda nuestra psique, como por ejemplo en la digitalización del pensamiento. ¿Por qué, por ejemplo, decir "presencial" o "distancial", cuando bastaría con decir "en presencia" y "a distancia"? Al igual que mecanizamos a los seres humanos, personificamos lo que no lo es. Por lo que el
tour de force consiste en deshumanizar al ser humano y en humanizar lo que no lo es (ya había señalado este hecho en la relación de los nazis con los animales en
Psicopatología de la Paranoia). Numerosos ejemplos lo han confirmado durante el año pasado con la personificación de un virus que "circula rápidamente, y que es cada vez más rápido", un "enemigo invisible, escurridizo, que progresa", hay que "rodearlo", y hay que declararle la guerra (discursos de Macron del 16 de marzo de 2020 y del 31 de marzo de 2021).
Reconstruir la lengua y reconstruir la HistoriaLa pretensión de reconstruir la lengua no sólo abarca el futuro, con estos ideólogos comunitaristas, sino que pretende dedicarse a un revisionismo de los libros del pasado, revelando aún más sus intenciones totalitarias. Queda absolutamente claro que las ideologías identitarias actuales reivindican una identidad basada en la exclusión del otro, y su persecución, "por su bien" o en nombre de altos ideales invocados, con una política de "borrón y cuenta nueva" alentada por los nuevos demagogos ("debemos deconstruir nuestra propia Historia", dijo Macron en abril de 2021).
En conclusión, desconfiemos de las personas guerreando con el lenguaje, tanto si se trata de una guerra abiertamente declarada (escritura inclusiva, etc.), o de aquella otra guerra más sutil bajo el pretexto de modificar gradualmente la sintaxis y la semántica. Las palabras no son herramientas intercambiables; nos inscriben en el orden de la transmisión. Reescribir el lenguaje y reescribir la historia son procesos totalitarios. Llamémoslo por su nombre: proselitismo religioso. La lengua es experimentada como entidad perseguidora por los fanáticos de este proselitismo; se trata, pues, de un delirio de persecución orquestado mediante una ideología victimista que pretende justificar la validez de este ataque a la lengua en nombre de otra ideología en testimonio de su odio a la realidad. Lo arbitrario promueve nuevas leyes imponiendo nuevos significados. Lejos de ser un movimiento progresista, se trata de un movimiento psíquico muy regresivo y destructivo, no tolera la contradicción, la amenaza, la calumnia y persigue a los que se niegan a participar del adoctrinamiento sectario. Nos peleamos y nos matamos
por las palabras.La corrupción del propio lenguaje se convierte en un síntoma del proceso totalitario. El "hombre nuevo" es el del nuevo lenguaje, y la persecución se extiende hasta en los diccionarios, imponiendo un revisionismo del pensamiento basado en el revisionismo del lenguaje. Numerosos ejemplos en universos heterogéneos demuestran hasta qué punto el actual proceso totalitario que pretende hacer borrón y cuenta nueva permea los diferentes tipos de lógicas comunitarias y políticas que atacan y erosionan el vínculo social, además de provocar más divisiones entre ciudadanos, escisiones seguidas de actos violentos (insultos, calumnias, agresiones, asesinatos) entre clanes que ya no pueden compartir un lenguaje patrimonial común. Estos métodos de control de la lengua en función de los intereses privados deberían empujarnos a activar la alarma, ya que son la señal y la evidencia de una civilización en pleno derrumbe moral.
El objetivo de la manipulación totalitaria del lenguaje es la lógica sacrificial de la designación del enemigo: el judío, el musulmán, el cristiano, el hombre, la mujer, el vacunado, el no vacunado, el heterosexual, el homosexual... "Nada se obtiene si no se sacrifica algo". Vaya propuesta más extraña... permeando tantas mentes. Pero, ¿sería razonable consentirlo?
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