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© UnknownBalanza de la justicia • Candidata presidencial francesa Marine Le Pen
En 2005, franceses y neerlandeses rechazaron en referéndum el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa. Pero en 2007, las asambleas parlamentarias francesa y holandesa adoptaron el mismo texto, apenas modificado, bajo el nombre de Tratado de Lisboa.
Por primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial, las clases dirigentes francesa y neerlandesa mostraron su desprecio soberano por sus pueblos.Diecinueve años después, ha llovido mucho pero las prácticas se han endurecido, sobre todo durante la epidemia de Covid-19 en 2020.
Las clases dirigentes desarrollaron un discurso que no guardaba ninguna relación con la realidad, presentando esta enfermedad como devastadora, al mismo nivel que la Gran Peste; imponiendo un único medicamento con ARNm, presentándolo falsamente como una vacuna; y decretando finalmente, con el apoyo político de la profesión médica, el confinamiento obligatorio de las personas sanas.
En 2022, todos los Estados miembros de la Unión Europea, incluida Francia por supuesto,
prohibieron el canal de televisión ruso RT, tanto en antena como a través de Internet,
tres días después del inicio de la operación militar rusa contra los "nacionalistas integrales" ucranianos;
decisión que viola el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales. Luego, en Francia, llega la prohibición del
canal C8, culpable de no decir lo mismo que los demás.
Hoy, tres jueces franceses han decidido prohibir la candidatura de la favorita a las elecciones presidenciales [Marine Le Pen]. Es cierto que su sindicato de magistrados les había pedido que "bloquearan a la extrema derecha". Es cierto que el Consejo Constitucional había validado en primera instancia el principio de
prohibición provisional de los derechos civiles, desafiando una vez más el Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y las Libertades Fundamentales. Es cierto que
los actos por los que se juzgaba a Le Pen fueron cometidos de forma idéntica por todos los partidos políticos de la época, sin excepción. Pero lo cierto es que, al tiempo que afirmaban impartir justicia "en nombre del pueblo francés", estos jueces mostraban su soberano desprecio por el voto de los franceses.
Sintiendo que la soga les aprieta el cuello, los dirigentes franceses protestan contra el peligro que les amenaza a todos, pero no hacen nada.
En el extranjero, el Kremlin denuncia una "violación de las normas democráticas", mientras que el Primer Ministro húngaro, Viktor Orbán, publica en su red social:
"Je suis Marine!". El viceprimer ministro italiano Matteo Salvini postea:
"No nos dejemos intimidar, no nos detengamos: ¡a toda velocidad, amiga mía!". El jefe del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) de EE.UU., Elon Musk, deplora un
"abuso del sistema judicial", Donald Trump declara que es:
"un asunto muy gordo. Recuerda mucho a nuestro país".
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